Decían muchos en el EE.UU. que votaron a Donald Trump que no verían el show del descanso de la Super Bowl, sabendores de que no les gustaría la oferta de Bad Bunny. En su lugar, se conectarían con la contraprogramación de Turning Point, una … organización conservadora muy cercana al presidente de EE.UU. Pese al atractivo del elenco musical del show alternativo -Kid Rock, Brantley Gilbert, Lee Brice, Gabby Barrett-, parece que muchos de los que pusieron el grito en el cielo por la elección del puertorriqueño acabaron por ver lo de Bad Bunny.
El primero, el propio Trump, que no tardó en sacudir al rey del ‘latin trap’ con una condena en su red social. «Es una afrenta a la grandeza de América», dijo, antes de un ataque esperado, que alimenta su narrativa de que el español y lo hispano no es lo fetén en EE.UU.: «Nadie entiende una palabra de lo que dice este tipo».
Buena parte de la exasperación del mundo MAGA -‘Make America Great Again’, ‘Hacer a EE.UU. grande otra vez’, el lema y movimiento político de Trump- es por una cuestión de concepto: ‘América’ es EE.UU., y EE.UU. es un sitio donde se habla inglés. Aunque en su territorio se hablaa el español mucho antes, aunque esté plagado de topónimos españoles y aunque el 20% de la población del país sea hispana.
«El fútbol americano es un deporte estadounidense y la NFL ha escupido en la cara de sus fans y de nuestra nación», proclamó Benny Johnson, un opinador conservador que calificó al show, entre otras cosas, de «desperté», «ininteligible», «aburrido» y «extranjero»aunque Bad Bunny tiene, como puertorriqueño, su misma ciudadanía.
El ansia por criticar el espectáculo llevó a muchos de estos al absurdo: criticaban todo lo nocivo que era el contenido a la vez que aseguraban que era imposible entenderlo. ¿Tendrían a alguien traduciéndolo? «No puedo entender una sola palabra pero simplemente sé que es malo, vulgar y demoníaco», dijo el comentarista Nick Adams. «Tapad los oídos de vuestros niños» ¿Será que los pequeños van a una clase de español?
En el estadio, hubo una reacción mixta, entre el furor de algunos entusiastas de Bad Bunny -pocos- y la tibieza de la mayoría. Pero no hubo nada de la bronca que se produjo después en redes. En realidad, la NFL no pensaba mucho en ellos, ni en la mayoría de los estadounidenses que vieron por la tele el show, que fue alabado por la prensa progresista. Su objetivo era llevar este deporte más allá de EE.UU., donde es el deporte rey y donde ya le cuesta crecer (excepto en el público hispano). Bad Bunny es el mayor artista global del momento y la NFL lo usó como puente hacia nuevos públicos. Es la misma razón por la que lleva partidos de temporada por todo el mundo, como el de Madrid, o el que se celebrará el año que viene en Australia.
