Tras superar el shock, la rabia y la humillación, Gisèle Pelicot se reivindica. A sus 73 años, la mujer que quiso que la vergüenza cambiara de lado está triunfando con un libro donde cuenta su historia: ‘Un himno a la vida’ (Lumen) / ‘Un himno a la vida’ (Ara llibres), escrito con la ayuda de la periodista Judith Perrignon. “Cuando lo releo tengo la sensación de haberlo escrito yo. Son mis palabras”, ha explicado a El Periódico. Nunca olvidará el jucio donde se vieron imágenes de ella inerte bajo la sumisión química provocada por su marido de toda la vida, que la violó e invitó a una cincuentena de hombres más, de entre 22 y 70 años, a lo largo de dos lustros. Pero eso no la va a impedir ser feliz de nuevo. Está en ello.
Describe el horror de descubrir la verdad como “una explosión que nos arrebató la vida por completa”. ¿Cuál fue el momento más duro?
La revelación de los abusos cometidos contra mí el 2 de noviembre de 2020 en la comisaría es algo que no no me esperaba de ningún modo. Fue un ‘shock’. Yo acompañaba ese al señor Pelicot a la comisaría porque la policía tenía unas fotos que había hecho con el móvil bajo las faldas de unas mujeres. No me esperaba que me mostraran imágenes donde yo aparecía con otros hombres en mi cama. No me reconocía. Aquello fue duro, pero tener que decírselo a mis hijos era mucho más difícil todavía.
Tanto como decidir celebrar un juicio a puerta abierta y que saliera a la luz su escabroso caso en el que se ha calificado como el juicio a la cultura de la violación.
Necesité cuatro años antes de tomar esta decisión. Necesitaba tiempo para recuperar la confianza en mí. Lleva un tiempo similar a todo lo ocurrido. Al principio uno se aísla y no sabe cómo reaccionar. Pero en la medida que fui recuperando mi vida, quise que la vergüenza cambiara de lado. Mis hijos me lo habían pedido al principio, pero entonces yo no lo veía claro. Era demasiado doloroso y no estaba lista para afrontar todas las miradas en la sala del tribunal de esos 50 individuos que no conocía, que me habían violado después de que mi marido me hubiera drogado. No sabía cómo iba a reaccionar.
¿Qué hizo la cambiar?
Quería que la vergüenza cambiara de bando, yo era la víctima. Había consultado con psiquiatras, con psicólogos y tenía la ayuda de la Asociación de ayuda a las víctimas que cada día enviaba a alguien para que se sentara conmigo en el juicio. Me sentí apoyada también por mis abogados. Nunca me arrepentí de la decisión de hacer público el proceso, aunque reconozco que fue difícil de soportar las miradas y la humillación dentro de la sala.
Si no llegan a denunciar a su marido tras ‘pescarle’ filmando bajo las faldas de unas mujeres, quizás nunca se hubiera descubierto el horror que sufría en su propia casa.
En 50 años de vida en común nunca hubiera imaginado que mi marido tuviera esa pulsión que le llevó a filmar a esas mujeres. Pero quise ayudarle: le dije que les pidiera perdón y solicitara ayuda psicológica. Y menos que se hubiera aprovechado de mí, algo que descubrí el 2 de noviembre cuando la policía me explicó la amplitud de todo aquello que nos pulverizó, a mí ya mis hijos.
“Cuando la policía me explicó la amplitud de todo aquello nos pulverizó, a mí ya mis hijos”
Le enseñaron unas fotos y le explicaron que una cincuentena de hombres la habían violado en su propia cama cuando estaba inconsciente, víctima de la sumisión química. ¿Qué pensó?
Me decía que era imposible, que aquello no había podido hacerlo mi marido, que era un fotomontaje. Fue muy difícil de aceptar al principio. Necesité cinco o seis horas para aceptarlo, cuando por fin lo verbalicé y le dije por primera vez a una amiga que me había violado y le conté lo ocurrido.
¿Cómo reaccionaron sus hijos?
Con odio y enojo ante su padre, algo legítimo. Vinieron a casa y querían tirarlo todo, deshacerse de todos los recuerdos que teníamos. Yo aún buscaba una explicación porque yo, a diferencia de ellos, había elegido vivir con el señor Pelicot, tener tres hijos con él. En aquel momento intenté salvar los buenos recuerdos. Es falso creer que el drama une a las familias. Se necesita tiempo para lo mismo.
A lo largo esos 10 años en que dura la tortura experimentó problemas de salud: pérdida de memoria, fatiga ¿Alguna vez sospechó algo?
Un día le dije en broma a mi marido “¿No me estarás drogando?”. La reacción de él fue ponerse a llorar y replicar: “¿Te das cuenta de lo que acabas de decir”. Tuve que excusarme ante él, pero ese día casi adiviné lo que pasaba. No sé si fue el inconsciente que habló por mí, nunca lo sabré. Pero entonces casi puse el dedo en la llaga. Nunca más hable de ello. Tenía esas pérdidas de memoria que me llevaron a consultar a muchos médicos. Pero como me veían acompañada de mi marido en la consulta nunca sospecharon nada. Me hablaron de ictus, de ansiedad, de Alzhéimer. Uno no imagina que una mujer mayor pueda ser drogada y violada por su marido.
“Uno no imagina que una mujer mayor pueda ser drogada y violada por su marido”
Se la ve fuerte y entera. ¿Cómo se encuentra actualmente? ¿Sigue llevando la coraza que necesitó para afrontar el juicio?
He intentado reconstruirme. Estaba hecha una ruina pero he retomado las riendas de mi vida. El proceso jurídico ha terminado. Todos han sido reconocidos culpables. Eso también ha ayudado en mi camino hacia la reconstrucción.
Para sus hijos y nietos también fue una bomba de destrucción masiva. ¿Cómo están ahora?
Para ellos ha sido más difícil, han necesitado más tiempo y también ayuda psicológica. Mi libro también les ha ayudado a entender más a su madre, a conocerla mejor. Con mi hija todo va mucho mejor y el domingo celebraremos juntas en París el Día de la Mujer.
Ella ha denunciado a su padre pues teme que también la haya violado. Hay unas fotos comprometidas pero no tiene más pruebas.
Tuve suerte de contar con unas pruebas irrefutables, las filmaciones. Ella tiene unas fotos que te llevan a plantear preguntas. Son diferentes que las que me hizo a mí, pero hay una mirada incestuosa sobre su hija.
¿Cómo se compara la Gisèle de hoy con la Gisèle de antes de la tragedia, que desconocía por completo la doble personalidad de su marido y el monstruo que era?
Yo creía que mi vida era equilibrada y feliz. Ni un segundo pensé en lo que era capaz de aquello. Nunca podré olvidar lo ocurrido pero una debe aceptarlo para poder seguir avanzando. Hay que vivir con ello. Intento poner algo de color en mi vida porque hay que seguir adelante. Pensar así me ayuda para seguir buscando la felicidad, pasar buenos momentos rodeado de la gente que amo y me quiere.
¿El libro también ha ayudado en esa reconstrucción?
El libro sirve de terapia. Es una forma de testamento que ayuda a remontarlo todo. Porta un mensaje de esperanza para todas aquellas personas que atraviesan un momento difícil. En él explico también mi vida para entender de donde viene esa fuerza que me mantiene, esa resiliencia que me transmitieron mi madre y mi abuela.
El amor que se ha reencontrado en su pareja actual, ¿también ayuda?
Por supuesto. Tuve la suerte de encontrar a alguien con valores verdaderos y sólidos anclajes. Me ha cambiado la vida y yo, la suya.
Hannah Arendt habló de la «banalidad del mal» tras el horror nazi y Mannon García, en su libro ‘Vivir con los hombres’, aparecido recientemente, destaca que su juicio como «muestra la complejidad de un sistema radicalmente fundacional de dominación masculina del patriarcado».
Este juicio ha despertado una conciencia colectiva respecto a todos estos individuos. Hablamos de la banalidad de la violación pero no hay que poner a todo el mundo en el mismo saco. Hay hombres muy válidos. Somos capaces de vivir todos juntos en armonía, cada uno en su lugar y con las mismas responsabilidades si hay educación, respeto y empatía.
“Somos capaces de vivir todos juntos en armonía, cada uno en su lugar y con las mismas responsabilidades si hay educación, respeto y empatía”
No es una feminista radical, pero se ha convertido en un símbolo. La reina Camila en Inglaterra y Pedro Sánchez, el presidente del Gobierno de España, la han recibido y condecorado. Parece que la vergüenza ha cambiado de bando.
Es cierto, pero queda mucho camino por recorrer todavía. Aceptó la distinción de su presidente en nombre de todas las mujeres víctimas de violencia sexual. Y he visto a la reina Camilla muy comprometida con la lucha contra la violencia hacia las mujeres y la violencia doméstica.
Le espera además un intenso programa promocional con su libro, traducido a 22 idiomas y número de uno en ventas en las primeras semanas en varios países.
Este libro es un mensaje de esperanza para todos, mujeres y hombres de todas las generaciones. Hace replantear la manera de vivir en pareja y cómo nos comportamos en ella. Pero no me siento ni icono ni símbolo de nada. Me gusta más la palabra ‘éveilleuse’, la persona que te despierta y te hace tomar conciencia.
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