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Perú ha sido uno de los escenarios principales del desembarco chino en América Latina de las últimas décadas.
Mientras el país se sumía en sucesivas crisis políticas y hasta ocho presidentes asumían el poder en solo diez años, la inversión y la influencia china han sido una constante alza que no se ha detenido.
La reciente caída del último mandatario en ser removido del cargo, José Jerí, que lo ejerció por poco más de cuatro meses, tras el escándalo de sus reuniones clandestinas con empresarios chinos, bautizado como “Chifagate”, ha puesto de nuevo de manifiesto el peso que China tiene en Perú.
Y la inauguración en 2024 del megapuerto de Chancay, una gigantesca infraestructura construida con capital chino a unos 80 kilómetros al norte de Lima, con potencial para convertirse en el gran “hub” para la conexión comercial entre Asia y Sudamérica, reafirmó una alianza estratégica que hizo saltar las alarmas en la Casa Blanca de Donald Trump.
El gobierno de Estados Unidos está ahora decidido a revertir la tendencia.
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¿Cuál es la presencia china en Perú?
En pocos países se ha hecho más evidente el aumento de la influencia de China en América Latina en los últimos años que en Perú.
Ambas naciones tienen importantes lazos desde el siglo XIX, cuando el Perú recibió cientos de millas de migrantes chinos que llegaron para compensar la escasez de mano de obra agraria provocada por el fin de la esclavitud. Muchos echaron raíces allí y hoy Perú es uno de los países del mundo con una mayor comunidad china.
Es habitual encontrar peruanos de origen chino y la comida surgida de la fusión de las gastronomías de los dos países, conocida como chifa, es una de las más populares.
En realidad, para muchos peruanos, China siempre estuvo alí, pero su transformación en una superpotencia en las últimas décadas se ha dejado sentir en un aumento exponencial de su influencia en el Perú.
El gigante asiático superó a Estados Unidos como principal socio comercial de Perú a partir de 2010 y la brecha no ha parado de aumentar. Si al comenzar el siglo XXI Estados Unidos copaba el 24% de los intercambios con Perú y China no pasaba del 5%, las tornas se han invertido completamente y en 2023 el porcentaje de China llegó al 31% frente al 17% estadounidense.
De acuerdo con los datos del Gobierno peruano, China absorbe actualmente un 36% de las exportaciones peruanas, entre ellas los minerales en los que Perú es rico, como el cobre y el litio, que tienen un peso cada vez mayor para la producción de automóviles eléctricos y otros aparatos de última tecnología. Son minerales estratégicos que Trump codicia y Perú lleva años exportándolos masivamente a China.
Según le dijo a BBC Mundo Carlos Aquino, del Centro de Estudios Asiáticos de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, China es ya el inversor más importante en Perú, con aproximadamente un cuarto de toda la inversión extranjera acumulada.
Fuente de la imagen, Héctor Vinces/AFP
Tras años ganando terreno, el capital chino controla activos claves como el puerto de Chancay o Las Bambas, una de las mayores minas del país y uno de los mayores centros de producción mundial de cobre, propiedad de la multinacional china MMG.
Desde hace tres años, todo el suministro de electricidad del área metropolitana de Lima está en manos de compañías chinas.
China Yangtze Power International compró en 2019 a Sempra, una compañía con sede en California, Luz del Sur, la eléctrica peruana con la que abastecía de luz a millones de limeños.
En 2023 la italiana Enel vendió su filial en Perú a State Grid Corporation of China, la mayor compañía eléctrica del mundo, propiedad del Estado chino.
Pero lo que el gobierno de Donald Trump parece ver como el mayor revés estratégico en los últimos años es la inauguración del megapuerto de Chancay.
Controlado por la compañía estatal china Cosco Shipping Ports, Chancay se está posicionando como uno de los principales nodos logísticos de redistribución hacia China en la región. En 2025 movilizó más de 126.000 TEU, la unidad de medida estándar en transporte marítimo, en operaciones de trasbordo, principalmente con origen en China y destino en Chile y Colombia.
Se trata de una de las obras más emblemáticas en América Latina de la Iniciativa de la Franja y de la Seda, un plan multianual de inversiones chinas en infraestructura al que se adhirieron muchos países de la región.
“El puerto es importante no solo para Perú, sino para toda Sudamérica, ya que está pensado para canalizar las mercancías que vienen de Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y Bolivia hacia Asia”, indica Aquino.
Fuente de la imagen, Dado Galdieri/Getty
Qué intenta Estados Unidos
Después de la ofensiva para alejar a China del Canal de Panamá que marcó los primeros compases del segundo mandato de Trump, su Departamento de Estado se ha fijado últimamente en Chancay.
El pasado 11 de febrero, después de que el Primer Juzgado Constitucional de Lima le diera la razón a Cosco Shipping Ports y ordenara limitar la fiscalización del puerto por parte de Ositran, la entidad oficial peruana encargada de la supervisión de inversiones en transportes, la Oficina para Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado publicó un inusual mensaje en X.
Washington se decía “preocupado” porque “Perú podría verse imposibilitado de supervisar Chancay, uno de sus puertos más importantes, bajo la jurisdicción de propietarios chinos depredadores”.
“Que esto sirva de advertencia para la región y el mundo: el dinero barato chino cuesta soberanía”, añadía el mensaje, que un portavoz del Ministerio de Exteriores chino rechazó “firmemente” por considerarlo “una difamación flagrante”.
Fuente de la imagen, Aaron Schwartz/Getty
A las críticas al modelo de Chancay se sumó el nuevo embajador de Estados Unidos, Bernie Navarro, quien estrenó su cargo pocas semanas antes y que desde entonces se ha prodigado en declaraciones contra lo que considera excesiva influencia china en Perú.
Viejo aliado de Trump y de su secretario de Estado, Marco Rubio, al que ayudó a recaudar fondos para sus campañas de senador en Florida, Navarro tachó de “vergonzoso” el fallo judicial sobre el control de Chancay y advirtió al gobierno peruano contra la cesión de infraestructuras críticas a China.
También colgó una foto con el todavía presidente Jerí sentados ambos a la mesa con una hamburguesa. “Cambiando el menú: compartiendo una hamburguesa americana con el presidente de Perú”, una alusión poco velada a los tratos de Jerí con China y el escándalo del “Chifagate”.
Washington ha complementado su estrategia de críticas a China reforzando su colaboración con Perú en seguridad y defensa, ámbito en el que aún lleva la delantera.
“China se ha convertido en el principal socio comercial de Perú, pero Estados Unidos sigue siendo su principal socio militar y muchos mandos militares peruanos llevan años formándose en Estados Unidos”, recordó Aquino.
El pasado enero, Trump firmó la designación de Perú como un Aliado Principal No Miembro de la OTAN, el mayor grado de colaboración en materia de defensa que Estados Unidos otorga fuera de la Alianza Atlántica.
Washington aprobó también la venta de material militar a Lima por valor de US$1.500 millones y empresas estadounidenses participarán en la remodelación de la base naval de El Callao, una de las mayores instalaciones militares de la Armada peruana.
En círculos militares y diplomáticos peruanos se comenta que Estados Unidos ansía que el modelo elegido finalmente para renovar la obsoleta flota de aviones de combate de la fuerza aérea del Perú sea el F-16 que fabrica la estadounidense Lockheed-Martin, que compite con el sueco Gripen y el francés Rafale por un contrato de US$3.500 millones.
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Una sustitución natural
Perú ha apostado por reforzar la cooperación en seguridad con Estados Unidos, en el marco de una política exterior que se ha mantenido relativamente ajena a los constantes cambios de gobierno.
“Afortunadamente, en la Cancillería ha imperado la meritocracia y la política exterior se ha mantenido de manera coherente”, indica Aquino.
Sin embargo, el experto cree que “la política actual de Trump es contradictoria e insostenible a largo plazo, porque se apoya solo en el garrote de la presión diplomática, pero no en la zanahoria de las inversiones”.
El experto recuerda que las ventas de activos peruanos en manos estadounidenses a capital chino se hicieron de manera voluntaria entre las partes. “Cuando Sempra vendió Luz del Sur dijo que lo hacía para poder concentrar sus inversiones en Estados Unidos y cuando se buscaron inversores en Estados Unidos para desarrollar el puerto de Chancay nadie se interesó”, recuerda el analista, un relato que sugiere que el despliegue chino a costa del estadounidense ha sido más fruto de una sustitución natural que de una expulsión agresiva.
“Estados Unidos sabe que es imposible desplazar a China como socio comercial de Perú porque lo que vende son materias primas, y el mercado natural para eso es una China que se ha convertido en la fábrica del mundo. Estados Unidos no las va a comprar porque dejó de fabricar hace décadas”, indica.
Los datos parecen corroborarlo, ya que los puestos de trabajo en el sector industrial en EE.UU. son ahora 200.000 menos que en 2023, el mínimo registrado desde la pandemia, y la actividad de las fábricas acumula 26 meses consecutivos de caídas, según los datos del Institute for Supply Management, una asociación profesional estadounidense.
Así, parece claro que Estados Unidos ha decidido volver a reclamar un papel protagonista, pero no hay motivos para pensar que China vaya a renunciar al suyo.
En palabras de Aquino: “Vamos a tener que comer hamburguesas, pero también seguir comiendo chifa”.

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