La expresión ‘andarse con paños calientes’ se usa cuando alguien trata un asunto con demasiadas suavidades, rodeos o medias tintas, en lugar de afrontarlo de forma directa y clara, y se aplica tanto a conversaciones cotidianas como a discursos políticos, decisiones empresariales o noticias en los medios, donde se percibe que se evita llamar a las cosas por su nombre y se opta por un lenguaje que maquilla el problema más que resolverlo.
Su origen lo encontramos en un tratamiento casero que durante siglos se usó como remedio medicinal y se trataba de aplicar paños de agua caliente sobre la piel para aliviar dolores, inflamaciones o molestias, de modo que calmaban momentáneamente pero no curaban la enfermedad de fondo. De esa idea del apaño que consuela pero no arregla nada surgió el sentido figurado de los ‘paños calientes’ como medidas blandas, paliativos o palabras tranquilizadoras que atenúan el rigor pero no cambian la realidad.
Con el tiempo, se crearon expresiones como ‘no andarse con paños calientes’ oh ‘decir algo sin paños calientes’presenta hoy en el habla coloquial, que se utilizan para indicar justamente lo contrario, hablar sin eufemismos, tomar decisiones firmes y renunciar a esos paños que solo disimulan la herida.
