A través de mi perfil @curiosisimo_ en Instagram, me preguntan sobre el origen del término ‘laberinto’.
Conocemos como ‘laberinto’ al lugar formado por calles y encrucijadas (normalmente dentro de un parque o jardín), hecho para confundir a quien se adentre en él, de modo que no pueda acertar con la salida.
El origen de la palabra llegó al español desde el latín laberintoque a su vez procedía del griego laberintos (λαβύρινθος), el cual hacía referencia al mitológico famoso laberinto cretense donde, según el mito, el rey Minos encerró al Minotauro y del que solo pudo salir Teseo gracias al hilo de Ariadna.
Pero la etimología del vocabulario griego es algo discutida, encontrándonos con algunas hipótesis sobre su origen. Por un lado tenemos a quienes defienden que proviene del término labrysel cual podría hacer referencia a la ‘doble hacha’ oh ‘hacha de doble filo’un símbolo sagrado de la antigua civilización minoica en Creta, por lo que laberintos habría sido ‘el recinto de la doble hacha’ (también llamada ‘Casa del Labrys’o’Palacio del Hacha Doble‘), es decir, el palacio de Cnosos (donde, según la mitología, vivía el Minotauro) que estaba excesivamente decorada con este símbolo del hacha de doble filo y que era tan extenso y confuso que se convirtió en el arquetipo del lugar donde es imposible encontrar la salida.
Aunque la relación con el griego laberintos y con el mundo cretense es la explicación más extendida, hay algunas hipótesis alternativas que intentan ir un poco más atrás en el tiempo. Una de ellas propone un origen anatolio, quizás en la zona de Lidia o Caria, desde donde el término habría pasado al Egeo y luego al griego; no es la teoría dominante, pero encaja con los contactos comerciales y culturales entre Asia Menor y Creta en la Edad del Bronce. Otra posibilidad lo vincula con una raíz similar a labraque se usaba para designar cuevas, minas o espacios subterráneos con muchas galerías, lo que se ajusta bastante bien a la idea de un recinto complicado y difícil de recorrer. Algunos historiadores señalan que el primer ‘laberinto’ que recibió ese nombre fue el vasto complejo funerario del faraón Amenemhat III en Egipto, aunque no está claro si la palabra griega se aplicó al monumento o si se deriva de una palabra egipcia como caza del lapi ro (Templo a la entrada del lago).
