El ‘Caracazo’, aquel tsunami de protestas y disturbios que asoló la capital venezolana en 1989 y que acabó en una masacre espantosa con casi trescientos muertos, marcó el inicio de un cambio político en el país, pero también cultural. Durante la década siguiente se … fue fraguando la revolución bolivariana, ya la vez, en Propatria, el barrio más pobre de la ciudad, empezó a gestarse un movimiento musical que acabaría convirtiéndose en todo un fenómeno popular que traspasó fronteras: el Casa Rapaz.
Al principio aquella música electrónica pulsante y energética que mezclaba elementos tribales, house y latinos no tenía ese nombre, sino que se vendía como ‘street house’. Pero hacia 2004, uno de sus máximos representantes, Pedro Elías Corro alias DJ Babatr o simplemente DJ Babaacuñó la nueva marca Raptor House para darle una nueva pátina de modernidad que evocara la voracidad rítmica del estilo.
Desde que surgió, el Raptor House había crecido exponencialmente gracias a las ‘minitecas’, emulación de los ‘sound-system’ jamaicanos (una suerte de verbena ambulante de electrónica que consistía en juntar varios equipos de sonido para montar fiestas en plena calle) pero a lo grande, con imponentes torres de altavoces y asistencias masivas de público. «Es una música que nace de las raíces más humildes, de la inquietud por crear cosas que en ese momento creíamos que no se podía hacer», explica Baba desde Caracas. «Los creadores fuimos cuatro chicos con una fantasía juvenil, sin que ninguno pudiéramos imaginar que iba a ser un fenómeno social».
Estas juergas clandestinas, conocidas como matinés (son diurnas), se llenaban de chicos y chicas ávidos de diversión y también de extraordinarios bailarines que se retaban haciendo movimientos imposibles. pero pronto se vieron salpicadas por episodios de violencia entre miembros de diferentes bandas de jóvenes desarraigados que integraron la subcultura urbana asociada al movimiento, a los que se empezó a llamar específicamente ‘tukis’.
«El Raptor House murió por culpa del clasismo», asegura el DJ caraqueño
El clasismo de parte de la sociedad caraqueña y el desprecio de la clase política incluso dieron con un nuevo nombre para el género, que pasó a ser conocido como ‘changa tuki’ (‘changa’ se puede traducir como fiesta o baile) y pronto fue censurado por las autoridades y estigmatizado como cultura marginal. El gobierno chavista aprovechó entonces la ofensiva mediática contra el Raptor House para prohibir de raíz las raves y perseguir cualquier intento de hacerlas reflotar, lo que acabó dando la puntilla a finales de la década de los 2000.
«El Raptor House murió por culpa del clasismo», opina Baba, «Es un género musical que se creó en un caos político, en una implosión social. Pero El clasismo venezolano no viene del chavismo, ni del blanco, ni del negro. Es algo que está arraigado en la sociedad venezolana. Creo que sin chavismo no hubiera cambiado nada, porque el género evidencia una fractura social. O sea, era imposible que un negro de un barrio de los más marginados hubiera creado un sonido, un ruido, un estilo de música propio. Era algo imposible de aceptar en la sociedad venezolana, bien sea blanca, negra, azul, roja, Cuarta República, Quinta República, Chávez o lo que sea».
No obstante, Baba señala: «Ojo, también hay que dejar bien claro que el Raptor House, sin duda alguna, caló en lo político por su rebeldía. Nosotros nacimos en el medio del caos de la llegada de Chávezpero para nosotros eso no tenía relevancia. Para nosotros lo que tenía relevancia era intentar hacer algo que se pareciese a lo que estaba estatificado, pero que estuviese hecho por nosotros, que tuviera identidad, que pudiese cubrir las necesidades de esa juventud. Y eso pasó sin que nosotros lo supiéramos, porque nos dimos cuenta de lo que habíamos hecho diez años después».
En cualquier caso, la censura y represión del movimiento hizo que las matinés se fueran apagando poco a poco antes de desaparecer por completo. Algunos de sus mejores DJs y bailarines intentaron huir del país pero se toparon con una corrupción sistemática que les impide tramitar el pasaportey mientras tanto, sumido en una aplastante tristeza y decepción, Baba dejó la música, empezó a trabajar como pintor y pasaron largos años hasta que ocurrió lo que él mismo considera un milagro.
El regreso del pionero
Durante el confinamiento por la pandemia, Baba volvió a cacharrear con su ordenador para entretenerse y subió varias canciones a internet. Y sin saber cómo, las reproducciones fueron creciendo y creciendo hasta que recibió una felicitación de Nick León, un reputado DJ de Miami que le ofreció trabajar juntos en un remix. Lo lanzaron con el nombre de ‘Xtasis’ y, para perplejidad de Baba, se convirtió en el mejor tema electrónico del mundo en 2022según la prensa especializada. A partir de ahí, le llovieron ofertas para actuar en Europa y el año siguiente llegó a la cima Arrasando en el ‘Boiler Room’ del festival Primavera sonido.
«En la pandemia empecé a subir música, llegaron oportunidades, las tomé y se puede decir que agarré las opciones indicadas y eso llevó a que resurgiera de las cenizas el Raptor House», explica. «Así comenzó una nueva aventura que es totalmente distinta, marcada por sus inicios humildes y demostrando que de alguna manera esto es un milagro de la música».
En opinión de este superviviente de la electrónica, «la libertad y la expresión rebelde de Raptor House son sin duda alguna lo que le ha dado una base de fans internacionales, y en eso también influye que está marcado por una esencia europea-americana desde su nacimiento, porque era la música que se pasaba en las radios, con la que yo crecí y la que me dio inspiración para crear este ritmo».
«El pueblo venezolano ha pasado unos días muy, muy malos, y después ha venido lo mismo de siempre», dice sobre la intervención estadounidense
«Gracias al Raptor House», continúa DJ Baba, «salí de Venezuela por primera vezpude viajar por muchos países de Europa, he visitado ciudades que nunca en mi vida pensé que iba a ver y he conocido personas que jamás pensé que me iban a tierna la mano. Pero lo más emocionante que puede haberme pasado, sin duda alguna, es estar en festivales con los que soñé de niño. La gran lección es que la perseverancia deja frutos hermosos».
Entrevistar a DJ Baba no fue fácil. Vive con su familia en Caracas y la cita a distancia estaba prevista para primeros de este mismo enero, cuando de pronto el país entero se paralizó por la invasión exprés del ejército estadounidense para detener al presidente Nicolás Maduro. Fueron pasados unos días cuando el músico por fin pudo relatarnos su historia y contarnos de primera mano cómo ha quedado el país tras la intervención militar.
«Ahora en realidad no hay tensión por la situación», asegura. «Hay más de lo mismo, y aunque no debería responder a esta pregunta, para mí lo que ha pasado es que hubo tres días que fueron muy, muy duros para nosotros, para la sociedad y el pueblo venezolano, y después ha venido lo mismo de siempre. Claro que me plantea dejar Venezuela, pero para mí, tener hijos adolescentes, es un poco complicado. Mi esposa y yo sí nos hemos planteado movernos a ver qué sucede, pero quisiera que nuestro país mejorara y pudiera hacer mi trabajo tranquilamente, como cualquier persona normal».
