El mundo de la literatura descubrió (por fortuna) a Cristina Araújo Gámir en 2022 con un libro que, al decir de muchos, Debería estar en los institutos y ser lectura obligada: Mira esa chica (Premio Tusquets de Novela). El argumento, una joven agredida sexualmente por un grupo de chicos, sirvió para ejercitar el prodigioso músculo narrativo de esta filóloga que hoy regresa con un título nada parecido a aquel. Salvo por la original manera de enfrentar sentimientos, describir personajes no fáciles y poner el corazón al servicio de un texto altamente arrebatador: Distancia de fuga (Tusquets).
Araújo Gámir (1980) vive en Frankfurt (Alemania) desde hace 14 años, de ahí que su segunda novela transcurra allí. Entre esta ciudad y París se dibuja a lo largo de varios años la relación entre platónica y carnal de una joven actriz y un estudiante de Filosofía. A los protagonistas, Frances y Theo, les rodea una corte de secundarios que, como drones incontrolables, van siguiendo sus vidas, como Marion y Robin, -la madre y el hermano de ella-, modelos, agentes, amigos de noches y alcohol… Un universo de voces que destacan vivamente la de la autora, una vez más, deseosa de meter el dedo en la llaga con sagacidad literaria.
En esta novela, el amor está narrado de la forma más desagarrada, con todos esos picos que no te dejan pensar en otra cosa.
“Para mí hay un abismo entre los dos libros. En Mira esa chica Pude poner experiencia, la juventud, la conexión… pero aquí me metí más dentro, deseaba intentar darlo todo porque iba a metro todo lo que quería, por eso hay diversas sub tramas. Muchas cosas que tenía dentro, sobre todo de la universidad. El amor está narrado de la forma más intensa y desagarrada, con todos esos picos que no te dejan pensar en otra cosa. Y quería que no fuera cursi, ni dramático, ni un tostón de plañidera”.
Esta novela que se lee como se toca la seda, dejando que las manos resbalen sobre el lujo suavemente, aborda el mundo de la fama, nada más alejado que el de la escritora, que trabaja en una empresa de educación médica. “Lo metí porque me atrae bastante. Me gusta ver los documentales de los actores (como el de Mathew Perry, el de Aitana, el de Taylor Swift, el de Jane Fonda…), me encantó el libro de una actriz, cuya madre la llevó a la anorexia, Jennete McCurdy, Me alegro de que mi madre haya muerto. Me resulta atractivo porque es como el mundo de la juventud eterna. Parece que tienes libertad, puedes acceder a todos los submundos cuando eres una gran estrella. Me atrae esa libertad, ese permiso para todo, y luego preguntame dónde está el límite. Si tienes todas esas cosas lujosas en tu vida, las normalizas, ya solo quieres eso”.
De Alemania, donde vivo, hay cosas que admiro y otras que me sacan de quicio
Araújo reside en Alemania por fuerza ‘mayor’ lo que no quiere decir que reniegue de este país “que tiene cosas que admiro y otras que me sacan de quicio. No verás a nadie llevarse un pintalabios de una tienda o una postaltienen una inocencia en lo moral enorme. Pero yo me caí con la bicicleta cuando iba con la compra y nadie se paró a ayudarme”.
“Mi mundo emocional está en España, pero siempre he dicho que si hubiera nacido en Frankfurt, me parecía una ciudad modelo, es tranquila y tiene de todo. No hay rejas, nadie vandaliza, es segura por las noches cuando vas caminando. Hay una frase que dice Theo al final: ‘Te enamoras de las personas cuando se van’, y lo de las ciudades es igual.
Me gusta que la gente piense que esta es una novela de carácter femenino.
Si es Mira esa chicaCristina Araújo usó a la mujer como diana y eje de su objetivo narrativo, esta nueva novela tiene una cariz, además, muy femenina, a pesar de ellos, que son el contrapeso de la ficción. “No era intencionado, pero me gusta que la gente lo piense así. Frances ya está en un mundo adulto, con impedimentos, exigencias, puede plantarse o no, pero tiene capacidad de decisión hasta cierto punto. Todas ven cómo está siendo el mundo real. Pero el ambiente de él, Theo, es aún universitario, con lo que eso conlleva y sí, los chicos muchas veces, son menos complicados en el terreno emocional”.
¿Hay alguna vulnerabilidad en los protagonistas de sus dos novelas? “Frances es más inconsciente, es irónica, se salva a sí misma, no como Míriam en Mira esa chica, a quien nadie quiere apoyar. Frances, es vulnerable, sí, pero se da cuenta de que puede ser más libre. Se va apoyando en otros porque la gente, cuando está muy desesperada, puede ser muy egoísta. Es el enganche para que Theo vaya y venga, le hace sentirse bien. Él va a estar allí porque solo él puede cumplir ese papel al lado de Frances”.
Para mí el éxito es hacer lo que siempre deseé hacer, escribir
Distancia de fuga explora también el enfrentamiento entre éxito y fracasopero la escritora no tiene una idea clara de qué es triunfar. “La distinción que ha hecho me gusta que se destaque. Me viene a la cabeza el caso del compositor sueco Avicii, que se suicidó en 2018 a los 28 años, a pesar de su éxito y de ser muy, muy bueno en lo suyo. No era alguien de las redes sociales que hacen tonterías. Eso es lo que me llamó la atención. Quizás por eso la depresión de mi protagonista. Y en lo mío, hasta dónde puedo hablar del éxito, para mí, me lo dicen muchas mis amigas: Llevas años deseando más que nada en la vida y por fin se cumple, pero hay otras cosas alrededor y lo invisibilizas. Una amiga me dijo: ‘Imagínate que hace cinco años te dicen esto’. Yo le contesté que no me lo habría creído. Puede que para mí esto sea el éxito”.
Como buena novela ‘familiar’, hay en sus páginas un ‘nirvana’, una casa en Italia, donde se cruzan el sol, el amor, la ligereza de las cortinas y el pelo suelto de la felicidad juvenil. “A mí más que esa casa, me genera más sensación de refugio la casa de la Ópera, donde ellos están cómodos y entran todos los amigos. Allí están todos los recuerdos, sus libros. Un nirvana es un sitio de donde te puedes marchar. La casa de mis abuelos estaba frente al Manzanares, no se veía la M-30, y se parece un poco a ese nirvana que describo. Yo acabé viviendo con ellos. Todos la consideramos como la casa de todos. Mis abuelos eran muy vivillos, permisivos, modernitos… Y entraba y había más gente… Puede que relacione ambas cosas, esa casa con la de la novela, la de la felicidad”.
