Conocemos como ‘mendrugo’ al trozo de pan reseco que nadie quiere. Etimológicamente, el término proviene del árabe hispánico. mamáṭrúq (ár. clás. mamáṭrūq: ‘tocado, manoseado’), aplicado al pan partido o sobrante, que en la lengua romance habría dado medrugo. El uso lo controlado al ‘pan de mendigo’ y, por cruce fonético y semántico con mendigoagregó la ny consolidó el carácter despectivo del vocablo mendrugo en español.
Podemos encontrar que en numerosos textos medievales ya usaban la forma ‘mendrugo’ para hacer referencia al ‘pan sobrante’, y en la Edad Moderna (a partir del siglo XV) se personalizó el término con pobreza. Antonio de Nebrija lo describe como ‘panis emendicatus’ (pan de mendigo oh pan mendigo) y Sebastián de Covarrubias como ‘pedazo de pan que se da a los mendigos’.
Con los años, mendrugo pasó de nombrar el pan duro a insultar a quien tiene la cabeza dura. La metáfora del pan reseco se aplicó a la torpeza y, desde su edición de 1992, la RAE incorporó la recepción: ‘hombre rudo, tonto, zoquete’.
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