Es interesante ese momento del concierto en que el cantante suelta una parrafada veloz en inglés y el público actúa como si eso no generara ningún problema. Está claro que esa lengua es hoy asumida como franca (o casi), ya no digamos en la cultura pop, pero, aún así, flota ahí. una disfunción de la que los artistas y sus equipos no parecen ser muy conscientes.
Fue perceptible el viernes en el concierto de Raye en el Palau Sant Jordi, donde la cantante londinense se explayó en sus sentidos y muy vividos mensajes de superación personal. El inglés de Raye no es exactamente estándar, sino que está influenciado por el llamado ‘Estuary English’ y por cierta jerga juvenil suburbana. Me acordé cuando Adele compartió sus confesiones en ‘cockney’ a toda velocidad. No son escollos para quien tenga un nivel nativo, pero sí que pueden expulsar emocionalmente del concierto a los conocedores ‘average’ (o ‘low’) de la lengua, en un país donde conviene recordar que no es oficial (aunque podamos dudarlo si caminamos por el Eixample o Poblenou).
En estas situaciones, a menudo se actúa con una normalidad algo sospechosa: riendo, poniendo cara compungida o complaciente, al son de las inflexiones narrativas del artista. Es un poco extraño, sabiendo que España no se distingue por el alto dominio del inglés de su ciudadanía: aunque ha mejorado, ocupa el puesto 26º en Europa (de 37 países) en el nuevo EF English Proficiency Index. La psicología social nos habla del comportamiento por contagio, el hacer ver que estás integrado en la situación porque no quieres que se te vea fuera de juego en ese momento en que todos estallan en una carcajada. El creciente público extranjero en Barcelona contribuye a activar cierto ‘efecto claca’.
Dejando de lado que el esfuerzo comunicativo deberían hacerlo más ellos, los visitantes, que el público residente (y pagano), tengo la sensación de que hay muchos momentos ‘lost in traduction’ en los conciertos, y es llamativo que los artistas no se percaten de ello, preparando algunos textos traducidos o ayudándose de las pantallas, y pronunciando de un modo más claro, pausado y neutro. Sin comportarse en un país extranjero como si estuvieran en su barrio. Podrán replicar que el público está ahí porque le gustan esas canciones en inglés, señal que entenderán el idioma, pero sabemos que se equivocan. Al fin y al cabo, cuando dicen aquello de “welcome to our show” dejan clara su ley: nosotros estamos en su casa, no ellos en la nuestra. Sí, no todo el mundo es Bruce Springsteen.
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