Arturo González Campos es guionista, es humorista, es locutor, es escritor, es monologuista… y es un gran conversador y sabe dónde desayunan las mejores porras de Madrid. Y sabe muchas cosas de cine (y de más cosas). Por eso su nuevo libro es ‘ … Cine con más cosas’ y, aún así, no están todas. Esa es la razón de que aquí, de lo que hablemos con él, sea de pecados.
—Le perdono un pecado.
—Primero tendríamos que matizar qué es un pecado, ¿no?
«Quitando una vez que robé un libro, que no he matado a nadie y creo que he honrado a mi madre ya mi padre lo suficiente, me parece que soy bastante buena persona»
—Proceda.
—Si nos vamos a un lugar tradicional, tendríamos que retrotraernos hasta los diez mandamientos, antes que a los siete pecados capitales. Y quitando una vez que robé un libro, que no he matado a nadie y creo que he honrado a mi madre ya mi padre lo suficiente, me parece que soy bastante buena persona.
—¿Eso no sería soberbia?
—Sería hacer justo lo que no debería hacer. Pero es que comparado con amigos míos que son buenisísimas personas, soy una mierda. Pero comparado con lo que salen en los periódicos, soy un ciudadano ejemplar.
—Estamos, entonces, de acuerdo con Wenceslao Fernández Flores…
—Efectivamente. Hablamos de intensidades. Si a las grandes pasiones del ser humano les subes la intensidad, son pecados capitales. Dentro de lo razonable, son diversiones.
«Tener un poquito de todo es sano y es humano. Siempre cometidos en grado lógico»
—Y eso está muy bien…
—Claro. Tener un poquito de todo es sano y es humano. Siempre cometidos en grado lógico.
—Incluso todos nos hemos pasado de frenada con alguno en algún momento.
—Y nos hemos arrepentido, nos hemos disculpado y nos hemos reconducido. El ser humano se equivoca, es su esencia.
—Entonces, como hoja de ruta vital para identificar errores a evitar, te parece ajustada. ¿O tal vez la revisarías y actualizarías?
—Está muy bien pensada. No creo que tengamos ahora nuevos pecados, creo que son los viejos pecados de siempre adaptados a los nuevos tiempos.
«Creo que la soberbia es el gran pecado de nuestro tiempo y ha ganado presencia»
—¿Algún ejemplo?
—La soberbia, por ejemplo. Yo creo que es el gran pecado de nuestro tiempo y ha ganado presencia, porque tenemos esa cosa de creernos todos importantes y que nuestras opiniones son imprescindibles. Porque nos han regalado portadas, o tenemos redes y nos sigue mucha gente, y ahora lo llamamos ego pero se parece bastante a la vieja soberbia de siempre. La lujuria, lo mismo. Afortunadamente se han ampliado los límites de lo aceptable en cuanto a la lujuria teniendo en cuenta de dónde veníamos, pero en grado excesivo ya no es que sea pecado, es que es delictivo según la ley de los hombres. Más que discutir si hay nuevos pecados creo que habría que discutir el concepto del pecado.
—O sea, que usted habría empezado discutiendo.
—Yo siempre empiezo discutiendo. Soy muy discutidor. Y esa es la prueba de que me haya costado mucho tener amigos, porque llevo toda la vida discutiendo. Y hay gente a la que no le interesa que le discutan y le muevan el piso. Así que soy una persona incómoda.
«Adán ya era adanista. probablemente sería ese su pecado»
—Discutir no está de moda. Al menos no en su segunda acepción: Dicho de dos o más personas, examinar atenta y particularmente una materia. ¿Deberíamos recuperarla?
—Yo creo que nunca ha estado de moda. Discutir siempre ha sido agrio, solo que ahora creemos que solo nos pasa a nosotros y en este momento por vez primera.
—¿Sería el adanismo nuestro gran pecado como sociedad?
—Desde Sócrates ya somos adanistas. El ser humano no tiene tendencia a aprender. Adán ya era adanista. Probablemente sería ese su pecado.
