La polémica que a comienzos del año pasado afectó al Liceo debido a conciertos de dudosa calidad organizados por una promotora externa que había alquilado la sala dio paso, ahora, al primer Concierto de Año Nuevo del Gran Teatro. La velada iba a contar con dos voces españolas que se han consagrado como estrellas internacionales, asiduos de las temporadas del coliseo barcelonés, la soprano. Saioa Hernandez y el tenor Xabier Anduaga. Pero la cantante madrileña canceló en el último momento y, micrófono en mano, se disculpó ante el público aduciendo un catarro, evidente en su voz; yoy reemplazaron a las sopranos Alexandra Zabala, del Coro liceísta y Laura Brasó.ganadora del 41° Concurso de Canto de Logroño.
La cita contó con un conjunto sinfónico conformado por músicos de la Simfónica del Gran Teatro y de la Orquesta del Teatro La Fenice de Veneciaun hermanamiento que remite a la complicidad entre ambos coliseos afectados por desastrosos incendios a finales del pasado siglo y felizmente reconstruidos. A pesar de la ausencia del Coro del Liceu, que se echó en falta, la colaboración redundó en un sonido empastado, bien guiada por la batuta del maestro Riccardo Frizza, un director que ha dirigido en repetidas ocasiones en los podios de los dos teatros.
El programa, con ajustes de orden y contenido debido a la baja de Hernández, era eminentemente lírico, pero apostó más por piezas sinfónicas –de óperas de Rossini, Donizetti, Verdi, Bellini, Puccini y de alguna opereta– que por intervenciones de los cantantes. Se propusieron, eso sí, piezas de lucimiento para Anduaga, quien arrancó con una apabullante versión del aria de los nueve Do de pecho de ‘La hija del régiment‘ que dejó al público entusiasmado, ovacionándolo. Después de esa exhibición de facultades, en la que el joven y consagrado tenor se mostró en su salsa, continuó más tarde con un alarde de dones canoros, virtuosismo y pasión dramática, todo ello refrendado con un insuperable “No puede ser” de la zarzuela. ‘La taberna del puerto’ de Sorozábal. El único dúo interpretado no era el más adecuado para su tesitura, el emotivo “O soave fanciulla” de ‘La Bohème’ que el tenor vasco interpretó junto a Laura Brasó despidiendo la velada, y con quien cantó el brindis de ‘La Traviata‘como propia.
Alexandra Zabala, por su parte, se atrevió con la difícil entrada de la señora macbeth verdiana, ofreciendo un canto muy solvente, agudos firmes, graves sólidos y coloratura suficientemente ágil.
La noche acabó con la celebérrima’Marcha Radetzky‘, final de fiesta en el que Frizza contó con la colaboración de un público entregado.
Suscríbete para seguir leyendo
