No había pasado ni un minuto de gala y Susan Sarandon ya había oído hablar en cuatro idiomas desde el escenario del Auditori Fòrum. Luis Tosar y Roberta Bandini, los presentadores, mezclaban gallego, catalán y castellano casi en una misma frase. Y con la primera galardonada, la actriz Nagore Aranburu, se oyó su agradecimiento en euskera. Todo ello traducido al lenguaje de signos en platea para la protagonista de Sorda Miriam Garlo, que habló de la violencia de la incomunicación al recoger su premio.
Sarandon lo seguía todo traducido al inglés por un pinganillo. Pero no debía ignorar la mezcolanza lingüística típica de la Europa de los pueblos que en España raramente se ha librado de la represión mesetaria. Viniendo de una América que hoy pretende ser grande otra vez a cuenta de expulsar a la inmigración e imponer el inglés, el shock cultural debía ser causa de celebración para la actriz neoyorquina.
“Miro a mi alrededor y veo a muchos artistas de este país con tanta lucidez moral…”, dice la artista
Los premios reflejaban, además, una cosecha de cine español rica en guiones de calado social. Pero inteligentes, sin moralina: desde el viudo machista de los domingos al que ya le va bien que su hija mayor quiera meterse a monja, hasta la convivencia de una persona sorda con su bebé y su pareja oyentes. O la historia de un gay ya mayor que ha de meterse de nuevo en el armario cuando regresa a casa, a Euskadi, tras sufrir un ictus, en Maspalomas . Por no hablar de furia sobre la incapacidad de verbalizar una violación, o de belen sobre un aborto espontáneo que acaba en acusación por homicidio (mejor película iberoamericana). Los premios reflejaban, además, la normalización de una paridad en premios técnicos, como el sonido de sirat .
Los invitados a la gala habían accedido al Auditori como en una película de espías, por un túnel subterráneo que conectaba desde el Centro de Convenciones. A Sarandon la habían situado en primera fila, al lado del más internacional de los candidatos: Óliver Laxe, el director de sirat nominada a los Oscar. Una película que tiene un Hollywood revolucionado: “No será el mejor guion del mundo, pero no deja indiferente”, dijeron este fin de semana en Los Ángeles algunos miembros de los Globos de Oro.

La invitada de honor, Sarandon, asistió al discurso del presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, que abrió cantando Fa vint anys que tinc vint anys de Serrat, por los 40 de los premios. Se indignó por Gaza y la situación en EE.UU., como en otras ediciones se denuncia Irak o Ucrania. Y dio el Goya Internacional a Sarandon recordando que llegó al cine de la mano de Robert Redford o Billy Wilder.
“Estos días en que el mundo está tan dominado por la violencia, la crueldad, yo miro a mi alrededor y veo a vuestro presidente ya muchos artistas de este país con tanta lucidez moral, que me ayuda a superar el caos y la represión donde yo estoy. Tener esperanza no es solo una actitud romántica e ingenua”, dijo la actriz. Pero, a sus 79 años, no aprobó retirarse a su hotel. Sarandon no se iba a perder actuaciones musicales como la rumba de barcelona, con Bad Gyal, y el escenario hecho una fiesta.

