Hay tradiciones que no se explican: se heredan. Y en Sevilla, pocas están tan hondamente arraigadas como la Cabalgata de Reyes Magos del Ateneouna celebración que trasciende el calendario para convertirse en reflejo de la misma ciudad. Desde hace más de un siglo, … Ese cortejo ha sido espejo del pulso sevillano y, en él, el mundo del toro ha tenido siempre un lugar propio, natural, profundamente simbólico.
No es casual que durante décadas la Cabalgata —y en no pocas ocasiones también el heraldo real— partiera desde la Real Maestranza de Caballería. Desde ese recinto cargado de historia arrancaban los desfiles que llevaban la ilusión a las calles, uniendo simbólicamente la liturgia taurina con la magia de la infancia. Allí, donde el albero guarda memoria de gestas, comenzaba también el camino de los Reyes.
Mitos del toreo
El primer torero que apoyaba ese papel fue Manolo Gonzálezreina 1949 se convirtió en el primer diestro en encarnar a uno de los Magos de Oriente. Un año después, en 1950sería el onubense Miguel Báez «Litri» quien asumiera el papel de baltasaren plena cima de su popularidad, consolidando definitivamente la presencia del toreo en la Cabalgata.
La nómina continuó creciendo en los años siguientes. es 1953, Juan de Dios Pareja Obregón forma parte del cortejo; y es 1955 se produjo una coincidencia especialmente significativa: aquel año, juan belmonte encarnó a Melchorcompartiendo protagonismo con Juan Ignacio Luca de Tena y García de Torres, fundador de ABC de Sevillaque dio vida al Rey gaspar. Una imagen de enorme carga simbólica que unió en la Cabalgata al mito del toreo y al impulsor de este gran diario. es 1956 combustible Gregorio Sanchez quien obtuvo la corona real, antes de que Jaime Ostos lo hice en 1958 y Manolo Vázquez es 1959culminando con Pepe Luis Vázquez es 1960 una etapa que trascendió a las calles de Sevilla la edad de oro del toreo.
La década de los sesenta vino a reforzar ese vínculo entre la Cabalgata y el mundo del toreo. diego puerta fue rey es 1965y dos años después lo sería Palomo Linarescuando ya encarnaba el empuje de una nueva generación llamada a marcar época. Junto a ellos, el campo bravo comenzó a adquirir un protagonismo creciente: en 1959 participó el ganadero Fernando de la Cámara; es 1964 lo hizo José Luis de Pablo Romero.; y es 1966 y 1969 tomó el relevo el rejoneador Álvaro Domecq Romero y el ganadero Javier Guardiolarespectivamente. es 1972 combustible Eduardo Miura quien levantó el papel, llevando al cortejo el peso simbólico de una de las divisas más legendarias de la historia, mientras que en 1975 sería Gabriel Rojas quien prolongará esa presencia del campo en la Cabalgata.
aires renovadores
Los años setenta consolidaron definitivamente esa simbiosis. es 1971, José Luis Parada —hoy el más longevo de los Reyes taurinos— apoyó el papel; es 1974, Curro Romero dejó una de las estampas más icónicas al encarnar a Baltasar; y es 1976 combustible Antonio Ordoñez quien tomó el relevo, aportando la solemnidad de una de las grandes figuras del toreo del siglo XX. A ellos se sumó, ya en 1982, Diodoro Canoreaempresario de la Real Maestranza, cuya presencia simbolizó el peso de la gestión y de la estructura empresarial en la historia taurina de la ciudad. Finalmente, en 1987, Juan Antonio Ruiz «Espartaco» encarnó a Melchor, llevando a la Cabalgata el aire renovador de una nueva época triunfal.
Ya en tiempos más recientes, Eduardo Dávila Miura volvió a situar su apellido en el corazón de la Cabalgata al encarnar a Baltasar en 2013reforzando el vínculo entre la tradición taurina y la celebración más querida de la ciudad. A esa nómina se sumaron en 2020 Gabriel Rojas Fernández y José Luis García-Palaciosrepresentantes del mundo del campo que también asumieron el papel de Reyes. Más recientemente, el protagonismo recayó en José Luis del Serranito.empresario, antiguo novillero y apoderado, que encarnó a Baltasar en 2024antes de que esta misma tarde tome el relevo taurino el empresario Iván Bohórquez Domecqhijo del rejoneador y ganadero Fermín Bohórquez Escribano, prolongando un estirpe profundamente unida al caballo, a la dehesa ya la tradición taurina desde Jerez hasta Sevilla.
Así, desde Manolo González en 1949 hasta nuestros días, la Cabalgata del Ateneo ha sido algo más que un desfile: ha sido un espejo donde Sevilla se reconoce. Un escenario donde el toreo —con sus nombres, su historia y su memoria— ha caminado junto a la ilusión de la ciudad.
