A pesar de que La Zaranda se autodenomina ‘Teatro inestable de ninguna parte’ (en su origen era de Andalucía la Baja, pero el divorcio con su tierra motivó el cambio geográfico), la realidad es que esta compañía lleva cuarenta y ocho años pisando los … escenarios -en España y en América-: «Y somos los mismos que empezamos», dicen orgullosos francisco sanchez (más conocido como Paco de la Zaranda) y Eusebio Calonge. Ambos son la cabeza visible (el primero como director y actor, y el segundo como autor) de este inimitable conjunto, que a partir de este jueves, se presentará en Nave 10 Matadero su obra ‘Todos los ángeles alzaron el vuelo‘, que estará en cartel hasta el 25 de enero. Ingrid Magrinyá, Natalia Martínez, Gaspar Campuzano, Francisco Sánchez y Enrique Bustos interpretan la función, que cuenta con la iluminación de Peggy Bruzual y el vestuario de Encarnación Sancho.
«La obra -cuenta Calonge- estaba escrita e íbamos a empezar a ensayar pero la muerte de Laura Gómez la Cueva truncó este estreno, porque no teníamos el ánimo de suplirla en aquel momento, e hicimos otro trabajo, ‘Manual para armar un sueño’; pero ‘Todos los ángeles…’ es anterior. La obra nace de muchos afluentes; nace de lo mismo que nacen todas las obras de La Zaranda: de lo que nos mueve, del dolor, de las pasiones humanas siempre, que siempre están como fondo. Es lo primero que te impulsa a escribir, lo que te tiene enquistado por dentro es lo que te hace escribir».
Entra entonces en escena -de manera literal en este caso- Paco de la Zaranda. «Se puede decir que hay una dramaturgia literaria y una dramaturgia escénica, y la una no puede vivir sin la otra. La literatura teatral no sirve si no se hace carne y para hacerse carne necesita lo literario. La suerte que tenemos es que Eusebio está con nosotros y los textos se van transformando en la medida en que buceamos por ellos: y él se viene a las profundidades del texto con nosotros». «Es el actor quién le descubre al autor cómo se dice su texto con el cuerpo -reflexiona Calonge-; desde las miradas, desde su propia existencia, desde su sudor, desde lo más básico humanamente…».
«Y yo me atrevería a decir incluso que quien más sabe del trabajo es el personajepero a él no se le puede hacer ninguna entrevista -sonríe-. Es quien habla desde el escenario -con los objetos, con la luz, con todo lo que conforma el mundo creativo-. Si los personajes pudieran hablar, podrían contarnos y saber algo más sobre los textos, pero ahí está el secreto y el teatro es precisamente ese misterio. El autor puede hablar de los personajes, el actor puede hablar de los personajes, pero el teatro es ese silencio que tienen los que hablan de verdad, esos mismos personajes».
A pesar de que lleva casi cincuenta años escribiendo para los mismos actores, Eusebio Calonge dice que nunca piensa en ellos cuando se sienta delante del folio en blanco. «Yo pienso en que aparece el personaje. Lo que te sorprende realmente cuando aparece la epifanía es que aparecen los personajes, y que te den acciones y situaciones, porque la literatura dramática es una literatura para versosobre todo en el cuerpo de los actores. Como autor, siempre les doy mucha libertad; nunca escribo acotaciones como que un personaje es alto o bajo, tiene bigote o viste un traje gris…, ni les pongo cara».
«El universo de La Zaranda presenta siempre personajes con un hálito de desesperación, en los márgenes, con cicatrices»
La Zaranda tiene un universo tan particular como reconocible, que parece inspirarse en la picaresca española, las pinturas negras de Goya o el esperpento valleinclanesco… «Ese universo puede estar, de alguna manera, en espíritu -reflexiona Calonge-; que los personajes tengan siempre un hálito de desesperación, que siempre sean personajes en los márgenes, que siempre tengan esas cicatrices que uno abre… eso tiene que partir siempre de la escritura en el teatro. Pero luego la carne, que es lo que ve el público, ya lo aportan los ensayos, lo aporta cada actor. La dirección de Paco muestra esa carne de La Zaranda, pero el espíritu, lo que duele, tiene que partir necesariamente en el teatro del propio texto. Uno moja la pluma, al fin y al cabo, abriendo cicatrices. No hay otro modo de escribir vivo. Si no es lo que a ti te duele lo que te hace escribir, es que tienes muy poco que decir».
Hablan dramaturgo y director del dolor. ¿Solo se puede contar desde el humor, aunque sea un humor tan negro como el de sus obras? «El humor en La Zaranda es un modo de tomar aire -responde Calonge-, porque si no sería verdaderamente un vuelo en picado. el humor nos hace, de alguna manera, reflexionar; parar un momento, descansar. Alivia un momento, aunque sea para luego seguir cayendo. Argumentalmente, muchas veces el proceso va hacia abajo en la tragedia para llegar a un desenlace absolutamente oscuro, pero ese humor es inevitable como toma de aire. Y también muchas veces sondea hasta qué punto el público está implicado con lo que pasa en el escenario, con la energía actoral. El humor es muy directo en este sentido».
«El humor es lo más serio y lo más difícil -interviene Paco de La Zaranda-. Lo aseguraban los comediantes antiguos y yo lo corroboro. Hacer reír es muy difícil; la risa nace de lo trágicoy para llegar a ella ha de tener hondura porque si no es un humor vacío, que me parece lo más chabacano. Cuando el humor es profundo es porque tiene la profundidad de lo trágico. No hay más profundidad en la tragedia que en la comedia».
«Hacer reír es muy difícil; la risa nace de lo trágico, y para llegar a ella ha de tener hondura porque si no es un humor vacío, que me parece lo más chabacano. Cuando el humor es profundo es porque tiene la profundidad de lo trágico»
Paco de La Zaranda, director
‘Todos los ángeles alzaron el vuelo’ presenta una serie de personas marginales: dos prostitutas, un expresioniario, una proxeneta y un loco lúcido. «Eusebio Calonge les da voz a los que no se oyen -dice Rocío Bellodramaturgo de la temporada 2025/26 de Nave 10 Matadero-. Y en escena están los marginados, la gente que no pertenece al estado de bienestar, la gente que siempre está a punto de desaparecer, que vive en un polígono o en un descampado, en el borde de un portal, en definitiva, la gente sin sitio. Solo La Zaranda, con su satírico y trascendente teatro, puede hacernos albergar un poco de esperanza sobre el viaje que todos emprenderemos, incluso antes de que llegue».
«El texto es la brújula en el laberinto que siempre es un montaje teatral -explica Eusebio Calonge-: Por muchos cambios que se pueden hacer durante la puesta en escena, siempre recurre al libreto. La estructura clásica: planteamiento-nudo-desenlace siempre va a estar, por más que sea de manera elíptica, porque si no aquello no se sostiene, no hay manera de avanzar hacia adelante. Pero lo interesante sucede cuando la trama se detiene a través de un símbolo, a través de una imagen en la que aparece una referencia que para el espectador es interesante -incluso puede que sea lo que finalmente se lleve de la función- y se hila, o se trenza, con los mimbres, que son los destinos de cada personaje».
