La fotografía cumple por estas fechas, aproximadamente, sus primeros dos siglos de existencia. Digo “aproximadamente” por prudencia, pues los historiadores todavía no se han puesto de acuerdo. No hay consenso sobre la fecha exacta, y es una lástima, porque para celebrar un 200 aniversario sería estupendo poder contar con una fecha. La primera fotografía de Joseph Nicéphore Niépce –esa fantasmagórica Vista desde la ventana de Le Gras – se suele fechar con un “circa 1826”. A veces se cita una fecha invernal. En otras ocasiones aparece como “c.1826-1827”, pero hay otros que la datan en 1824, partieron en testimonios epistolares, o incluso en 1828. Los más graciosos son algunos historiadores anglosajones que no soportaron que este gran invento sea francés –como lo es el cine- y que se empeñan en que la fotografía la inventó Fox Talbot, pues se niegan a considerar como fotografías todas las fotos que se hicieron antes de la invención de los negativos fotográficos. Pero la esencia de la fotografía no es el negativo, ni la copia positivada, sino la fijación de imágenes tomadas de la realidad visible. Y agregaré un matiz importante: visible fotográficamente, pues la fotografía –igual que el cine, el vídeo, el telescopio y el microscopio- puede ver más que el ojo humano. Y a veces ve maravillas.
En cualquier caso, la fotografía cumple dos siglos, más o menos. Parece un margen de tiempo suficiente para permitir a cualquier país con una rica creación fotográfica –incluso si ese país adolece de burocracia inoperante- la fundación de algún museo dedicado a este importante medio de documentación, comunicación y expresión artística. Sin embargo, en Cataluña no existe todavía un museo dedicado a la preservación, investigación y difusión de la fotografía catalana, en relación con la española e internacional, y en relación con el cine y el vídeo, sus dinámicos primos visuales. Ni existe ese museo ni se le espera. Hasta ahora, los proyectos que se han elaborado y presentado han tenido por respuesta solamente abortos institucionales o promesas aplazadas. Tampoco otros museos se ocupan de la fotografía de nuestro país con la atención que esta merece y de un modo responsable, con criterio selectivo y pluralista. Se celebran excelentes muestras temporales, como las que actualmente tienen lugar, en Barcelona, en las fundaciones Mapfre y Foto Colectania (Walker Evans, Pérez Siquier y Sergio Larrain). Y existe la promesa de que el MNAC cumpla algún día esa misión, que no es efímera, sino a largo plazo. Pero en el entrópico y casi psicotrópico contexto político del “antiprocés”, del caso Sijena o Sixena y del ínclito Lambán y otra gente mareante, casi todo se pospone y se ralentiza, salvo las iniciativas culturales más fáciles y quizás menos necesarias.
Los proyectos de un centro de fotografía en Catalunya han sido aplazados o cancelados
En otros países europeos sí existen museos o centros que se encargan de la fotografía. En Francia, distintos museos (Orsay, Pompidou y otros) se reparten esta importante misión patrimonial. Y coincidiendo con el 200 aniversario del medio, en Rotterdam acaba de abrir su nueva sede el Nederlands Fotomuseum (Museo de Fotografía de los Países Bajos), que algunos críticos han calificado como admirable y modélico. Mientras tanto, en España avanza lentamente el proyecto del Centro Nacional de Fotografía (CNF), con futura sede en Soria, un proyecto que se ha inspirado precisamente en otro proyecto nacional, pero en este caso catalán, que se dejó morir cuando ya estaba bien elaborado. ¿Soria capital de la fotografía española? Pues parece que así será. Y se lo merecen, pues en esta ciudad castellana sí se ha dado una condición fundamental: la voluntad política.
Miquel Vilà
La sala Parés expone una retrospectiva de Miquel Vilà (Barcelona, 1940). Reúne paisajes menorquines, visiones metafísicas, pinturas que rinden homenaje a la ginebra ya la música (Beethoven) y, sobre todo, escenas inéditas que rememoran los bombardeos de la aviación fascista contra la población civil barcelonesa durante la Guerra Civil.
