La primera vez que leiva Escuchó que es alguien con “mucha suerte” fue dentro del ascensor de la sala de emergencias del Hospital Ramón y Cajal, en Madrid. Tenía 12 años cuando su primo Vikxie, a quien considera su hermano y le debe el amor a la música, sin culpa accionó una pistola de perdigones que creía descargada, pero que le voló un ojo.
El celador del hospital, mientras lo trasladaban de urgencias en una camilla, le preguntó su nombre. Entonces, el artista le contestó tímidamente: “Miguel”.
“¿Sabes que eres un tío con mucha suerte? De todas las cosas que uno puede perder en el cuerpo, perder un ojo es una de las pocas que no cambian nada. Vas a poder hacer tu vida exactamente igual que hasta ahora”, le respondió el celador.
Desde entonces, Leiva considera que es alguien con suerte. El grupo Pereza, conformado por él y Rubén Pozo, tuvo éxito en la década de los 2000, pero cuando estaban en su mejor momento, ambos decidieron separarse. Eso trajo consigo una crisis: Leiva pasó de llenar recintos para 20.000 personas a tener aforos de 300 o 400. Sin embargo, con los álbumes Pólvora, Monstruos y Nuclear empezaron a tener una repercusión no imaginada. “Lo que yo he recibido es mucho más de lo que yo he entregado. Y creo que eso tiene que ver con la suerte, no con el talento y el esfuerzo”, recalca el artista español, quien se presentará por primera vez en Colombia el 21 de enero en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán, en Bogotá, con la gira de su álbum Gigante.
El cantante tiene grandes expectativas para su show en Colombia. Foto:música sony
Su suerte también se remonta a una enfermedad crónica. Hace unos años lo diagnosticaron con una lesión irreversible de una de sus cuerdas vocales. “Afortunadamente me permite seguir cantando, pero antes de cada gira debo someterme a una cirugía para no quedarme afónico. Tuve que obligarme a bajar el número de conciertos para evitar problemas, pero es algo que, entre todo, me permite seguir haciendo lo que amo”, dice para EL TIEMPO.
¿En qué momentos ha sentido que es un hombre con suerte?
Tengo la sensación de que hay muchas cruces de caminos en mi vida que han cambiado el rumbo de muchas cosas, lo que evidencia que lo que ha sucedido en mi vida no ha sido del todo fruto del esfuerzo. Evidentemente llevo 25 años en la carretera, tengo 13 discotecas y he comprado boletos para que algo me toque. Los sueños son alcanzables, pero te hace falta tener suerte y que el viento vaya contigo, porque háblale a un deportista que lleva entrenando nueve horas al día en una barra para unas Olimpiadas y el día anterior se lesiona. En mi vida hay una injerencia muy grande de la suerte. Aparte de las canciones, de las giras o del compromiso que he tenido con la música, porque realmente lo entregó todo. También esto ha traído consigo que tenga inconvenientes para construir relaciones sentimentales porque no pasa mucho tiempo en casa.
En la discoteca Gigante hay un alcalde intimidado. Relata su vida en el barrio de La Alameda, en Madrid, también esa irrealidad que menciona de los escenarios. ¿Qué tan complicado es exponer su vida íntima en canciones?
Con este último disco siento que he destaponado algo. Me empezó a conceder poder hablar de cosas a las que antes no me atrevía a ponerles palabras. Más allá de la valentía de tener la honestidad de contar cosas íntimas, siento que es el único canal por el que lo puedo decir. Si no es a través de la música, no me atrevería a contarlo. Entonces casi es un acto de cobardía y un espacio para decir algo que mirándole a los ojos a alguien creo que no sería capaz. Estoy encontrando una forma de comunicarme conmigo mismo que es a través de la música.
En su documental Hasta que me quede sin voz la mayor parte del tiempo en el que no está de gira usted está en solitario. ¿Qué sentiste cuando lo vio?
Me sorprendí ver que hay muchos momentos de mi vida que los paso solo, de forma elegida afortunadamente. También entendí que es la única forma de poder tener una relación activa con la creatividad y la composición. Ahí lo entendí y pensé: por eso hago tantas canciones (risas).
Usted lleva 25 años de trayectoria. Ahora hay un mayor control de que ustedes, como artistas, pueden saber cifras, métricas, los segundos más escuchados y demás. ¿Eso cambió su forma de hacer música? y ¿cómo perjudica eso a los nuevos artistas?
En mi habitación el compositor soy yo e intento que no entre ningún elemento que me condicione. Jamás me ha pasado porque la creación es lo que más me gusta. Ese es el lugar donde no hay presidentes, ni políticas ni jueces. Estoy yo haciendo música, siendo libre.
La música ha cambiado en la medida en la que ahora mismo, aunque hay mucho talento, creo que la oportunidad es menor porque la paciencia del mundo es menor.
Ya no hay tiempo para desarrollar proyectos. Las carreras tienen que ser rentables muy rápido. Entonces se debe destacar de manera muy rápida y fulgurante. Eso es imposible que se haga bien porque las carreras musicales son montañas. Nunca hay una que solo vaya hacia arriba u otra que solo baje.
Hay una pulsión de la industria ahora mismo muy voraz, muy esquizofrénica y muy poco conectada con el desarrollo de una carrera. Ahora es más difícil que nunca, a pesar de las redes sociales y la posibilidad de proyectar tu música sin que nadie de una compañía de discotecas te elija.
Todo ha cambiado. Ahora estamos viendo una película ya la vez leyendo un periódico, pero también poniendo algo al fuego y luego comprando un libro por Amazon. ¿Cómo vamos a estar bien como seres humanos si estamos haciendo tantas cosas al tiempo?
Hablemos ahora de su canción Caída libre. Esta fue compuesta por la depresión de uno de sus mejores amigos y, además, es la última canción que grabó Robe Iniesta antes de morir en diciembre. ¿Qué significado tiene este tema?
Hace unas noches fue la primera vez que tocó la canción después del fallecimiento de Robe. Él estuvo muy presente en los debates de la creación y en los arreglos. Ahora, cada que la toco, pongo un micrófono al lado mío. También sé que es lo último que grabó. Ahora, cada que salgo al escenario a tocar esa canción, me conecto con él de forma muy rápida. Y tengo la fortuna de un par de noches por semana acercarme y comunicarme a él. La gente puede pensar que es suerte para el público, pero realmente es para mí. Tengo la oportunidad de estar cantando Caída libre y escuchando su voz en mi cabeza. Eso es muy emocionante. Robe está sellado en el alma, de por vida.
Leiva trabajó con Joaquín Sabina. Foto:música sony
Actualmente también está colaborando con Joaquín Sabina en su última producción. ¿Cómo ha sido esa sincronización con él?
Tengo la suerte de estar muy cerca de Joaquín Sabina. Es uno de mis mejores amigos. Estamos componiendo un disco nuevo, pero no sé cuándo saldrá ni cómo, pero su voluntad es que editemos ese disco.
Una parte del público lo pone a usted como el sucesor de Sabina. ¿Qué opina de ello?
Creo que es desmedido (risas). Si miramos la edad a la que escribió Joaquín Calle Melancolía, Y sin embargo, entre otras, no hay comparación. Yo he tenido la suerte de aprender de él, que es un gran poeta, que tiene una manera de escribir canciones que emiten en otra frecuencia y juega en otra liga.
¿Qué representa estar por primera vez en Colombia?
Es muy importante para mí por la ilusión de su riqueza cultural, musical y porque tengo muchos amigos de allí, además de que, por lo visto, hay un público que está dispuesto a verme. Cuando llegas por primera vez no tocas para deleitar sino para conquistar y esto te pone en otro sitio. Entonces siento que va a ser especialmente emocionante y estoy ilusionado.
GUSTAVO MOLINA
Para EL TIEMPO
