Esteban González Pons es político, es abogado y es escritor. Y, aunque nos digan que no, también es un gran poeta. Lo demuestra en su último libro, ‘Desnudo de un hombre adulto‘, una afortunada recopilación de los versos que derrama mientras escribe novelas. ¿Cómo? … ¿No hablar con él de pecados?
–Le perdono un pecado.
–Siempre la pereza.
–Es usted de los míos…
–Es que no hay creatividad sin pereza. De la pereza nace la imaginación, las mejores y las peores ideas.
–Aquello de que el diablo, cuando se aburre, mata moscas con el rabo.
–Todos los pecados son fruto de la pereza.
–Pensaba que, por pereza, éramos capaces de no cometer ninguno.
–Qué va. La pereza es hermana del aburrimiento y, por ello, surge dentro de la creatividad. Todas las maldades se te ocurren cuando estás perezoso.
–Pero son maldades creativas, entonces.
–Sí, todas. Y luego hay momentos de grandes ideas, pero hay que cazarlas. Así que, en paralelo a la pereza, está la ducha.
–¿La ducha?
–A mí, las mejores ideas, se me ocurren siempre en la ducha. Y se me olvidan cuando salgo.
–Entonces, para escribir hay que aburrirse.
–Yo creo que no hay un buen escritor que no pase muchas horas aburrido o perezoso porque, del exceso de actividad física o de trabajo, nunca se enciende la chispa de la inspiración. Es verdad que la inspiración tiene que cogerte trabajando, pero si el trabajo no te aburre no es trabajo.
–Así que, al final todo, confluye en la pereza.
–Es la fuente de toda inspiración. Creo que fue Neruda quien dijo que, si alguna vez los poetas dijeron la verdad, tendrían que confesar que son todos grandes perezosos. Si no, escribirían novelas.
–Así que es más perezoso el poeta que el escritor.
–Un poema es un universo condensado en unas pocas palabras, mucho que decir contado en muy poco.
–Si es cuestión de mesura, entonces, el poema sería a la novela lo que las grandes pasiones a los pecados.
–O lo que una pasión esporádica a una pasión duradera. El poeta es un polígamo, cada noche cohabita con un sueño distinto; el novelista es un monógamo sucesivo, pasan meses, si no años, cohabitando con el mismo sueño. Por eso el poeta es capaz de volver a leer su obra y, sin embargo, el novelista no. El poeta no se casa con sus versos pero el novelista sí se casa con sus personajes.
–Así que el poeta es doblemente pecador, de pereza y de lujuria.
–Bueno, es que no se podría escribir poesía sin lujuria. Hasta la poesía mística adopta personajes, si no lujuriosos, eróticos. Hay siempre un algo erótico incluso en San Juan y Santa Teresa de Jesús en su relación con la fe. La poesía es el grito del hombre solo en el vacío. A veces más alto, a veces más bajo, pero siempre con la esperanza de ser oído.
–De esta entrevista le va a salir otro poema…
–Yo no soy poeta. Yo escribo novelas y, a veces, se me caen versos sobre el papel.
–Pero puede recolectarlos.
–Eso es lo que he hecho con ‘El incómodo desnudo de un hombre adulto’, sí. Pero lleva trabajo. Quien crea que un poema se escribe en una noche de whisky y tabaco se engaña. Un poema tiene muchas horas y muchos días de no sacártelo de la cabeza. Y releer es siempre reescribir.
