En estos días en los que el mundo taurino vuelve la mirada hacia Américacon sus ferias en plena efervescencia y sus plazas marcando el pulso del invierno, conviene detenerse a recordar que nada de eso es ajeno a Sevilla. la vieja … Híspalis No solo fue Puerto de Indias. También fue puerto del toreo. Desde sus muelles partieron hombres, costumbres y una manera de entender la fiesta que, al otro lado del Atlántico, echó raíces profundas. hasta construir una tauromaquia propia, reconocible y viva. América no recibió el toreo como herencia muerta, sino como un lenguaje en evolución que, con el paso de los siglos, terminaría devolviendo a Sevilla toreros, estilos y tardes memorables.
La Real Maestranza de Caballería de Sevilla ha sido históricamente punto de llegada y de regreso. Por su ruedo pasaron —y siguen pasando— toreros americanos que encontraron en Sevilla la plaza donde se mide la verdad del oficio. Pero antes, mucho antes, fue Sevilla la que sembró el toreo en América. Ya en el siglo XVI hay constancia de festejos taurinos en México, Perú o Colombialigados a celebraciones civiles y religiosas, replicando usos peninsulares que con el tiempo adquirirían personalidad propia.
México: la otra capital del toreo
Hablar de América taurina es empezar por México. La Plaza Méxicoinaugurada en 1946, es la plaza de toros más grande del mundo y un símbolo que trasciende fronteras. Por su ruedo han pasado todas las figuras españolas y, desde allí, muchos toreros mexicanos cruzaron el océano para doctorarse o consolidarse en España.
Nombres como Carlos Arruza, Manuel Capetillo o Eloy Cavazos Forman parte de una historia compartida. Más recientemente, Diego Silveti o Joselito Adame han sido ejemplo de ese trasiego constante: toreros formados en ambos continentes, anunciados en europa y reconocidos por su capacidad para adaptarse a plazas de máxima exigencia.
Perú y la liturgia de Acho
Si hay una plaza americana que dialoga de tú a tú con la tradición sevillana, esa es la Plaza de Acho, la más antigua de Américainaugurada en 1766. Lima mantiene una afición exigente, culta y profundamente respetuosa con la liturgia del toreo.
Por Acho han pasado figuras sevillanas y andaluzas de todas las épocas, y desde allí surgieron toreros que hicieron del clasicismo su seña de identidad, hasta culminar en la figura de Andrés Roca Reyejemplo contemporáneo de ese viaje de ida y vuelta entre América y Sevilla.
Colombia, Venezuela y el pulso de la afición
Colombia ha sido otro de los grandes bastiones americanos. La plaza de toros de Manizales y su feria siguen siendo referencia continental. De allí surgió César Rincóncuyo impacto en España —especialmente en Madrid— marcó una época y abrió definitivamente la puerta a los toreros americanos en las grandes ferias.
Venezuelacon plazas como maracay o Mérida, aportó toreros de enorme personalidad, mientras que Ecuador tuvo en Quito un escenario clave hasta su cierre, acogiendo durante décadas a figuras sevillanas y españolas de primer orden. Hoy, plazas como Riobamba mantienen viva la tradición en este país.
El futuro dirá qué sucederá con Colombia, Venezuela —en una nueva etapa aún por definirse— y Ecuador, tierras taurinas por excelencia que, al igual que México, han sufrido el impacto de políticas contrarias a la tauromaquia.
Sevilla como meta
Para el torero americano, Sevilla sigue siendo una meta simbólica. Anunciarse en la Maestranza no es solo torear en Europa: es someterse a un juicio estético y emocional único. Por eso, cada vez que un torero de América pisa el albero sevillano, lo hace con la conciencia de estar cerrando un círculo histórico.
También a la inversa, Sevilla ha encontrado en América un espacio donde su toreo ha sido comprendido y celebrado. Figuras sevillanas han cimentado parte de su prestigio al otro lado del océano, en ferias donde el público reconoce la técnica, el valor y el duende.
Un legado vivo
Hoy, cuando la tauromaquia enfrenta desafíos globales, la relación entre Sevilla y América sigue siendo uno de sus pilares culturales más sólidos. No es una relación nostálgica, sino activa.: ganaderías, escuelas taurinas, intercambios profesionales y ferias que se miran y se reconocen.
El toreo cruzó el Atlántico desde Sevilla hace siglos y nunca regresó igual. Volvió enriquecido, con nuevos acentos y nuevas verdades.. Y cada primavera, cuando se abre la Puerta del Príncipeese eco americano vuelve a sentirse en el coso del baratillo como una confirmación: Sevilla y América siguen hablando el mismo idioma, el del toro..
