Los hijos de dirigentes comunistas somos una especie singular. Honramos o dilapidamos el legado de nuestros padres con un compromiso que, por acción u omisión, nos acaba definiendo. Aportar algo al patrimonio ya la memoria colectiva no es fácil ya veces exige un esfuerzo de honestidad que no todos estamos dispuestos a hacer, probablemente porque nos da pánico caer en la idolatría hereditaria o en una inmolación terapéutica psicológicamente castradora.
Seguir leyendo…
