El premio Pritzker correspondiente a este 2026 ha sido concedido al chileno Smiljan Radić, una de las voces más particulares, imprevisibles y sorprendentes del panorama arquitectónico internacional. El jurado ha argumentado su decisión indicando que “mediante un trabajo situado en la encrucijada de la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić antepone la fragilidad a cualquier pretensión o garantía de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables, o deliberadamente inacabados –hasta casi desaparecer- y sin embargo proporcionan un refugio estructurado, optimista y contenidamente alegre, asumiendo la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”.
La producción de Radić incluye piezas muy dispares, desde su Casa Carbonero (1998) en Melipillo, un volumen orgánico, que podría evocar un nido de termitas esférico, hasta Guatero (2023), una construcción hinchable y temporal. Entre ambas obras, se cuentan varias decenas, como Chile antes de Chile (2013), su ampliación del Museo de Arte Precolombino en Santiago; la escultórica Casa para el poema del ángulo recto (2013) en Vilches; la transparente bodega Vik (2013) en Millahue; el pabellón para la Serpentine Gallery (2014) en Londres, donde se combinan piedras con un volumen de formas orgánicas; el centro de artes Nave (2015) en Santiago, una imaginativa recuperación de un edificio preexistente dañado por una catástrofe nacional; o el Teatro Regional de Biobío (2018) en Concepción, con su hermoso cuerpo traslúcido.
Son obras que tras su aparente ligereza esconden un esmerado trabajo estructural, y en las que se manejan materiales dispares, desde la piedra de ecos ancestrales hasta los volúmenes hinchables y ligeros, con aire de provisionalidad, pasando por la madera, el hormigón, el vidrio, etcétera.
Radić mantiene vínculos con el Barcelona. Fue presidente del jurado de los premios internacionales FAD del 2025. Y, también el año pasado, ganó el concurso para construir un pabellón multifuncional destinado a la Fira en su recinto de Montjuïc. Otra obra suya en curso en España es un hotel en la zona del Matarraña. También, más allá de nuestro país, una torre en Tirana (Albania) y otras obras en Suiza o en el Reino Unido.
La entrada de Radić en el palmarés del Pritzker constituye una apuesta por un autor de fuerte personalidad, que realiza una aproximación poética a la arquitectura. Salvando todas las distancias formales, su entrada es comparable a la que supuso el premio para Peter Zumthor en 2009 o el otorgado a los catalanes RCR en el 2017.

Dicho palmarés, inaugurado en 1979, se ha ido conformando con sucesivos criterios. Si en sus primeras ediciones distinguió a los grandes maestros vivos –Philip Johnson, Luis Barragán, James Stirling, Kenzo Tange, Oscar Niemeyer…-, en una etapa posterior reconoció a los denominados arquitectos estrella, como Frank Gehry, Renzo Piano, Norman Foster, Herzog & De Meuron, Zaha Hadid o Jean Nouvel. Y, en los que va del siglo XXI, ha prestado creciente atención a la arquitectura con conciencia medioambiental, premiando a autores como el pionero Glenn Murcutt, Lacaton & Vassal o Diébédo Francis Kéré. Ahora, en el 2026, los laureles vuelven a ser para un creador que se acerca a la disciplina con una impronta personal y quizás intransferible.
Nacido en 1965 en Santiago de Chile, hijo de un emigrante croata y de una británica, Smiljan Radić Clarke, que estudió en la Pontificia Universidad Católica de Chile y tiene su estudio -fundado en 1995- en su ciudad natal, es el segundo autor chileno que recibe el Pritzker. El primero fue, en el 2016, Alejandro Aravena, actual presidente del jurado de este galardón, el más relevante de cuantos se conceden en el mundo. La escena arquitectónica chilena es una de las de mayor vitalidad en América, y cuenta con otros autores relevantes, además de los mencionados, como Cecilia Puga, Cazú Zegers, Mathias Klotz o Pezo von Ellrichshausen.

El Jurado del Pritzker 2026 ha estado integrado, bajo la presidencia de Aravena y la dirección de Manuela Lucá-Dazio, por Barry Bergdoll, Deborah Berke, Stephen Breyer, André Aranha Corrêa de Lago, Anne Lacaton, Hashim Sarkis y Kazuyo Sejima.
La nota de prensa oficial del premio a Radić se cierra con una referencia a su hasta la fecha principal promotor, cuyo nombre aparece en los papeles de Jeffrey Epstein, indicando que “para que el premio siga centrado en la excelencia arquitectónica, Tom Pritzker ha decidido abandonar toda relación con él”.
