el traslado del sable corvo de San Martín del Museo Histórico Nacional al Regimiento de Granaderos a Caballo reabrió una discusión que excede el gesto ceremonial y toca el corazón del vínculo entre historia, patrimonio y poder. ¿Quién debe custodiar los símbolos fundamentales de la Nación y bajo qué criterios? Entre decretos, testamentos, museos y cuarteles, la decisión del Gobierno vuelve a poner en tensión el sentido público de los bienes históricos. Historiadores y especialistas analizan el alcance político, simbólico y jurídico de una medida que vuelve a mover –literalmente– una de las reliquias más cargadas de la Argentina.
Mercedes López Cantera es doctora en Historia y docente e investigadora de la Universidad de Buenos Aires. Especialista en historia de las derechas en la Argentina, ha investigado sobre los orígenes del anticomunismo en ese país.
Ella sostiene que dentro del conflicto en torno al sable es posible vislumbrar, al menos, “tres aspectos que vienen caracterizando al gobierno de La Libertad Avanza: el antiestatismo, la reivindicación de lo militar y el antikirchnerismo”.
Explica el primero en relación a lo que caracteriza como el “desdén por políticas públicas igualitaristas, como espacios culturales gratuitos, abiertos al público. Desde el comienzo de la gestión de Javier Milei, el área de museos nacionales ha sido calificada como ‘gasto innecesario’, sufriendo recortes en su presupuesto. Esto ha sido denunciado por el anterior director del Museo, el historiador. Gabriel Di Megliopor lo cual fue despedido”.
Di Meglio, quien fuera director del Museo Histórico Nacional desde 2020 hasta junio de 2025 cuando fue desplazado por orden del Gobierno actual, se hace unos minutos para conversar en Clarín sobre el tema y asegura que, en parte, su salida se debió al opuesto al traslado del sable.
Una pieza fundamental
Se encarga de aclarar por qué debe estar en el Museo: “El sable es fundamental para el Museo sanmartiniano por excelencia, que es el Histórico Nacional, que tiene toda la colección donada por los familiares de San Martín que querían que estuvieran ahí, por gestión del fundador y primer director Adolfo Carranza. También él gestionó con la hija de Juan Manuel de Rosas, Manuela –la propietaria por herencia de su padre, que lo heredó de San Martín– y ella quiso que estuviera en el Histórico Nacional“, subraya el historiador.
El sable corvo de San Martín se expone en el Museo Histórico Nacional. Foto Cecilia Profético Y ratificó: “Por lo tanto, como el resto de los objetos sanmartinianos, es ahí donde debe estar. La pieza por donación pertenece al Museo. No es que uno puede hacer lo que quiera con una pieza. Uno no debería disponer de las piezas por encima de la voluntad de los donantes.. Si yo le doy algo al Louvre no es para que se lo dé a otro museo sino para que quede ahí”.
El sable ha tenido un particular derrotero sobre el que mucho se dijo en estos días y que Di Meglio resume: “En la década del sesenta Hubo dos robos políticos de grupos peronistas que querían dárselo a Perón.que estaba en el exilio. El ejército lo recuperó y la segunda vez, que fue durante la dictadura de Onganía, él decidió dárselo en custodia al regimiento de Granaderos y ahí quedó. En 2015 volvió por un DNU al Histórico con custodia de granaderos, para garantizar su seguridady desde entonces volvió a ser la pieza más importante que tiene el histórico”.
La pieza por donación pertenece al Museo. Uno no debería disponer de las piezas por encima de la voluntad de los donantes.
Gabriel Di MeglioExdirector del Museo Histórico Nacional
Además, resalta sus impresiones acerca del traslado: “Es una herida profunda al museo. Muestra un enorme desprecio por el Museo Histórico más importante del país y además se la saca a la sociedad porque va a un Regimiento donde sólo lo puede ver poca gente en visitas especiales contra un Museo que se puede ver todo el tiempo. Con lo cual, es una falta de respeto a la sociedad. Algo que no me extraña”, concluye.
Falsedad de la idea de “devolver”
López Cantera señala también la falsedad del hecho de “devolver” el sable al Regimiento de Granaderos ya que no pertenece allí realmente (“San Martín cedió el sable a Juan Manuel de Rosas antes de morir, no a ninguna fuerza”) y lo emparenta con “el propósito del gobierno de “levantar” la imagen de lo militarbuscando barrer con la política de Memoria sobre la última dictadura (este año se cumple su 50° aniversario). Así, todo lo que “recupere” una buena imagen de las fuerzas militares colabora en ese sentido”.
Museo Histórico Nacional. Foto Cecilia ProféticoEsto mismo también lo subraya el historiador, docente y escritor. federico lorenz en dialogo con Clarín: “Nos remite a una discusión más amplia acerca de los usos políticos y públicos del pasado. El actual Gobierno es modélico en cuanto a la manipulación que hace del pasado y más concretamente de una línea argumental que tiene que ver con la reivindicación de las Fuerzas Armadas. Todo esto en víspera de los 50 años del Golpe Militar.”.
Agrega: “Hoy, una gestión, que no tiene prurito en ir y venir con el pasado del modo en que se le ocurre, en vísperas de los 50 años del Golpe, junto a otros gestos que tienen que ver con la reivindicación de las Fuerzas Armadas –los videos institucionales en cada aniversario del Golpe Militar, la novedad de un Jefe de Estado Mayor que puede seguir teniendo su cargo en el Ejército– puede ser visto en sintonía con esos gestos“.
Lorenz recuerda que lo que es habitual, el uso público del pasado, cobra otra dimensión “porque hay una serie de gestos que llevan a que sea preocupante. Pensemos en todo el revuelo y el circo que armaron alrededor de la compra de aviones de combate F-16 como una reconstrucción del poder aéreo argentino por parte de una gestión que es genuflexa ante los poderes internacionales y particularmente en la cuestión Malvinas. Es tan contradictorio que lo único que permite darle un sentido es ponerlo en línea con gestos de acercamiento a las Fuerzas Armadas y una mirada del pasado en particular que es negacionista y reivindicadora del accionar represivo ilegal”, concluye.
López Cantera agrega otro matiz: “El tercer elemento se relaciona con una estrategia central del gobierno: apelar al fantasma del kirchnerismo para lograr legitimidad. El sable fue instalado en el Museo para su exhibición pública por Cristina Fernández de Kirchner. La idea de ‘devolverle’ al Regimiento va de la mano con ‘deshacer’ una medida del ciclo kirchnerista”.
Ponerlo en un contexto
Alejandro Rabinovich es doctor en Historia y Civilización por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París, docente e investigador del Conicet. En diálogo con Clarín recuerda el haber estado “recorriendo el Museo en medio de una visita escolar y me pareció notable como los chicos se emocionaban al ver el sable custodiado por los granaderos, en un entorno muy solemne, rodeado de otros objetos de San Martín que permiten ponerlo en un contexto y una narrativa histórica.”.
Agrega que “en este sentido, trasladarlo a un regimiento donde el acceso va a ser menos masivo me parece innecesario y contraproducente”.Concluye que el sable corvo de San Martín “constituye uno de los objetos más importantes del acervo histórico argentino. Como tal, la institución que está expresamente diseñada para preservarlo y que las nuevas generaciones puedan conocerlo y disfrutarlo es sin dudas. el Museo Histórico Nacional, que cuenta con el personal más calificado y especializado”.
Trasladarlo a un regimiento donde el acceso va a ser menos masivo me parece innecesario y contraproducente.
Alejandro RabinovichDoctor en Historia por la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de París
A la luz de los argumentos históricos, jurídicos y patrimoniales expuestos por los especialistas, el traslado del sable corvo no parece tener razonamientos sólidos que lo avalen. La voluntad expresada por San Martín, el recorrido hereditario del emblema del Padre de la Patria, las condiciones de acceso y conservación que ofrece el Museo Histórico Nacional aparecen como argumentos irrefutables.
Sin embargo, la decisión ya está en marcha y vuelve a poner en escena una discusión recurrente en la Argentina: cómo se administran los símbolos comunes y quién define su destino. También las relecturas posibles acerca del pasado y nuestra historia. El desenlace, como el último sentido del gesto, quedará abierto a la lectura que haga la sociedad.
