El director del Teatre Lliure, Julio Manrique, se ha convertido en el embajador del dramaturgo Jez Butterworth en nuestro país. Después del éxito de Jerusalén, que dirigió en el teatro Romea en el 2020, con Pere Arquillué al frente del reparto, ahora dobla la apuesta con El barquero, reconocido por la crítica internacional y que se estrena el jueves 5 de febrero en la sala Fabià Puigserver, con 19 intérpretes en escena.
La familia, la patria y la lucha del IRA centran esta historia, que pasa en un solo día en una casa de un pueblo de Irlanda del Norte, a finales de agosto del año 1981, en uno de los momentos críticos de las reivindicaciones republicanas. Butterworth, nacido en Londres, “está vivo y está muy vivo”, recuerda Carles Martínez, uno de los actores de este extenso reparto, de manera que controla la producción. Además, explica Manrique que las acotaciones son muy largas y precisas, “incluso especifica qué cuadro tiene que colgar de cada pared”.
“Entramos por una ventana en la vida de la familia Carney, republicana y católica”, explica el director
Sin embargo, el director y todo su equipo declaran que ha válido la pena levantar esta función. “Era muy impresionante entrar en la sala de ensayo y ver cuántas almas hay en esta barca, ¡y qué almas!”, manifiesta Manrique. “No había hecho nunca una obra con tantos intérpretes, ha sido muy trabajoso, pero ha sido sorprendentemente fluido, hemos caminado de la mano y hemos creado una familia extraordinaria: cada ensayo ha sido una celebración”.
“Habla de la tierra como fuente de vida y también de muerte. Es una obra dura, pero llena de vida, con un espacio escénico de Lluc Castells impresionante. Dice Imma Colomer que empieza como una fiesta y acaba como un drama, pero tiene un mensaje muy relevante en los tiempos que corren. Nos gustaría que esta barca que habla de la guerra ofrezca la posibilidad de la paz”, continúa el director.
La acción pasa en un solo día de agosto de 1981, con un prólogo en una calle de Derry el día antes, y habla de una época de treinta años de conflicto, que aún hoy tiene heridas abiertas. “Es un momento en el que los presos hacen huelga de hambre para reivindicar que son presos políticos, pero la entonces primera ministra británica, Margaret Thatcher, en un discurso célebre, repite que son criminales. En medio de este contexto, entraremos por una ventana en la vida de la familia Carney, republicana y católica. Y lo que les sucede es que falta uno, que lleva diez años desaparecido, Seamus Carney”, explica Manrique.
” Jez Butterworth construye una ficción a partir de hechos reales, como el caso de los 17 desaparecidos que hubo entonces. Fue una estrategia que usó el IRA cuando sospechaban que alguien era confidente de la policía. Por lo tanto, en esta casa hay un fantasma. En estas situaciones, a pesar de todo, la vida continúa, y había muchos sobrentendidos, muchas cosas que no se podían decir, pero se entendían”, detalla el director.
La veterana del grupo, Imma Colomer, opina: “La obra también habla del odio, de la violencia que se genera al no escuchar las pretensiones del pueblo. Tiene muchas resonancias con cosas que han pasado aquí en Catalunya. El odio no aporta nada, pero cómo te lo puedes quitar de encima cuando has sufrido tantas cosas. Como también pasa en Palestina”.
El barquero tiene tres actos de poco más de una hora cada uno, más los entreactos. El texto, en traducción del inglés de Cristina Genebat, está publicado por la editorial Comanegra dentro de la colección. Llum de guardia. “El título de la obra está en clave poética y se descubre a lo largo de la obra”, concluye Manrique.
