Se cumple 45 años del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981una fecha casi redonda que en esta ocasión está despertando un interés inusitado. Coinciden varios factores entre los que se suman la publicación de nuevos libros al respecto y, sobre todo, el impacto de la serie de Movistar+ basada en la novela de Javier Cercas. Anatomía de un instante. Las charlas y mesas redondas se suceden para abordar el momento clave de la Transición española. en cuyo fracaso muchos sitúan la consolidación de la democracia.
El escritor, político y militar Javier Fernández ha dedicado una buena parte de su labor como investigador en ese momento concreto de la historia española. Hace unos meses publicó en la editorial Comuniter un breve y didáctico manual titulado Todo sobre el 23F que busca ser un compendio divulgativo de los principales aspectos del golpe de Estado. Defiende que de la fecha se conoce en profundidad “todo lo que sucedió” y por eso lamenta que todavía se realiza insinuaciones falsas para embarrar el terreno de juegosiempre con motivaciones ideológicas. “Quedan ocultas cuestiones menores que sirven para alimentar el morbo, pero que en ningún caso alterarían lo sustancial de lo que sabemos”, manifiesta.
Los actos que se han sucedido estos días y que continuarán durante la semana próxima dejan sobre la mesa una reflexión sobre la importancia de repensar el pasado. Para Fernández, esto tiene especial interés en un momento en el que las encuestas están hablando de que existen jóvenes entre los 15 y los 18 que se muestran dispuestos a vivir, en según qué circunstancias, en una dictadura. “Eso es una barbaridad que tenemos que combatir por tierra, mar y aire, es un disparate que la gente joven piense que la democracia es algo accidental y tenemos que ser insistentes: una dictadura no tiene bondades”, afirma. Por eso señala que es fundamental explicar qué era este golpe, quién estaba detrás “y qué modelo de sociedad querían imponer”.
Él rechaza la idea de que se tratara de un plan improvisado, advirtiendo que, aunque tras su fracaso se tilde de “chapuza”, la realidad era mucho más peligrosa. Según su análisis, el movimiento “tenía medios y personas suficientes” para haber tenido éxito, y subraya que el desenlace fue fruto de una resistencia inesperada: “Fracasó porque se les puso enfrente mucha más gente de la que esperaban, empezando por el Rey”. En este sentido recuerda las multitudinarias manifestaciones a favor de la democracia que se sucedieron en las siguientes jornadas.
Figura del emérito
Sin embargo, Fernández reconoce que la percepción actual de aquel papel heroico de Juan Carlos I se ha deteriorado debido a los escándalos posteriores del emérito con quien admite estar “muy enfadado por las estúpidas que ha hecho”. Esto implica que la pérdida de confianza en estos últimos años contamina el relato histórico, provocando que su comportamiento actual empañe “incluso los momentos donde actuó correctamente” Durante aquella jornada crítica de 1981.
Fernández, que fue delegado del Gobierno de España en Aragón entre los años 2004 y 2012, afirma en su libro que no habrá más golpes de Estado como el intento por el teniente coronel Antonio Tejero. Sin embargo, recuerda que el del 23F no fue el último complot y que otras dos asonadas militares quedaron convenientemente opacadas por el impacto que tuvo la entrada de la Guardia Civil en el Congreso de los Diputados.
El primero de ellos se gestó para el 27 de octubre de 1982, justo en la víspera de las elecciones generales que dieron la victoria a Felipe González. Los conspiradores eligieron esta fecha estratégica aprovechando que las fuerzas de seguridad estarían en jornada de descanso por ser la jornada de reflexión. Sin embargo, el plan se frustró gracias a un capitán del CESID que vigilaba las visitas recibidas por Milans del Bosch en la cárcel. La intervención documentos de un maletín con reveló una operación “atroz” que incluía el bombardeo de puntos clave en Madrid y la neutralización del que fuera jefe de la Casa Real y figura fundamental para frenar el golpe anterior, Sabino Fernández Campo. Para el exdelegado, en el caso de haber prosperado este levantamiento habría derivado en un episodio “absolutamente cruento”.
Tres años más tarde, el 2 de junio de 1985, coincidiendo con la celebración del Día de las Fuerzas Armadas en La Coruña, un grupo de ultraderecha (seguramente con el asesoramiento de militares) estuvo involucrado en la organización de un atentado que recordaba en su planteamiento a la Operación Ogro contra Carrero Blanco.
Los servicios de información detectaron que los implicados habían alquilado una carbonería en un semisótano, situada estratégicamente frente al lugar donde se instalaría la tribuna presidencial. El plan consistía en colocar 900 kilos de explosivos bajo dicha estructura para “volar a toda la familia real y al gabinete entero”. El complot se desmanteló rápidamente y se trató con discreción para evitar la inestabilidad social.
Transcurridos 45 años desde el intento de cuartelazo, Fernández señala que se debe situar la vista en el juicio posterior al 23F a pesar de que las penas que recibieron los implicados eran bastante menores de lo esperado. “Aquel proceso del que se habla muy poco fue un verdadero bochorno por lo que reflejó de aquellas personas”, detalla.
Suscríbete para seguir leyendo
