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Gabriel Boric, el presidente más izquierdista de Chile desde Salvador Allende, se apresta a pasar el poder al mandatario más derechista del país desde la dictadura de Augusto Pinochet.
Y para quien también ha sido el jefe de Estado más joven en la historia chilena, es hora de balances.
“He dado lo mejor de mí para estar a la altura de esta responsabilidad, y puedo decir con tranquilidad y convicción que me voy con la frente en alto y las manos limpias”, dijo Boric en un acto ciudadano de despedida de su mandato en Santiago el sábado.
El Chile que gobernará el ultraconservador José Antonio Kast a partir del miércoles es muy diferente en varios aspectos al que recibió Boric cuatro años antes —y es probable que también sea muy distinto al que este exlíder estudiantil soñaba legar.
Electo con apenas 35 años en tiempos de crisis tras un estallido social y la pandemia de coronavirus, Boric llegó al poder con ideas reembolsacionales que incluían cambiar la Constitución heredada del régimen militar de Pinochet (1973-1990) y convertir a Chile en la “tumba” del neoliberalismo.
Su juventud, barba y tatuajes, así como sus discrepancias con los partidos tradicionales que guiaron la transición democrática, marcaban un cambio generacional en la política chilena con la llegada de un milenial a La Moneda.
Por otro lado, sus críticas a los gobiernos de Venezuela, Nicaragua y Cuba signaban una nueva izquierda en América Latina, más resuelta a condenar abusos de derechos humanos sin fijarse quiénes los cometen y más sensibles con la lucha medioambiental o la igualdad de género.
Pero algo que algunos destacan hoy es la capacidad del mandatario saliente para adaptar el rumbo de su gobierno ante las fuertes limitaciones con que se topó.
“Boric es un caso único y loable de alguien que madura en el poder”, sostiene Andrés Velasco, un economista que fue ministro de Hacienda chileno durante el primer gobierno de la socialista Michelle Bachelet (2006-2010) y es decano de la Escuela de Políticas Públicas en London School of Economics.
“Muchas de sus propuestas iniciales, incluyendo la insensata constitución que impulsó y fue rechazada, no tenían mucho sentido”, dice Velasco a BBC Mundo. “Y en el curso de sus años en La Moneda se empezó a dar cuenta que las prioridades ciudadanas son otras, y dio un giro indiscutible”.
Según este y otros expertos, Boric tiene distintos resultados concretos para exhibir al término de su mandato, así como también deja problemas pendientes.
“Cosas que van a ser valoradas”
El gobierno de Boric consiguió entre otras cosas una reforma del sistema de pensiones que el país buscaba desde hacía años y era esquiva por motivos políticos.
“Alcanzaron un acuerdo que no es perfecto, pero que es razonable y constituye un avance”, señala Velasco. “Creo que eso va a quedar en los libros de historia como el principal logro”.
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Los cambios aprobados aumentan gradualmente los ahorros privados para la jubilación (desde 10% hasta 16% de los salarios) y reducen las comisiones que cobran las Administradoras de Fondos de Pensiones (AFP) para mejorar los pagos a quienes se jubilan.
Esto ejemplifica el pragmatismo de Boric, quien al llegar al gobierno quería eliminar las AFP y cambió de planos para propiciar acuerdos en un Congreso sin mayorías.
Sin embargo, mantuvo prioridades en la agenda social y también consiguió reducir la semana laboral de 45 a 40 horas, aumentar el salario mínimo más del 50% y extender la gratuidad del sistema público de salud a sectores medios, observa Claudia Heiss, profesora de ciencia política en la Universidad de Chile.
A eso se añade una baja de la inflación desde el 14,1% de agosto de 2022, el primer año del mandato de Boric, al 2,4% anual a febrero, según cifras oficiales, algo que los especialistas atribuyen a aciertos del gobierno y de un Banco Central independiente.
“No fue el gobierno de las grandes transformaciones de la agenda con que llegó al poder, pero sí logró normalizar un país que estaba en una situación muy crítica después del estallido social y la pandemia”, dice Heiss a BBC Mundo.
Tanto ella como Velasco destacan igualmente la política internacional de Boric, que trazó una clara frontera entre lo que es aceptable o inaceptable más allá de ideologías.
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Por ejemplo, Boric fue el primer presidente izquierdista de la región en desafiar el anuncio oficial de Venezuela que dio ganador al mandatario Nicolás Maduro en las elecciones de 2024, algo que calificó como un intento de fraude, mientras sus pares de Brasil, Colombia y México eran más cautos.
“Envió una señal internacional clara de compromiso con la democracia sin importar el color político”, sostiene Heiss. “Y esas son cosas que van a ser valoradas en el tiempo”.
Dificultades y desafíos pendientes
En las elecciones del año pasado, Boric tenía prohibido por la Constitución ser reelecto para un mandato consecutivo y Kast obtuvo el 58% de los votos en el balotaje, más de 16 puntos sobre la candidata del oficialismo, la comunista Jeannette Jara.
El contundente triunfo del ultraderechista en su tercer intento, con una campaña centrada en la seguridad pública, reflejó una amplia inquietud popular por la delincuencia y el crimen organizado vinculado a mafias extranjeras.
Sin embargo, el año pasado la tasa de homicidios en Chile bajó 11,5% respecto a 2024: según datos oficiales hubo 5,4 asesinatos cada 100.000 habitantes, bastante menos que en otros países de la región.
Fue la tercera reducción anual seguida de ese indicador clave de violencia, tras una marca de 6,7 homicidios cada 100.000 habitantes registrados en 2022.
Daniel Johnson, director ejecutivo de la Fundación Paz Ciudadana, que evalúa políticas de seguridad pública en el país, señala que el gobierno de Boric se enfrentó a “un escenario significativamente más complejo que el de Chile hace una década, marcado por un aumento de delitos violentos y por un nivel de temor ciudadano inusualmente alto”.
“En este contexto, su administración ha impulsado cambios institucionales relevantes orientados a fortalecer la respuesta del Estado, entre ellos la creación del nuevo ministerio de Seguridad Pública y la instalación de una fiscalía supraterritorial para enfrentar fenómenos delictivos más complejos”, dice Johnson a BBC Mundo.
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Y observa que, pese a los avances, quedan desafíos pendientes como “una reforma profunda a Carabineros que permita fortalecer su capacidad de prestar servicios policiales efectivos”.
La transformación de las policías era una promesa de Boric.
Otro objetivo que se trazó era una reforma tributaria con impuestos a los súper ricos para financiar su programa social. Pero el Congreso rechazó la propuesta, en un duro revés para Boric.
El déficit fiscal estructural de Chile fue 3,6% del PIB el año pasado, un desvío de la meta vigente del 1,6% del PIB que según la oposición demuestra que el gobierno manejó mal los recursos públicos.
El país tuvo en 2025 un récord de exportaciones de US$107.000 millones, pero aún así la economía creció a tasas bajas como en gobiernos anteriores: menos del 2% al en promedio anual durante el mandato de Boric, algo que los economistas atribuyen en parte a problemas estructurales.
Quizás el golpe más doloroso para Boric fue el estrepitoso fracaso de la reforma constitucional que impulsó antes de llegar al poder para salir de la crisis política.
Como presidente, apoyó el texto de una nueva constitución redactada por una convención electa para ello, que consagraba varias reformas y un “Estado social y democrático de derecho” que proveería bienes y servicios a las personas (y reconocía incluso a los animales como seres capaces de sentir, a ser protegidos).
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Muchos vieron esa propuesta como demasiado extrema y el proyecto fue rechazado por el 62% de los votos en un referéndum constitucional en 2022.
Paradoja o no, los analistas creen que en ese momento comenzó lo mejor del gobierno de Boric, que buscó alianzas con la izquierda más tradicional y moderó su agenda.
Las expectativas de que el joven presidente subsanaría la distancia entre partidos políticos y sociedad eran exageradas, pero Boric deja el cargo con 40 años y un gran capital político doméstico e internacional, sostiene Heiss.
Y anticipa que, aunque los planes a futuro de Boric son inciertos, “no hay dudas que seguirá siendo una figura importante en la política chilena por mucho tiempo”.

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