‘Los Bridgerton (temporada 4, parte 1)’
Creador: Chris Van Dusen
Dirección: Tom Verica
Reparto: Luke Thompson, Ruth Gemmell, Yerin Ha, Nicola Coughlan
País: Estados Unidos
Duración: 63 – 70 min. (4 episodios)
Año: 2026
Género: drama romantico
Estreno: 29 de enero de 2026 (Netflix)
★★★
‘Los Bridgerton’ Llegó al mundo a finales de 2020 como una especie de merecido regalo para los supervivientes del primer año pandémico. Y esa primera temporada, dulce para los ojos, aliento para el espíritu, dejó tal huella que se resiste a bajar del Top 10 de series en inglés más vistas en la historia de Netflix: hoy por hoy, ocupa el séptimo puesto, seguida en el noveno por la tercera, favorita de los fans que tienen en alta estima a Penelope Featherington/Lady Whistledown (Nicola Coughlan) y celebraron que por una vez no se jalearan solo cuerpos normativos.
En la cuarta, el centro de la historia es un galán solo relativamente clásico, Benedict Bridgerton (Lucas Thompson), segundo hijo varón de la familia y único que queda soltero. Decimos “solo relativamente” porque, en un desvío importante (otro más) de los libros originales de julia quinnen la anterior temporada formó una ‘throuple’ (o pareja triple) con la viuda Lady Tilley Arnold (Hannah New) y su amigo Paul Suarez (Lucas Aurelio) y descubrió su propia pansexualidad, su atracción hacia algunas personas independientemente de su sexo o identidad de género.. Se dio cuenta, como un día le dijo a Arnold, de “lo bien que sienta ser libre”.
Para desgracia de su madre Violeta (Ruth Gemmell), desesperada por casarlo, las mujeres que menos le interesan son las debutantes. Pero Benedict termina acudiendo a la mascarada organizada por Lady Bridgerton y no, no se arrepiente: conoce a una enigmática mujer (la australiana-coreana Yerin Ha), reacia a dar su nombre o decir dónde duerme, que no sabe quién es él ni está desesperada por casarse. Nuestro héroe pide ayuda a su despierta hermana Eloise (claudia jesus) para encontrarla, pero nadie parece conocerla en la alta sociedad, ni siquiera Lady Whistledown.
¿Quizá por no formar parte de la misma (o serlo, pero haber sido convertida en sirvienta, o mejor, esclava, por su condición de ilegítima)? Esta temporada de ‘Los Bridgerton’ arranca un poco como ‘La Cenicienta’ revisada por enésima vez. Hay una madrastra malvada (la Lady Penwood de Katie Leeantiguo primer amor de Harry Potter), una hermanastra (Rosamund, interpretada por Michelle Mao) mucho peor que la otra (Posy, encarnada por Isabella Wei), un zapato perdido (y que encaja), etcétera.
La condición pseudolaboral de Sophie Baek, como se llama la amante soñada de Benedict, permite a la ‘showrunner’ Jess Brownell una inmersión más profunda de lo habitual en el entorno del servicio, ángulo que hace pensar por momentos en precedentes ilustres como ‘Arriba y abajo’cuando el tono es más ligero, o ‘Abadía de Downton’cuando se tiende a la circunspección. El amor no entiende de clases, se nos recuerda, aunque prejuicios e ideas establecidas puedan hacerlo más complicado. Y ninguna convención social debería privarnos de nuestros deseos, del tipo que sean, como defendería una Eloise que ha decidido no casarse.
Son mensajes archiconocidos, de acuerdo, pero tampoco es que veamos esta serie (no al menos todos entre nosotros) para aprender a ser más tolerantes: estamos aquí por las bien trabadas tramas de escándalos y secretos; la posibilidad de la sensualidad; poder sufrir gustosamente con el dolor del anhelode los romances complicados o malditos que tardan tiempo, mucho más tiempo del razonable en llegar a su consumación.
Todo eso está ahí, y como de costumbre, la serie es un festín visual, un despliegue de diseño de producción, de fabulosos vestuario y peluquería: véase ese primer baile de máscaras, fabuloso pastel barroco superpoblado y con vida propia. El habitual Tom Verica dirige no solo de manera competente, sino con importante elegancia. Y Kristen Bowersarma no tan secreta de la serie, aporta una banda sonora original de épica romántica de la que eriza la piel. Es decir, esta temporada arranca como lo mismo (gozoso) de siempre.
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