¿Cómo nace un icono? ¿Cómo inventar algo que perdurará décadas, que recordarán generaciones, que imitarán decenas, quizás cientos después? La respuesta es obvia: sin tener ni idea. La clave la da Richard Linklater, maestro del tiempo infinito del cine que ha recreado el … Chispazo inicial en el universo cinematográfico de Jean-Luc Godard: el rodaje de ‘Al final de la escapada‘, una película que es en sí un icono, con Belmondo y Seberg sellando para el futuro el ideal de lo que debían ser aquellos años.
Se va Linklater, un tipo de Texas más romántico que americano, a los Campos Elíseos, en agosto de 1959, para encontrarse con lo que él llama «un buen charlatán». Un «donnadie» que «lo que no sabe, lo llena con citas y con teoría». Y, pese a que ha visto todo, a que ha criticado todo, por entonces Jean-Luc Godard Parecía no saber nada dentro de un rodaje, con docenas de personas a su carga esperando una orden concreta, una decisión lógica. «Un Godard vulnerable e inseguro al que nadie creía», dice Linklater, cuya película ‘Nueva Vague‘ -que se estrena el viernes en cines- es el fruto de este viaje cinéfilo.
Recapitulamos. Estamos navegando la Nueva Ola. Agnès Varda había dirigido ‘La pointe courte’ en 1954; Claude Chabrol‘El bello Sergio’ en 1958; Alain Resnais se enamoró de la crítica con ‘Hiroshima, mon amour’ (1959) y François Truffaut había dejado congelada la juventud eterna en el plano final de ‘Los 400 golpes’ (1959). Quedaba Godard. Era el último. Todos lo esperaban pero pocos se fiaban de esa lenguaraz de pluma afilada que había destrozado tantas películas con la tinta de ‘Cahiers du cinéma‘. Linklater lo recoge en mitad de una crisis de confianza que un ególatra redomado como Godard solo sabía camuflar con más ego, con más confianza impostada. Y se fija en un Belmondo (aquí Aubry Dullin) que es todo desparpajo y carisma natural, y en una Jean Seberg (Zoey Deutsch), ya por entonces estrella estadounidense, que no sabe muy bien cómo ha acabado rodeado de esos locos expertos en ver cine, pero inexpertos en hacerlo. «Aquello fue un tiempo y un lugar único (los de la ‘Nouvelle Vague’). Eran muy buenos vendiéndose y documentando lo que hacían. Aunque lograron crear un fenómeno cultural más que un éxito financiero. Simplemente, eran algo diferente y quedaban geniales en las fotos, tenían un cierto atractivo», recuerda Linklater.
Tres momentos de la película de Richard Linklater que homenajea ‘Al final de la escapada’: arriba, en la reconstrucción del mítico paseo por los Campos Elíseos, abajo, un retrato corto de Zoey Deutch como la mítica Jean Seberg y, en último lugar, la propia Deutch con Aubry Dullin en la escena de la habitación de Belmondo con Seberg.
Así nacen los mitos. Así se crean las imágenes que se imprimirán en pósters, que adornarán camisetas, que resumirán lo que fue la ‘Nouvelle Vague’ en un solo disparo de nostalgia y ‘memorabilia’. Es, claro, ese paseo de Belmondo y Seberg en los Campos Elíseos enamorándose sin quererlo entre gritos de ‘New York Herald Tribune’, o ese juego entre las sábanas que atestiguan una promesa de un futuro que nunca llegará. Linklater –recuerden, un americano en París navegando las chovinistas aguas de la cinefilia francesa– recrea esos momentos con precisión (consiguieron hasta la cámara del rodaje original): la premura de rodar escenas en mitad de la calle, sin permisos ni aviso; la improvisación y el desconcierto de los actores; las citas trascendentales de Godard ante preguntas banales… Todo con un toque magnífico de ligereza y humor, porque Linklater, que sabe ponerse muy serio cuando tiene que hablar de amor (la trilogía de ‘Antes del amanecer’) o muy profundo cuando trata de capturar los instantes de una vida (‘Boyhood’), en ‘Nouvelle Vague’ se desliza por el camino de la diversión. No hay nostalgia, aunque lo parezca –«La nostalgia es muy peligrosa, querer volver al pasado es una especie de moda autoritaria», dice Linklater–, lo que hay es un director enamorado de otro director, de un momento único en el que los átomos se unen para crear una explosión cuyo brillo durará décadas: «Nadie en aquel rodaje se daba cuenta de que estaban haciendo una película que sería muy buena. Cada vez que vas a hacer una película, las personas que trabajan en ella no tienen idea de si va a ser buena, particularmente con un director primerizo», contaba Linklater a ABC el pasado Festival de San Sebastián.
«La nostalgia es muy peligrosa, querer volver al pasado es una especie de moda autoritaria»
Richard Linklater
Cineasta, director de ‘Nouvelle Vague’
Obviamente, ‘Nouvelle Vague’ no es ‘Al final de la escapada’, ni sus actores y personajes tienen el carisma arrebatador de la pareja Belmondo-Seberg, aunque se le acercan tanto que el Godard de Linklater, que interpreta Guillaume Marbeck, acaba eclipsado en el tramo final por la magia de esos personajes que iba inventando en su libreta cada mañana. «Tenía claro que esta no era una película sobre íconos», puntualiza el director americano. «Mi ‘Nouvelle Vague’ es sobre alguien haciendo una película que probablemente no será buena. Ese era el tono en el set. Así que fue divertido mostrar versiones jóvenes de todas estas personas y ver cómo toda esa iconografía estaba siendo creada», recuerda, para después profundizar: «Les dije a los actores: no estás interpretando a Belmondo, aún no eres Belmondo; y tú no eres Godard, nadie sabe quién eres, eres un nadie’. Al equipo también se lo decía, porque era realmente importante quitar cualquier cosa demasiado grandiosa. A Marbeck le dije que podía reírse un poco de Godard porque, como dijo alguien alguna vez, ‘un cineasta primerizo es un general sin un ejército‘. Es interesante porque es la primera y la última vez que los directores experimentamos esa sensación. En la película hay un sentimiento de disfrute, de juego, y se trata de reconstruir visualmente ese universo», remata.
Tres fotogramas del clásico de Godard que se emparejan con las tres instantáneas anteriores de ‘Nouvelle Vague’. Aquí, Jean Seberg y Jean-Paul Belmondo en su mejor momento, en 1959. ‘Al final de la escapada’ se estrenaría en marzo de 1960
En esa reconstrucción volvemos a los Campos Elíseos, un agosto de 1959, siete meses después de que se estrenara la película, cuando todo era todavía una incógnita que solo existía en la cabeza de Jean-Luc. En esos Campos Elíseos Belmondo le dice a Jean Seberg: ‘Te apetece acompañarme a Roma; sí, es una tontería, te quiero… Quería volver a verte para saber si verte me gustaría’. Ella le responderá, después de varios intentos de vender a gritos el ‘New York Herald Tribune’: ‘Tengo muchas cosas que hacer en París’. Los vecinos que se los cruzan no los miran a ellos, sino a los que les siguen con la cámara; alguno incluso ‘rompe’ la cuarta pared y mira directamente al objetivo. Linklater desmonta ese paseo, el artilugio donde llevaban esa cámara «oculta» tras la pareja, los diálogos posibles que se dijeron en esos tomas en las que el sonido no era directo y todo se regrababa después. Quizás cuando Belmondo y Seberg caminaban con la cámara a sus espaldas hablaban del frío, de que anoche hubo fiesta, de la última canción que escucharon, de lo petardo que era Godard. Nunca lo sabremos y por eso Linklater se inventa un nuevo diálogo antes de ese beso para la historia en el quiosco de prensa.
Hace años, en ‘¡Qué grande es el cine!’, el maestro José Luis Garci Definió a Godard como «el tipo más valiente». «Se atrevió a romper la narrativa; un hombre de juventud en cada plano, en cada encuadre», decía, y también: «’Al final de la escapada’, ‘À bout de souffle’, es una película pop anterior al sentimiento y la idea del pop. Y un canto de amor también por el cine porque Godard se amamantó de cine y el cine le recorría las venas». Y sí, Godard se labraría después la fama de gruñón insolente, quizás como homenaje a esa primera frase que escribió en ‘Al final de la escapada’, ese «a fin de cuentas, soy gilipollas» que da inicio a una filmografía inmensa que no dejó de alimentar hasta que murió en 2022, a los 91 años. Aunque todo empezó con un chispazo, con un big bang milagroso que ahora Linklater recupera, homenajea y santifica. Así mar.
