Una amiga de Estados Unidos, a quien llamo desde Galicia, me pide que la describa con una frase. Le digo: Galicia es donde va a morir la mierda . En Galicia las bobadas no sobreviven, se detectan. Hay una cita muy conocida de Hemingway que dice que la literatura es precisamente eso, un detector de mierda un detector de tonterías, de charlatanería, de absurdos sociales.
De los gallegos suele decirse que son ambiguos, que saben salirse con la suya con rarezas varias, pero cada vez que vuelvo aquí en vacaciones corroboro lo siguiente: a mí en Galicia me pasa lo contrario, se me reactiva cierto sentido común. Mejor dicho, aquí me avergüenzo de mi discurso sin intención, de cualquier exceso de fantasía intelectual. La falta de claridad y la tendencia al idealismo es eso que, según Hemingway, la literatura debería señalar.
De los gallegos se dice que son ambiguos, pero a mí Galicia me reactiva cierto sentido común
¿De dónde viene, pues, la idea de los gallegos como seres que no se mojan, que son elusivos, especialistas en defender una cosa y la contraria? Hay una entrevista en que le preguntan a Borges: “¿Qué opina usted sobre los neologismos en su obra?”. A lo que Borges contesta: “¿Neolo… qué? Me perdí en la segunda sílaba”. Lo más probable es que a Borges le pareciese una pregunta demasiado académica, y la verdadera lucidez a veces se hace pasar por ingenio. Se niega a aceptar el vocabulario que adorna la realidad, en vez de penetrarla.
Catedral de Santiago de Compostela, en la Plaza del Obradoiro
Los santos tontos de la Biblia, que parecen idiotas al resto de mortales, tienen una conexión con Dios: su lenguaje va más allá del lenguaje humano, lleno de eufemismos. En Galicia, me parece, tampoco se aceptan los eufemismos, hay un intento de llamar a las cosas por su nombre, incluso cuando ese intento da con el nombre errado. La búsqueda sigue, y no se apoya en conclusiones falsas. Por eso debe revestirse de inocencia o ignorancia, porque es una actitud tan pueril como filosófica: ir más allá de las palabras, que a menudo nos sirven para envolver y conciliar más que para dar con el magma terrestre.
Un conocido poema de WH Auden lo dice así: “ Todo lo que tengo es una voz / Para deshacer la mentira doblada ” (Todo lo que tengo es una voz / Para desplegar la mentira plegada). Las personas tendemos a creernos, doblar y amontonar nuestras capas de lenguaje, y luego nos echamos a dormir sobre esa cama de cuestionables y cómodas certezas. La voz del escritor sirve para deshacerlas, para desmentirlas.
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Esto es palpable en la literatura, pero también en la cultura popular, que acepta pocas tonterías y señala las frivolidades del modo más cómico, como en uno de los momentos estelares de la Televisión de Galicia: en un clip memorable, el presentador Xosé Ramón Gayoso llama a una casa aleatoria, en plena noche, para dar un premio navideño, y se lleva un glorioso rapapolvo por haber despertado al ganador, que cuelga enfurecido: “¡¿Pero tú mañana no trabajas?!”.
