¿Qué puede hacer alguien que de repente ha perdido a su madre, el lugar donde vivía, la ciudad que la acogía y hasta su propia identidad? Es la historia de Adelaida, quien a sus 38 años debe empezar a huir de quienes fueron sus protectores y figuras de autoridad, del lugar donde echó raíces y que ahora se ha convertido en tierra de nadie, ultraviolenta, peligrosa, intimidante. Ella, interpretada por la colombiana Natalia Reyes, es la protagonista de la película ‘Aún es de noche en Caracas’, de las directoras Mariana Rondón (Venezuela) y Marité Ugás (Perú) y que se acaba de estrenar en los cines de Colombia.
“Es una película que empieza con el duelo de su madre, pero luego es la pérdida de su casa, pero luego es cómo se desmorona la sociedad, cómo la conoce, cómo ve que las personas que están ahí para defenderte son los que te atacan (los militares), cómo debes perder tu propia identidad, el desarraigo, tu madre, tu país, el exilio, creo que es algo que lo decimos así y es súper relevante y latente para lo que está pasando en el mundo”, expresa Natalia Reyes que se mete en la piel de Adelaida.
‘Aún es de noche en Caracas’ se sitúa en la capital venezolana durante las protestas de 2017, un período marcado por la represión estatal, la censura y una violencia que dejó más de cien muertos. La historia se basa en la novela ‘La hija de la española’, escrita por Karina Sainz Borgo.
Édgar Ramírez, actor y productor. Foto:@batarata
La pesadilla que enfrenta Adelaida es mayúscula: en abrir y cerrar los ojos, ya no tiene nada, ya no es alguien, ya no pertenece a ningún lugar, luego de que su apartamento es tomado por mujeres afines al régimen. La debe esconderse, iniciando un recorrido de supervivencia física y emocional que refleja el despojo, el miedo y la ruptura social de todo un país.
“Pasa mucho más rápido de lo que crees -comenta el actor venezolano y productor de la cinta Édgar Ramírez-. Para nosotros, la universalidad de la película era algo muy importante, especialmente para los venezolanos, porque aún cuando la película no sirve como vehículo para poder trabajar la herida, esa herida que llevamos todos los venezolanos después de más de 25 años de devastación y de destrucción sistemática de un país en el que su gobierno se transformó en un régimen que les declaró la guerra a sus propios ciudadanos, que es un fenómeno que obviamente es bien complicado de entender en muchos otros países, por eso que las decisiones a las que se han visto forzados tantos millones de venezolanos son tan difíciles de entender”.
El marco histórico es fundamental para contar este relato, pero su esencia radica en la persona y el terrible impacto emocional que vive tras un colapso como el que ha vivido Venezuela…
Édgar Ramírez: más que una valoración histórica o más que una valoración de los hechos, hemos querido describir el estado emocional en el que se encuentra la gente de a pie, porque básicamente quienes sufren las primeras consecuencias de una dictadura, de un régimen totalitario, es la gente común, especialmente las mujeres y las niñas. Esta es una historia de mujeres, en la que son víctimas y también se convierten en victimarias, y por eso para nosotros era importante poder contar esta historia utilizando elementos del thriller de supervivencia, de horror, porque básicamente es una película de terror, la única diferencia es que el monstruo no está debajo de la cama, el monstruo no es un espectro que cruza paredes, no es un ente sobrenatural, el monstruo es el soldado y el soldado que estaban supuestos a protegerte, a servirte, y ahora te disparan en la calle por protestar por tus derechos, te meten a la cárcel, te torturan, el monstruo es el servidor, el empleado público, que trafica con tu dolor, con tu enfermedad, con tus medicinas, con tus documentos, con tu comida, te extorsiona; el monstruo es tu propio vecino, que lamentablemente se ve forzado a delatarte ya traicionarte para también poder sobrevivir. Este es el drama central tanto de la película como al que han sido sometidos tantos tantos venezolanos por ya demasiados años de desintegración del tejido social, cuando ya no sabes en quién confiar, porque tu vida cotidiana, las diligencias más sencillas para cualquier persona en otro país, en Venezuela por demasiados años ha sido vivir en un estado absoluto de emergencia y la diligencia más sencilla se convierte en una odisea, una épica absoluta.
Es interesante que Natalia sea precisamente la protagonista, siendo colombiana, un país donde hemos vivido una guerra civil por años, hemos vivido el desarraigo, el exilio, la pérdida de identidad y el miedo constante de que la vida sea una pesadilla.
Natalia Reyes: Sí, yo siento que la película también muestra esa herida que tenemos todos como latinoamericanos, ese miedo latente, esa sensación de que en cualquier momento se va todo al carajo, tenemos unas democracias muy débiles, tenemos unos sistemas que los derechos humanos que se vulneran de una manera catastrófica en cualquier momento, entonces sí siento que es una película que habla de esa herida que compartimos como latinoamericanos, pero sobre todo, es un llamado a la empatía, a la humanidad.
Édgar Ramírez: esto también te puede pasar a ti, que es un poco lo que nos sucedía cuando estuvimos en septiembre el año pasado y estrenamos esta película en el Festival de cine de Venecia, allí fue el estreno mundial de la película, muchos de ellos no eran venezolanos, no eran latinoamericanos, gente de muchísimos otros lugares del mundo que salían muy conmocionados de ver la película, gente llorando, temblando, en estado de shock, porque la película funciona como un espejo, porque lamentablemente resulta demasiado real para la situación general en el mundo en este momento (…) pese a la información periodística, datos y números, no hay una dimensión de la tragedia, de la devastación en la vida cotidiana, que es algo que por lo general los titulares de prensa por razones comprensibles no llegan a abarcar, y ahí es donde el cine se convierte en un instrumento maravilloso de empatía, porque en la película te das cuenta de que la historia está completamente centrada en el personaje de Natalia, en la vida de una mujer absolutamente normal, no es nadie famoso, es una heroína anónima cuya gran victoria, cuyo gran viaje es poder sobrevivir.
Así es, el cine es el vehículo masivo para dar a conocer estas tragedias, porque si bien están en los medios, es gracias a las pantallas que la gente empieza a hablar, a entender la dimensión. El cine se convierte en una herramienta social y política fuertísima, de alguna manera.
Édgar Ramírez: Te lo comentamos con total honestidad, a pesar de lo profunda que es la herida para los venezolanos involucrados en esta película, y lo hablábamos muy abiertamente durante los ensayos, Natalia estuvo allí presente con nosotros durante ese proceso, nuestra intención nunca fue política, sino completamente emocional, humana. Queríamos trabajar esta herida pero a través de un artefacto narrativo que pudiera contar una historia que hablase de la humanidad entera, la inmigración, la pérdida, el duelo, la pérdida de identidad, el desarraigo, el destierro, no casualmente ahora podemos los venezolanos entender mejor a los griegos antiguos, donde la pena capital no era la muerte, la pena capital era el destierro, porque irte de tu país duele muchísimo, y sobre todo irte de tu país cuando no ha sido tu decisión, cuando eres forzado. a salir. Creo que esta película y el cine puede ser un instrumento de empatía para entender las razones por las cuales la gente ha sido forzada a convertirse en un migrante, que es algo que obviamente está en el tapete de la discusión en todas partes del mundo.
‘Aún es de noche en Caracas’ está dirigida por Mariana Rondón (Venezuela) y Marité Ugás (Perú). Foto:@batarata
Natalia Reyes: creo que es la función del arte, la función del cine, y es como de pronto la función del periodismo es dar el plano abierto, el plano general de lo que pasa, y como el cine y el plano cerrado, el close up del alma de una persona, es como un conflicto como X se vuelve real cuando tú vives en los pies de un ser humano, que es lo que le pasa en su cotidianidad: buscar comida, papel higiénico, medicinas, tener el pasaporte que tienes.
SOFÍA GÓMEZ G. – REDACCIÓN CULTURA
LEA TAMBIÉN
