A finales de los sesenta, el Taller de Arquitectura de Ricardo Bofill concibió La Ciudad del Espacio, una suerte de banlieue utópica o ciudad del futuro que tenía que haber levantado en Moratalaz. El proyecto preveía 1.460 viviendas pero aquella idea revolucionaria chocó con la mirada cerril de un franquista de primera hora, Carlos Arias Navarro, entonces alcalde de Madrid, que lo tumbó con la excusa, entre otras, de la delirio o sucediendo que Bofill actuó en medio del socarral para animar las ventas de pisos. Actuaron, entre otros, el guitarrista Toti Soler, el arquitecto Peter Hodgkinson se sentó a la batería y como cabeza de cartel, el legendario bluesman estadounidense Taj Mahal.
La artista barcelonesa Anna Moreno, a la que siempre le ha interesado “la arquitectura que proyecta un futuro”, sabía de aquel frustrado proyecto de viviendas sociales, pero ni rastro documental del suceso que acabó abruptamente con la llegada de los grises. Así que decidió reconstruirlo mediante entrevistas con algunos de los que estuvieron involucrados en su organización. Diseñó un escenario y el espectáculo acabó dando lugar a una discoteca y un vídeo, El gigante ahogado (2017), en el que imágenes históricas grabadas por Daniel Argimon se contraponen a su propia imagen persiguiendo ese pedazo extraviado de la memoria.
Elvira Dyangani Ose: “Hay que normalizar los cambios. Mi compromiso es hasta el día que me vaya”
Moreno volvió un año después a sumergirse en otro de los sueños utópicos de Bofill, esta vez hecho realidad, el Walden 7, en Sant Just Desvern, y ahora cierra su trilogía con La tercera torsión la recuperación en forma de película de carretera de un asentamiento nómada construido por Bofill en 1979 en el Sahara argelino. El proyecto se lo había encargado el entonces presidente Houari Boumédiène cerca de la frontera marroquí como ciudad piloto que quería replicar en otros puntos del país, creando villas agrícolas y dotando de infraestructuras al desierto.
La tercera torsión instalación que se presenta en el Macba desde hoy y hasta el 29 de septiembre en el marco de la Capitalidad Mundial de la Arquitectura, tiene como pieza principal una película La Playa Terminal, sobre el viaje de la propia artista junto al cineasta brasileño Bernardo Zanotta “a un pueblo del que teníamos cero información pero en el que sigue viviendo gente pero que desconocía absolutamente sus orígenes”, recuerda.
Moreno descubrió, por ejemplo, que Bofill no quiso imponer nada sino que se inspiró en la arquitectura vernácula del norte de África. “Llegó y dijo: ¿pero qué hacéis construyendo con cemento importado a la Unión Soviética que os están cobrando una pasta si están sobre barro? E incluso reactivó una fábrica abandonada de ladrillos”, relata Moreno, que al final, sobre la mesa de montaje, transformaron las imágenes documentales en una película de ficción cuyo personaje pronuncia una frase clave: “No estoy fotografiando ruinas”. Frente al filme, una duna ejerce de mirador desde el que observa las dunas del desierto y en los grandes ventanales que dan a la Capilla de la Misericordia, un vinilo réplica de los elementos arquitectónicos del edificio religioso.

En la presentación de la exposición, Elvira Dyangani Ose evitó hablar de su anunciada salida del Macba para dirigir la Bienal de Arte Público de Abu Dabi, dijo que se han de normalizar los cambios y reiteró su compromiso con la institución sigue “hasta el día que me vaya”.

