Hay lugares que forman parte del paisaje sentimental del toreo sevillano. Espacios que no figuran en los carteles, pero que han sido decisivos para entender cómo se ha construido la Fiesta en la ciudad. La Real Venta de Antequeraen pleno corazón de Bellavista, … es uno de ellos. Con la recuperación de su uso taurino, Sevilla vuelve a mirar a un enclave que durante décadas fue antesala natural de la Feria de Abril y punto de contacto directo entre el campo bravo y la capital.
La iniciativa, impulsada por la empresa. Lanzas de Futuropretende rescatar una tradición casi olvidada: la exhibición de entre cinco y siete corridas de toros en los corrales de la Venta, en los días anteriores a su lidia en la Plaza de Toros de la Maestranza. Un gesto cargado de simbolismo que conecta el presente con una manera de vivir el toreo que Sevilla conoció bien durante buena parte del siglo XX.
Una venta con historia propia
La Real Venta de Antequera no es un escenario improvisado. Fundada en 1916 por Carlos Antequeraantiguo mozo de espadas, nació como lugar de paso y encuentro, pero muy pronto se convirtió en punto de referencia para toreros, ganaderos y aficionados. Su emplazamiento actual la situó estratégicamente en el eje natural de entrada a Sevilla desde el sur, muy cerca del antiguo camino de Cádiz.
Por sus dependencias pasaron figuras del toreo, mayorales, empresarios y aficionados anónimos que encontraron allí un espacio de convivencia taurina difícil de reproducir hoy. La concesión del título de «Real», tras la visita de Alfonso XIIIconsolidó su prestigio y reforzó su vinculación con la historia viva de la ciudad.
Pero si algo definió a la Venta fue su relación directa con el toro. Durante años, los corrales acogieron las corridas que después se lidiaban en la Feria de Abril. Aquellas visitas se convirtieron en auténticos acontecimientos sociales: aficionados que acudían a ver los toros de cerca, a comentar hechuras, a discutir sobre capas y pitones, a empezar la Feria mucho antes de que sonara el primer clarín.
El silencio y la espera
Con el paso del tiempo, los cambios en la organización de los festejos, el manejo de los animales y la evolución urbana fueron apagando esa costumbre. A finales de los años ochenta, la exhibición de toros dejó de celebrarse. El espacio siguió siendo un símbolo, pero perdió su función taurina más reconocible. Bellavista creció a su alrededor, la ciudad avanzó y la Venta quedó como testigo silencioso de otro tiempo.
Sin embargo, la memoria nunca se perdió del todo. Para varias generaciones de aficionados, la Real Venta de Antequera siguió siendo «el sitio donde estaban los toros antes de la Feria». Una referencia transmitida casi de boca en boca, como se transmiten las cosas importantes en el toreo.
La recuperación de una tradición.
La decisión de José María Garzón de recuperar la exhibición de las corridas devuelve a Sevilla una liturgia que forma parte de su identidad taurina. No se trata solo de mostrar los toros, sino de recrear un ambiente: devolver al aficionado la posibilidad de acercarse al animal en un contexto distinto al de la plaza, recuperar la conversación pausada, el análisis previo, la emoción contenida antes de la lidia.
Entre cinco y siete corridas pasarán por Bellavista antes de su cita con la Maestranza, restituyendo a la Venta su papel histórico como antesala del gran ciclo sevillano. Un proyecto que mira al pasado sin nostalgia impostada, pero con la convicción de que ciertas tradiciones siguen teniendo sentido en el presente.
Que esta recuperación se produce en Bellavista no es un detalle menor, y por ello ha luchado su actual gerente daniel de la fuente junto a su familia. El enclave, ligado a la Híspalis más popular ya la Escuela Taurina de Sevillavuelve a convertirse en punto de encuentro para la afición. La Real Venta de Antequera ejerce de nuevo de puente entre la ciudad y el campoentre la vida cotidiana y la Fiesta.
Porque cuando el toro regresa a sus corrales, no vuelve solo el ganado. Vuelve una manera de sentir la Feria, de anticiparla, de vivirla desde dentro. Y eso, en Sevilla, sigue teniendo un valor incalculable.
