La línea “directoria” resucita en los modelos de invierno y parece que será acogida con verdadero favor por las parisienses. Varias grandes costureras predicen la tendencia hacia el talle un poco más alto. Las telas para la nueva estación son ricas y de colores animados. Los escocés ocupan un lugar muy importante en las colecciones para el invierno, algunas veces empleado solo, pero más generalmente combinado con telas unidas. El kasha que se lleva ahora más que nunca y que a la flexibilidad añade una gran solidez, presenta una enorme variedad en colores y combinaciones. Las otomanas de lana, de seda, o mezcladas gozan de gran favor para los vestidos de calle.
Los sombreros de forma también “directorio” que están reemplazando la forma “cloché”, arrastrarán probablemente hacia ese estilo la modificación del conjunto.
Otra característica de la moda actual concierne las dimensiones de los sombreros: éstas se han reducido al extremo, y si las copas tienden a aumentar en altura, los bordes persisten en disminuirse hasta volverse inexistentes. Se atribuye frecuentemente la boga del sombrero pequeño a la costumbre definitivamente establecida de bailar por las tardes. Pero quizás debe verse simplemente en esta moda, la continuación lógica del gusto actual por la silueta delgada, contribuyendo mejor que ningún otro, el sombrero pequeño a dar al conjunto ese aire un poco “garzoniér” que tanto gusta.
Los sombreros grandes, como las enormes capelinas que se llevaron tanto durante el verano, ya no se ven sino en escasísimo número, entre una multitud de sombreros pequeñísimos.
Dos tipos de adornos son los más usados; en primer término los “aigrettes” de plumas y en seguida las cintas, sobre todo las de terciopelo. Después vienen las pieles; la gran Casa Georgette mezcla mucho el fieltro con la piel, la pluma de avestruz y también algunos adornos en metal. Para las formas que se emplean, la pana, el terciopelo en todos sus estilos, el raso, el gró de bordón grueso y el fieltro. Los sombreros negros son innumerables en comparación con los de color. Sin embargo, se nota el esfuerzo de las casas de modas para darle a los colores vivos, algo de su boga de la época pasada, particularmente a los tonos naranja y “llama”; un poco el gris y el lila. Se combinan, por ejemplo, dos tonos en color amarillo, con terciopelo negro o tres tonos en rojo; también con negro.
Dos influencias se manifiestan en cuanto a la forma; las de los periodos de Imperio y Directorio, a las cuales se les puede atribuir igualmente la tendencia marcada hacia las copas muy altas, tanto en las grandes casas de costura, como en las de sombreros, son las modas masculinas las que atraen la atención de los creadores para inspirarse en ellas.
Algunos modistas me han comunicado sus impresiones sobre la cuestión de los cabellos cortos: “Varias de nuestras clientas, me han dicho, habían dejado recientemente crecer sus cabellos lo suficiente para poderlos reunir en un microscópico bucle o moño sostenido por un alfiler de diamantes. Pero cuando se convencieron de que tenían que aceptar una copa más grande en los sombreros que deseaban que se les hicieran, sin vacilación renunciaron a su nuevo peinado y se cortaron el cabello como antes”. Esto comprueba la demostración hecha antes, de que mientras más pequeña sea la cabeza, mejor se adapta a nuestro ideal moderno en materia de siluetas, ideal que nos acerca a las antiguas estatuitas de Tanagra, si se hace referencia a las líneas, bien entendido.
Marcy Ducray
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