‘La asistente’
Director: Pablo Feig
Reparto: Sydney Sweeney, Amanda Seyfried, Brandon Sklenar, Michelle Morrone, Indiana Elle, Elizabeth Perkins, Ellen Tamaki, Megan Ferguson y Alexandra Seal
Estreno: 01/01/26
Puntuación: * * *
‘La asistente’ invita a usar unos cuantos adjetivos que han ido cayendo de las críticas y los comentarios sobre películas: entretenida, divertida, chiflada y desvergonzada. Y si han ido cayendo es porque este tipo de película, pensada para un disfrute sin prejuicios, no abunda en el cine actual. ‘La asistente’ es la adaptación de la novela que más ha visto en el metro, en la playa, en los aeropuertos, en Instagram, en las salas de espera estos últimos años (en España se publicó en octubre de 2023). El libro de la portada azul con las letras amarillas y un ojo mirando por una cerradura, el ‘best seller’ (e inicio de saga) de la estadounidense Freida McFadden. Un ‘thriller’ juguetón y adictivo, lleno de volantazos y decisiones imprevisibles, que Paul Feig ha sabido trasladar al cine con una mezcla equilibradísima de elegancia y guasa.
Sin ironía
El director de ‘La boda de mi mejor amiga’ (2011) concibe ‘La asistententa’ desde el respeto al material de base, sin ironía, sin creerse mejor que él, pero apuntalando con decisión y sumo cachondeo sus excesos. La llegada de Millie (Sidney Sweeney) a la mansión de los Winchester (Amanda Seyfried y Brandon Sklenar) para trabajar como asistente doméstica es el punto de partida de una película que revive el ‘psycho thriller’ de los 90, sobre todo el que implicaba invasión doméstica e incluso con derivaciones al ‘thriller’ erótico.
Entregadas a los excesos
‘La asistente’ se mira con picardía en películas como ‘La mano que mece la cuna’ (1992), ‘Mujer blanca soltera busca…’ (1992), ‘Hiedra venenosa’ (1992) o ‘Pasión obsesiva’ (1996). Hay en ella elegancia en la dirección, tensión sostenida, mucho sentido del humor, alguna fuga al terror y dos actrices (Sidney Sweeney y Amanda Seyfried, estupendas) entregadas sin condiciones a los excesos de sus personajes y las locuras del relato.
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