“Esto no es un monólogo. Es una obra de varios personajes interpretada por un actor solista“. Así es como joel joan presenta ‘Vània’la adaptación al formato ‘one man show’ que el dramaturgo inglés Simón Esteban hizo el clasico ‘Tío Vania’ de Antón Chéjoven versión resumida y modernizada. Un montaje de audacia extrema que el actor barcelonés, dirigido por Nelson Valenterepresentará durante cuatro semanas, del 24 de febrero al 22 de marzo, en el Teatro Romea. “Es, sin duda, lo más bestia que habré hecho en mi vida -asegura Joan-. Nunca me he enfrentado a algo así, tan radical”.
La radicalidad de esta ‘Vània’ consiste en hacer creer al espectador que está viendo una ocho personajes diferentes -cuatro hombres y cuatro mujeres- cuando solo hay un intérprete en el escenario. Y ello sin cambios de vestuario ni máscaras ni trucos de caracterización. “El gran reto es conseguir que el publico entienda la obra y se meta dentro, que pueda seguir no solo el hilo argumental sino también el viaje emocional”. Para que el espectador “vea” a los personajes, el actor recurra a los cambios de tono de voz ya unos gestos específicos, “pero todo debe hacerse de una manera muy sutil para no acabar cayendo en la caricatura, en los payasos de la tele -señala-. Esto no es un festival Joel Joan. Es ‘Vània’. Aunque la haga un solo tío”.
Una gran frustración
Pese a ser una de las obras capitales de Chéjov, ‘Tío Vania’ ha estado muy poco presente en los escenarios barcelonesesa diferencia de otros títulos igualmente importantes del autor ruso como ‘Les tres germanes’, ‘La gavina’ o ‘L’hort dels cirerers’. Publicada en 1899 y estrenada en 1900 (en un montaje de Konstantín Stanislavski), la obra reúne en una hacienda campestre a un grupo de personajes marcados por la mediocridad de sus vidas y hermanados por el incumplimiento de las expectativas. “En ‘Vània’ no hay ni un personaje que no tenga su bol de desgracia para comer -apunta Joan-. Sin hacer grandes pirotecnias en la trama ni giros argumentales, Chéjov te habla de todos estos personajes y de sus frustraciones y miserias, que son las nuestras por más que hoy vivamos en un mundo lleno de ruido y tecnología. Habla de la condición humana y lo hace sin llorar.. Es un autor que no necesita fuegos de artificio para hacer una brasa en la que se va asando una carne muy suculenta”.
Joel Joan, en un momento de los ensayos de ‘Vània’ / Teatro Romea
La productora Enfocar le hizo llegar a Joel Joan el texto de Simon Stephens, que condensa la obra de Chéjov (la deja en 90 minutos) y la acerca al presente, con una propuesta para montarlo en el Romea. Al actor le costó decidirse, y no solo porque después de haber protagonizado ‘Jo sóc la meva dona’ en 2008 se había prometido a sí mismo no volver a hacer un monólogo nunca más. “Cuando alguien dice ‘nunca más’, es muy probable es que se lo acabe comiendo con patatas -ríe-. Lo que pasa es que la primera vez que leí el texto de Stephens no entendí nada, no vi cómo se podía hacer eso. Y me pareció un trabajazo monumental. Pero como soy muy joven de espíritu -vuelve a reír-, volvió a leerlo ya darle vueltas, hasta que al final lo vi. Y me vi a mí haciendo”.
De la comedia al drama
Un aliciente no menor fue la posibilidad de salir del registro de actor comico en que Joan parecía definitivamente encasillado a raíz del éxito de las dos entregas de ‘Sala de escape’ (en estas semanas anda ultimando la adaptación al cine de la segunda). “Es verdad que el personaje de ‘Escape Room’ me ha marcado mucho y me apetecía salir de ahí y experimentar mi parte dramática. Hacer reír está muy bien, es como un superpoderpero cuando haces drama entra en contacto con una parte de ti mismo muy diferente, más emotiva. Y si consigues que el espectador se deje arrastrar por esa emoción, se crean momentos muy mágicos”. Aun así, el actor sostiene que ‘Vània’ está cargada de humor y recuerda que, cuando se estrenó en 1900 y Stanislavski lo presentaba como un drama, Chéjov insistía en que en realidad era una comedia. “Es lo que ocurre con las buenas comedias y con los buenos dramas, que no hay tanta diferencia”.
Al fin y al cabo, en todas las vidas se mezclan la comedia y el drama. También en la de Joel Joan, pese a la imagen que en ocasiones pueda proyectar. “Yo tengo un punto bastante dramático y vivo mi vida de una manera un poco melancólica. No soy la alegría de la huerta, ni de lejos. Soy muy trabajador, eso sí, pero porque no sé hacer nada más. El trabajo me ayuda a encontrarme a mí mismo, a conocerme mejor y es, sobre todo, una gran zanahoria para no dejarme caer. Ponerme retos y superarlos, eso es lo que me ayuda a neutralizar mi lado nihilista”.
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