Desde la sala ‘Mecenas’ de la Escuela Superior de Música Reina Sofía se ven, como en un proyector, el Palacio Real, la Plaza de Oriente, los Jardines del Campo del Moro y el Teatro Real. La flor y nata del barrio de los Austriasabrillantado por un sol de invierno que, sin embargo, dota de un cálido azul ese Madrid señorial e inmortal.
Julia Sánchez Abeal, directora ejecutiva de la Escuelaha reunido a un grupo de periodistas en este luminoso espacio, donde una tiene la sensación de que crear allí es más fácil e inspirador. Las recias puertas que separan las estancias impiden escuchar el sonido de pianos, violines, trombas o clarinetes que desde primera hora y durante todo el día ensayan y ensayan y ensayan.
Sánchez Abeal va a ‘recorrer’ con los invitados esa mañana de jueves prenavideño los interiores de la Escuela, que fundó Paloma O´Shea, apasionada pianista y viuda del banquero Emilio Botín, en 1991. El germen de esta iniciativa que ha ido en creciendo, como una ópera de Puccini, fue el concurso de piano de la ciudad de Santander.
La realidad que encontró Paloma, melómana y filántropa a partes gemelas, fue descubrir que apenas había jóvenes españoles que concurrieran al certamen.
Crear una escuela para formar músicos talentosos fue la siguiente nota de la melodía que O´Shea deseaba ‘interpretar’ para paliar ese vacío. Una partitura que finalmente resultó convertirse en la Escuela Superior de Música Reina Sofía en la que hoy sus nueve plantas albergan sonidos, aprendizaje, tesón, futuro y pasión por la música. Y un mercado de trabajo.
Julia Sánchez Abeal cuenta que actualmente hay en el centro 170 estudiantes de 40 nacionalidades diferentes, que cuando deja la Escuela, tras una formación de media de cuatro años, el equivalente a un grado en cualquier otra disciplina académica, obtiene un 92% de empleabilidad.
Cada año, entran de entre 500 candidatos, unos 35 nuevos alumnosque llegan a través de conservatorios, escuelas municipales de música o por otras vías. El 20% de los estudiantes son españoles, hay otro 20% de sudamericanos y el resto, preferentemente, procede de países de Europa.
La estructura de este proyecto musical y cultural consta de tres pilares: el talento, la inclusión y la innovación. No hay uno sin los tres, resume Sánchez Abeal.
El capítulo “talento” se mide, sobre todo, por la relación entre maestro y discípulo, básica para el desarrollo del segundo. De ahí que la enseñanza sea muy personalizada. en busca de esa excelencia que se persigue como marca de la casa.
El 9% de los músicos que tocan en las grandes orquestas del mundo han salido de la Reina Sofía, explica el CEO de la Escuela. Por ejemplo, la Filarmónica de Berlín, considerada el santuario de la música clásica, Tiene entre sus filas tres jóvenes violinistas formados en Madrid. También los hay que vuelven de profesores, un orgullo y una ilusión.
Sánchez Abeal explica el caso del catedrático de piano, el ruso Baskirov, que estuvo desde el primer día al pie de las clases. A Baskirov, que falleció en la pandemia, le ha sustituido otro músico ruso alumno suyo al frente de la cátedra.
El curso incluye una media de 15 conciertos al año. por parte de cada estudiante, que abarcan casi todos los instrumentos del catálogo; también el canto, la dirección de orquesta y la composición. De momento, porque hay nuevos proyectos en pleno desarrollo en la Escuela.
En cuanto a la inclusión, la labor de mecenazgo de la Escuela Reina Sofía es absoluta. Todos los estudiantes admitidos tienen sus gastos cubiertos de forma integral. Para acceder a una plaza, hay que aplicar a través de la web de la Escuela y presentar un memorándum con las virtudes musicales. Muchas empresas son ‘acompañantes de baile’ de la Escuela, que se nutre así de financiación y apoyos. El primero, el de la reina Sofía, la primera socia de honor por su implicación personal.
Con toda esta población estudiantil que ha llegado allí por el estricto amor al arte, la Escuela da al año 300 conciertos, en diferentes foros y lugaresaunque dispone de un auditorio propio en su sede madrileña y este año han presentado la temporada, de forma excepcional, en el Carnegie Hall de Nueva York.
La innovación es otro apartado que preocupa y ocupa mucho a la Escuela. La envergadura de la misma es pareja a la estructura de la que ha sido dotada, con una creciente presencia de lo digital y un deseo evidente de seguir ampliando las expectativas.
De hecho, la Escuela ampliará en un tiempo no determinado su sede con un edificio contiguo cedido por el ayuntamiento de Madrid, cuyas licencias de obras se están tramitando actualmente. Eso significa que la Reina Sofía ocupará el doble de lo que es ahora. Una gran superficie que acogerá instrumentos y cátedras que no están de momento, como la tuba, y una escuela musical infantil.
Para la Escuela, como señala Sánchez Abeal, es muy importante el impacto que la música tiene en la culturano solo económico, sino también como vehículo de cohesión. Ese es el lema que defiende a sus casi 90 años la fundadora Paloma O ´Shea, tan implicada en el proyecto como el primer día.
O´Shea, íntima amiga de otra melómana, como es la reina Sofía (por quien lleva el nombre la Escuela) acude todos los días a su despacho, se entrevista con los estudiantes admitidosde uno en uno. Vigila pequeños detalles, como que un instrumento esté fuera de su sitio o un café mal organizado. Es conocedora y parte de las actividades que organizan en su casa, desde programas para familias, como Clásicos divertidoshasta conferencias, como la más nueva, Emplearte.
También la colaboración con grupo vinculados a la música como el grupo de coach. Pensadores Musicalesque dirigido por el violonchelista Pedro Alfaro, contribuye a enseñar el poder transformador de los sonidos.
Cada vez parece más cerca que en esta fusión de ideas, ambición, ilusión, entrega y profesionalidad. cantantes como Rosalía acaben un día allí, colaborando o enseñando sus formas originales de crear sonidos. Así lo sueña Julia Sánchez Abeal. Si se pudo hacer una ópera en un andamio yluna joven violinista María Dueñas ya ha tocado para ellos¿por qué no soñar con lo imposible? Si es que para la música hay algo imposible.
