Miles de gorras rojas llenaron el Coliseo Medplus, a las afueras de Bogotá, en el festival que revivió la nostalgia de aquellos que fueron adolescentes en los años 2000 procedentes de diferentes ciudades y países.
La primera edición de Loserville, realizada el pasado 5 de diciembre, tuvo en el escenario bandas como Slay Squad, Riff Riff, 311, Eca Vandal y Bala para mi San Valentín en reemplazo de Yungblud; y la más esperada de la noche, la leyenda del Nu Metal: Bizkit cojo.
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La llegada al Coliseo no fue nada fácil. Los trancones por la hora pico, el festivo y la lluvia complicaron la movilidad. En carro, moto, flota, caminando o como fuera iban llegando los amantes del metal alternativo que no se podía perder esta cita para reencontrarse con su niño interior que solía saltar y agitar la cabeza viendo los vídeos de Limp Bizkit en MTV, como mencionó un fan que había viajado desde Guatemala.
La banda de metalcore puso a vibrar el Medplus con su potente sonido. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
La banda galesa de metalcore, Bala para mi San Valentín Fue una de las más ansiadas por el público que vibró con su sonido potente y los guturales de Matt Tuck. Por una hora los asistentes corearon canciones como ‘Las lágrimas no caen’, ‘Mano de sangre’ y ‘Todas estas cosas que odio’ en pogos llenos de emoción, donde aparte de los saltos, los abrazos no faltaron porque la nostalgia dosmilera fue la gran invitada de la noche.
El público se acomodaba para ver mejor a los más esperados cuando las luces se apagaron y apareció en la pantalla principal. “LEYENDA DE LOS RÍOS SAM”. De los inmediatos vídeos del bajista y cofundador de Limp Bizkit, fallecido el 18 de octubre de 2025, comenzaron a aparecer en medio de los aplausos y un profundo sentimiento de respeto.
El bajista y cofundador murió a causa de un cáncer agresivo. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
Fred Durstesta vez sin la gorra roja que lo acompañó gran parte de los 2000, pero con una de color celeste y gafas rosas, cerró el emotivo momento con un “Muy bien, ya sabes cómo nos va, así“ (Muy bien, ya sabes cómo lo hacemos, justo así.) Era la frase de entrada a la locura que se avecinaba, un estallido de emoción que muchos llevaban esperando desde niños y otros desde la primera visita a Colombia de la banda en 2024, dentro del festival Estéreo Picnic.
El guitarrista Wes Borland, vestido de un colorido traje y una especie de casco-máscara simulando un cráneo con una cresta fucsia, fue el encargado de iniciar el descontrol. Tocó el primer acorde de romper cosas y el piso empezó a retumbar al ritmo de los saltos del mar de cabezas con gorras rojas que coreaban la canción.
Wes Borland y el traje que lo ha acompañado durante los últimos conciertos. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
Los celulares se alzaron para inmortalizar el momento mientras la adrenalina subía más y más en cada segundo que la banda estadounidense alargaba el momento del coro. Los que ya habían formado el pogo se preparaban para la explosión saltando como calentamiento físico, mientras Fred preguntaba “¿Estás listo?” (¿están listos?).
“Dame algo para romper. Dame algo para romper. Sólo dame algo para romper. ¿Qué tal tu maldita cara?” se escucha al unísono mientras las caras sonrientes de los asistentes salían en medio de los Múltiples pogos que se habían formado, así como salían volando gorras, zapatos y tener grabaciones enfocadas y estáticas había dejado de importar en absoluto en medio del terremoto de energía que estaba pasando.
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Así comenzó la electrizante presentación de la icónica banda, la tercera sin Sam Rivers en el bajo. En su reemplazo Richard “Kidnot” Buxton acompañó a la banda, al igual que en el resto de conciertos del festival Loserville.
Los clásicos como A mi manera, mi generación, rodando, echa un vistazo a tu alrededor mantuvieron al público totalmente conectado, saltando de un lado para el otro, tan felices que se escuchó a asistentes decir que era el mejor día de su vida ya otros más osados decir “Fred, dame un hijo”.
Es el mejor día de mi vida.
Asistente al concierto de Limp Bizkit
El público, uno muy diverso, pasó rápidamente de la euforia a la melancolía con Detrás de los ojos azules. Los celulares se alzaron de nuevo, esta vez con la linterna encendida para acompañar la canción que fue coreada por el Coliseo entero, el cual se había transformado en un cielo nocturno lleno de estrellas. Una vista hermosa que muchos de los asistentes recordaron momentos emotivos hasta el punto de las lágrimas.
El Medplus se vistió como el cielo de una noche llena de estrellas. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
Sin embargo, las sorpresas que todavía faltaban harían del concierto uno totalmente inolvidable.
La primera se dio en la canción. Viviéndolo cuando de repente Fred saltó del escenario a la valla que lo separaba del público y cantó tomado de la mano de varios asistentes sobre la baranda, mientras preguntaba: “¿Qué onda Bogotá?” (¿Qué pasa Bogotá?).
La segunda se dio en la canción. Nelson completo cuando Fred invitó a una mujer del público a subir al escenario. Estaba vestida de negro y llevaba en las manos una máscara como la de Wes Borland. Luego subió a otra mujer del público llamada Mabel, con gorra roja. Ahí empezó el espectáculo.
Fred y Mabel cantaron a dúo la canción, mientras la mujer de negro bailaba artísticamente y se paseaba por el escenario con movimientos que acompañaban perfectamente el sonido estridente de la coreada por el público. Un momento alucinante.
La fan visiblemente nerviosa no falló al cantar la canción junto a Fred Durst. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
La tercera sorpresa para los que no habían asistido al concierto en el festival Estéreo Picnic, se dio cuando en medio de las canciones de Limp Bizkit, los intervalos eran sonorizados por canciones como Caminar de Pantera o Susurro descuidado. Fred aprovechó para mostrar su acostumbrado sentido del humor cuando él y un miembro de su equipo, bailaron abrazados y muy cariñosamente.
La última se dio cuando la banda tocó de nuevo romper cosas para cerrar la noche. Una sorpresa que los asistentes no dudaron en aprovechar, pues se empezaron a organizar ampliando cada vez más el círculo del monumental pogo que se avecinaba y que era por lo menos del doble del que se armó al inicio del concierto.
La marea de gorras rojas se preparaba para el pogo final. Foto:Laura Viviana Hernández Martín
Las gotas de sudor bajaban, el calor estaba a tope, tanto que muchos se quitaron la camisa, los pies adoloridos de saltar hacían su máximo esfuerzo, esta vez los asistentes sostenían más fuerte sus gorras, gafas y pertenencias cuando sonó el acorde de entrada del coro. Ahí se activó la marea vibrante y catártica que suele producir Limp Bizkit y el Nu Metal.
Así se despidió Limp Bizkit. Las luces se encendieron mientras el público todavía procesaba lo que acababa de pasar y trataban de alcanzar alguna de las púas que lanzaba Wes Borland. Varios pedían “otra”, pero Fred ya había desaparecido del escenario.
LAURA VIVIANA HERNÁNDEZ MARTÍN
ESCUELA DE PERIODISMO MULTIMEDIA EL TIEMPO
