“El hombre rebelde”, ese era el título del ciclo de entrevistas televisivas que realizó Darío Lopérfido hace menos de un año. Ese hombre que luchó hasta el último momento contra el ELA murió hoy en Madrid y la web ha multiplicado las voces que lo homenajean. En menor medida, la de quienes lo critican-
Lopérfido fue uno de esos personajes políticos que suelen ser clasificados como “controvertidos”, un funcionario y un intelectual con perfil alto y un polemista con algunas características más cercanas a los que alimentaron las discusiones políticas de las últimas décadas del siglo pasado.
Su figura nunca pasó desapercibida, Fue un gestor cultural que en gran medida se formó a sí mismo, un funcionario político de alto perfil y un polemista público que rara vez rehuyó opiniones divisivas. Su carrera transitó por la prensa, la gestión cultural, la política y el debate público, generando tanto admiración como rechazo. Fuer gesto cultural, político, periodista, polemista e intelectual. La creación y el impulso de eventos clave como el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI) y el Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA), que contribuyeron a la proyección cultural de Argentina a nivel regional e internacional, también hablan de ese personaje contradictorio.
Su figura conjuga dos mundos que suelen tensarse: por un lado, una trayectoria en gestión cultural innovadora, y por otro, posiciones ideológicas y declaraciones controversiales que lo ubicaron en el centro de debates sobre memoria histórica, cultura nacional y políticas públicas.
Nació en Villa Urquiza (CABA) en una familia vinculada al mundo de la comunicación y el trabajo gremial: su padre era obrero gráfico y delegado en el periódico La Razón, y fue despedido al inicio de la última dictadura militar. Este entorno seguramente marcará desde temprano su vínculo con la cultura y la política, y el reconocimiento de los mecanismos de control, poder y comunicación social.
Darío Loperfido en la presentación de la temporada 2017 del Teatro Colón. Foto: Juan Manuel FogliaDesde joven, Lopérfido se orientó hacia el campo cultural y mediático: trabajó como periodista en revistas especializadas en teatro y cultura, y en emisoras de radio populares como FM Rock & Pop y Radio La Red. Del mismo modo, se utilizó como Subsecretario de Extensión Cultural y luego como director del Centro Cultural Ricardo Rojas (que pertenece a la Universidad de Buenos Aires), cargo que ocupó entre 1992 y 1999, construyendo una reputación de gestor y programador cultural.
Justamente ese cargo fue el que le dio luz y protagonismo como opositor al menemismo. y como protagonista del gobierno de la Alianza de 1999.
Durante esa etapa temprana, Lopérfido promovió iniciativas centradas en ampliar el acceso a la cultura y destacar dinámicas creativas emergentes. Desplegó estrategias enfocadas en festivales, ciclos y proyectos culturales urbanos que buscaban sintonizar con la vida de una ciudad como Buenos Aires, considerada un polo de actividad cultural latinoamericana.
Para bien o para mal la tentación política lo atrapó, la llegada de Fernando de la Rúa al gobierno nacional y su relación con los hijos del presidente. Ya había dado el salto a la arena política en gran parte, visibilizado por su trabajo en la dirección del Centro Cultural Rojas. Fue Subsecretario de Acción Cultural de la Ciudad de Buenos Aires (1996), Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires (1997-1999) y Secretario de Cultura y Medios de Comunicación de la Nación durante la presidencia de Fernando de la Rúa (1999-2001).
Baremboim, Marcos Peña, Guillermo Dietrich, Pablo Avelutto, Darío Loperfido y Esmeralda Mitre, Franco Moccia y Martín Mura.No quedó fuera de la soberbia política expresada en sus pertenencias al “Grupo Sushi”, una generación de gestores y comunicadores que se promovieron como una renovación generacional en la gestión pública nacional. Eso le dio visibililidad para ese presente y para el pos 2001.
Fue un joven dirigente con un pensamiento reflexivo sobre la cultura, pero también fue invadido por una actitud soberbia para entender el país subterráneo que pronto iba a estallar ya ser protagonista en el lapso 2001-2003, previo a la llegada de Néstor Kircher al poder.
Idas y vueltas del mundo privado al oficial
Después de la debacle, Lopérfido regresó a la actividad privada hasta que fue designado Director General y Artístico del Teatro Colón, en febrero de 2015, cargo que bajo obtuvo la gestión de Mauricio Macri como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Posteriormente, continuó con funciones públicas cuando Horacio Rodríguez Larreta lo nombró Ministro de Cultura porteño en diciembre de ese mismo año.
Darío Lopérfido Director del Teatro Colón. Fotos Rubén DigilioSu paso por el Colón también fue polémico. Hubo tensiones con sectores del mundo artístico que cuestionaron la manera en que algunas decisiones estéticas y administrativas se abordaron. Fueron estos desencuentros, junto con polémicas ajenas al ámbito exclusivamente cultural, los que desgastaron su figura dentro de la gestión pública.
Justamente una de las controversias más resonantes que marcaron su carrera ocurrió en 2016, cuando siendo Ministro de Cultura de la Ciudad, en una entrevista declaró que en Argentina “no hubo 30.000 desaparecidos durante la dictadura militar” y que ese número “se arregló en una mesa cerrada para conseguir subsidios”. Estas declaraciones fueron interpretadas como cuestionamiento del consenso histórico sobre la magnitud de las violaciones a los derechos humanos en el Proceso. Hubo fuertes manifestaciones políticas, de organismos de derechos humanos, lo acusaron de relativizar el terrorismo de Estado y de participar en narrativas negacionistas.
En julio de 2016, luego de manifestaciones y escraches de parte de militantes de derechos humanos y de trabajadores de la cultura.renunció al ministerio de Cultura porque le fue “agotador encarar simultáneamente tres tareas de semejante relevancia”.
Lopérfido también fue un intenso comentarista público de la vida intelectual y política. Escribió ensayos, colaboró con columnas periodísticas y mantuvo participación activa en programas de radio. Su ensayo La decadencia del relato K.publicado en 2021, exponente Una crítica frontal al kirchnerismo desde una perspectiva política, cultural e intelectual.abordando temas como el relato histórico, la comunicación política y la relación entre cultura y poder.
Poco después abandonó el país buscando otros rumbos en el campo de la cultura. Trabajó en Berlín, fue parte de la Cátedra Vargas Llosa, una plataforma académica enfocada en el debate cultural y literario internacional que lo vinculó con figuras de renombre global.
Durante los últimos años de su vida se desarrolló un ciclo de entrevistas titulado “El hombre rebelde” (inspirado en la obra de Albert Camus), donde conversó con intelectuales como Martín Caparrós, Cayetana Álvarez de Toledo, Sergio Ramírez, Leopoldo López y Yunior García, abordando cuestiones de política, cultura e identidad desde perspectivas globales.
La enfermedad
En julio de 2024, Lopérfido anunció públicamente que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA)una enfermedad neurodegenerativa grave que afecta progresivamente las funciones motoras. A pesar del deterioro físico, continuó su actividad intelectual, reflexionando y escribiendo sobre su situación, la vida, la muerte y la cultura, manteniendo una postura frontal y sin eufemismos.
Jorge Telerman con Horacio Rodríguez Larreta y Darío Lopérfido.En los últimos años se definió como un cultural liberal, también como un provocador. Su carrera refleja las tensiones profundas de la sociedad argentina contemporánea: entre memoria y reinterpretación histórica, entre cultura y política, entre consenso y confrontación.
Entrevistado por Clarín hace menos de un año y preguntado ante la cuestión sobre el número de desaparecidos que hubo en la Argentina durante la dictadura de 1976-1983 que él solía cuestionar, dijo: “Sigo pensando que no fueron 30.000 porque defendiendo lo que dice la Conadepque es el registro oficial argentino. En eso hubo una campaña organizada por los kirchneristas y el afán permanente del campo artístico de hablar muy enfáticamente de cosas que no saben. Me podría haber retractado y seguir tranquilo o mantenerme en mi posición. Eso hice y me siento orgulloso de mi actitud”.
Lopérfido murió hace pocas horas, hace un año dijo esto de sí mismo: “El joven que se dirigió al Rojas es solo un recuerdo.Soy una persona distinta. Lo que recuerdo es el vigor de una escena cultural porteña que hoy no se parece en nada a esa. Perdió algo de brillantez y desenfado. Los años del kirchnerismo impactaron de manera negativa en el mundo de la cultura. El kirchnerismo fue una fuerza embrutecedora”.
