Usamos la locución ‘círculo vicioso’ para referirnos a un problema que se alimenta a sí mismo y que empeora cada vez que intentamos solucionarlo, como cuando la ansiedad impide dormir bien, ese cansancio aumenta la ansiedad, esto dificulta trabajar, por lo que no se generan ingresos y, por tanto, hay deudas y estas generan todavía más deudas, en una cadena que parece no terminar nunca. La idea de dar vueltas sin salida, atrapada en un bucle, explica a la perfección por qué esta expresión se ha extendido tanto en el lenguaje cotidiano.
El origen lo encontramos en el latín círculo viciosoempleado en lógica y filosofía para señalar un razonamiento tramposo en el que la conclusión se apoya, de manera directa o disimulada, en ella misma. Es lo que se conoce como ‘razonamiento circular’ oh ‘petición de principio’una forma de argumentar en la que, en realidad, no se demuestra nada nuevo, porque aquello que se quiere probar ya estaba escondido en las premisas.
Fue a partir del siglo XIX cuando la expresión sale de los tratados de lógica y empezó a usarse en campos como la economía, la sociología o la psicología. De ahí nacen usos como el ‘círculo vicioso de la pobreza’formulado por el economista Ragnar Nurkse en 1953 para explicar cómo la baja renta conduce a poco ahorro, este a una baja inversión de capital y, en consecuencia, a una baja productividad que devuelve de nuevo a la baja renta, perpetuando así la pobreza.
El concepto de ‘círculo vicioso de la pobreza’ se aplica con mucha frecuencia en la teoría del desarrollo para describir cadenas de causas y efectos que se refuerzan mutuamente y mantienen a personas o países en una situación de bloqueo muy difícil de romper.
