La vieja estación de tren de Santiago de Compostela, inaugurada en 1943, con aires de granítico pazo señorial, tenía un inconveniente: quedaban diez metros por debajo de la cota del perímetro del casco antiguo, lo que obligó a construir una historiada escalinata, también en granito, para salvar el desnivel. Y su playa de vías tenía otro inconveniente: separaba dicho casco de los barrios del sur, como Puentepedriña, o del parque de las Brañas do Sar.
De modo que cuando Juan Herreros concursó para edificar la nueva estación quiso resolver esos dos inconvenientes. ¿Cómo? Pues construyendo el equipamiento flotando sobre las vías, y adosándole una pasarela urbana que convierte en sistema de conexión lo que antes era barrera entre las partes de una ciudad en expansión.
La estación intermodal Santiago de Compostela–Daniel Castelao, que entró en servicio mediado el año, es un edificio de fuerte componente infraestructural –nada nuevo en la trayectoria de Herreros–, que recurre al hormigón en los pilares escultóricos que la suspenden sobre los andenes, pero está armada en su tramo superior con profusión de vigas de acero y otros materiales ensamblados en seco.
La pasarela peatonal, que se hizo en una primera fase de obras y se entregó en el 2021, está revestida de planchas de desplegar que atenúan los efectos de la insolación, la lluvia y el viento, y configuran la fachada lateral, rematada en sus extremos por sendas torres, una de ellas de casi veinte metros de altura, encarada a la plaza Clara Campoamor, proyectada también por los autores de la estación.
Juan Herreros dice que no ha sido fácil encajar el nuevo equipamiento, pero añade que las dificultades debidas a la “indómita geometría del lugar” le han animado a proponer un desprejuiciado labor de retazos de materiales y volúmenes, algo bien visible ahí donde la nueva estación linda con la vieja.
El criterio práctico, reflejado en la nivelación de cotas y en la pasarela conectora, ha sido pues determinante en esta obra, que se realizó sin interrumpir el servicio ferroviario, lo que obligó a realizar los trabajos entre las 11 de la noche y cinco de la madrugada, ya construir la pasarela fuera de su emplazamiento definitivo, para lanzarla después hacia él.
La sala de espera de este equipamiento no parece muy holgada, lo que sorprende, dado que se esperaban unos dos millones de pasajeros anuales y ya se acercan a los dos y medio. Pero, por lo demás, la estación cumple bien su cometido específico y aporta, además, una mejora del funcionamiento urbano de Santiago de Compostela, al que ahora los viajeros pueden acceder con mayor comodidad. Queda solo por terminar la plataforma de movilidad, donde operarán autobuses –cuya estación ha sido proyectada por IDOM–, taxis y automóviles, algo que se espera suceda en los próximos meses.
