En 1918, al final de la Primera Guerra Mundial, el norte de Francia estaba completamente devastado, sus habitantes eran trasladados constantemente y se habían quedado sin hogar. La guerra había roto millones de familias, matado a esposos, secuestrado a hijos y violado a mujeres. Los franceses solicitaban ayuda: necesitaban ropa, zapatos, ruedas, gasolina, mantas… Pero sin lugar a duda “lo que más pedían era comida y libros”.
El Comité Americano por las Regiones Devastadas de Francia (CARD), formado únicamente por mujeres, ayudó a la población gala a recuperarse de las miserias que dejaba la guerra. Anne Morgan y Anne Murray Dike lideraban el grupo, que contaría con la presencia de más de 300 voluntarias. La escritora estadounidense, Janet Skeslien (Montana, 1971), maravillada por los actos de estas valientes mujeres, se fijó en una de las CARDS que luchó por mantener viva la cultura y los libros, Jessie. Equipo Carson. Su figura inspiraría a la autora a escribir su nueva novela Las bibliotecarias del frente (Navona), donde mujeres a bordo de coches-biblioteca recorren las carreteras adoquinadas de los alrededores de Blérancourt sembrando esperanza en medio de la guerra.
Ha estado trabajando durante diez años en este libro, ¿Por qué tanto tiempo?
Quería resolver el misterio de lo que le había ocurrido a Jessie Carson. En los documentos que consulté se decía que iba a dejar la Biblioteca Pública de Nueva York durante dos años y que luego volvería, igual que un libro de la biblioteca que se presta y luego se devuelve. Pero ella no regresó, lo que me hizo pensar que tal vez había fallecido o se había casado y cambió el apellido. Así que realmente se trataba de averiguar qué le había pasado a Carson y que había hecho que sus hazañas se perdieran en la historia.
¿Siguió un poco los pasos de la otra protagonista del libro, Wendy, en el proceso de documentación?
Sí, exacto.
¿Cómo es importante considerar que fue el trabajo del CARD?
Creo que para Francia el trabajo fue monumental porque no tenían presupuesto. Todo su dinero se destinaba a la guerra. Tenían que alimentar a los soldados, cuidar a los heridos, comprar municiones; no quedaba dinero para ayudar a los civiles. Anne Morgan, al principio de su labor durante la guerra, ayudó a los soldados franceses, pero vio que los militares recibían ayuda de la Cruz Roja y de otras organizaciones, y que los civiles eran los que no tenían nada. Era muy importante que la población reconstruyera sus hogares. Todo lo relacionado con la agricultura había quedado completamente destruida y había minas en los campos. Morgan decidió echar un cable al pueblo francés. En el norte de Francia se conoce esta historia, pero en otras partes del país o en la mayoría de partes del mundo no.
En el libro denuncia el sexismo, el machismo, la desigualdad social, la homofobia o la mentalidad cerrada de mucha gente. ¿Qué papel juegan en la novela?
Es muy importante. A veces, las personas de nuestra época no pueden ver lo que está sucediendo, pero pueden mirar atrás y decir: «¡Oh, eso estuvo mal!», y entonces piensan: «¡Oh, quizás hoy tampoco sea tan bueno!». Así que, a veces, si mostramos algo del pasado que se pueda relacionar con el presente se entiende mucho mejor. Por desgracia, aún hay personas a las que les cuesta entender por qué la homofobia o el machismo son inaceptables.
Aún hay personas a las que les cuesta entender por qué la homofobia o el machismo son inaceptables”
Todas estas desigualdades siguen afectando a la sociedad, ¿cierto?
Exacto, quizás hayamos mejorado un poco, o eso espero. Una cosa que realmente ayudó a las CARD, que muchos provenían de familias muy ricas, fue viajar. Una de ellas nunca había pensado en cuestiones de clase porque estaba arriba de la pirámide social. Durante su estancia en Francia, se suponía que debía viajar en primera clase en tren, pero vio que los soldados que luchaban en la guerra iban en tercera y pensó: «Son ellos los que hacen todo el trabajo, los que hacen todos los sacrificios», así que empezó a cuestionarse el sistema de clases. Viajar puede abrir la mente de las personas y hacerlas reconsiderar todo lo que les han enseñado y todo lo que han pensado. A parte, te aporta experiencias únicas, te enseña nuevos idiomas y costumbres distintas.
Las CARD también aportaron mucho a la lucha feminista
Sí, en ese momento creo que se usaba el término “sufragista”, que reclamaban el derecho al voto, era una palabra que sé utilizaba antes que “feminismo” para referirse a la igualdad de derechos. Anne Morgan procedía de una familia muy rica y todo el mundo la observaba, tenía que tener mucho cuidado con lo que decía o dejaba de decir. Por eso creo que sus acciones demuestran que realmente defendía los derechos y la igualdad de las mujeres. También Jessie Carson tuvo que enfrentarse a la burocracia francesa, encarnada por un grupo de hombres elitistas y machistas. Todas lucharon por tener las mismas condiciones y oportunidades que los hombres.
Wendy Petterson dice en el libro que “escribir es una forma de asegurarme de que nadie pueda volver a silenciarme jamás” ¿Lo piensa también?
Creo que es cierto, sí. Durante mi vida profesional he tenido trabajos mal pagados y me siento impotente por lo que me podía decir mi jefe, él está arriba y tú estás abajo. Escribir es una forma de recuperar el poder y tal vez también de decirle a la gente que está pasando por momentos difíciles, que nada permanece igual. Las cosas mejorarán o empeorarán, pero si estás pasando por un momento difícil, sigue adelante.
Los libros nos muestran que no estamos solos, nos hacen compartir e intercambiar ideas”
¿Los libros tienen el poder de salvar vidas?
Los libros nos muestran que no estamos solos y que tenemos más en común de lo que pensamos, nos unen, nos hacen compartir e intercambiar ideas. En esta obra muestro la valentía de Jessie Carson y, cómo una sola persona, una biblioteca sin dinero ni poder, pudo ayudar a las personas que la rodeaban. Formó a las primeras bibliotecarias francesas y trajo los primeros libros infantiles a las bibliotecas. Que las personas pudieran leer salva vidas, para ellos era una vía de escapada.
¿Y a día de hoy mantienen ese poder o los teléfonos móviles tienen más importancia?
En 1918 el pueblo francés pidió comida y libros. Esas fueron las dos peticiones principales, y fueron realmente hermosas. Hoy en día la gente sigue leyendo, sigue intercambiando e incluso lo hace desde el teléfono. Yo leo desde mi móvil, mi familia y amigos también. Es una tecnología diferente, pero es lo mismo, la misma narración e intercambio de ideas. Aunque la forma haya cambiado, la gente sigue leyendo.
Algunos de los personajes del libro intercambian sus frases y citas favoritas de las novelas que leen. Mi frase favorita de su libro es “Una ciudad necesita una biblioteca tanto como una casa necesita una chimenea” ¿Tiene usted alguna?
Más que una frase es una imagen. Yo soy de un pueblo muy pequeño y tenía muy pocos vecinos, había cinco niñas contadas, y todas ellas recibían educación en casa. Siempre veía a una de esas niñas escaparse, sentarse sobre un montón de escombros y leer. Era lo más lejos que podía alejarse de casa. Esa imagen inspiró el personaje de Marcelle, y muestra cómo la lectura es un escape total de la mente y puede llevarte a otro lugar. Puedes estar leyendo encima de una basura y viajar a cualquier parte del mundo. Quizás sea extraño decir que no tengo una frase favorita sobre mi libro, cuando he escrito a muchos personajes que comparten las suyas constantemente, pero recuerdo a esa niña y realmente aún puedo ver lo mucho que significó la lectura para ella. Nunca la olvidaré.
