Ferrán Palau
★★★★✩
Lugar y fecha: L’Auditori 2 (30/I/2026)
Tras alcanzar la cumbre del pop metafísico con “Kevin”, el cantautor y guitarrista Ferran Palau se ha ido distanciando de esta etiqueta para volver a un sonido que lo entronca con sus inicios folk. La prueba es su nuevo álbum “Aniversari feliç”, estrenado en el ciclo Sit Back de L’Auditori agotando las localidades de la sala mediana. El de Collbató estuvo rodeado de los músicos con los que lo ha grabado. Empezando por su inseparable primo Jordi Matas a la guitarra eléctrica. En esta ocasión tienen un peso fundamental los arreglos de cuerda y viento de Bruna González, al chelo y coros, y Marcelí Bayer alternándose al clarinete y flauta travesera.
El fantasma que ilustra la portada es una buena imagen para definir un cancionero espectral que transita entre el folk de cámara y un pop etéreo arropado por luces tenues y humaredas. Desde el estreno de la inicial “(21)”, que empieza a decir “avui m’he llevat com nou”, Palau te sumerge y atrapa en un mundo onírico, íntimo y compungido, con algún resquicio de luz, como en la tímida “Ei què tal” o en una de las novedades más logradas, un “Tan feliç” en el que destaca la ambientación atmosférica que proporciona la guitarra eléctrica. Matas introduce capas de sonido ambiental que parecen sintéticas, pedales de efectos de por medio, rellenando con sumo cuidado y pericia unas canciones que viven de los detalles; como las florituras del clarinete bajo, misterioso y nocturno, en “Em vas fer així”.
Los arreglos orquestales también funcionan en canciones añejas, así “Caic” y “Reflexe” sonaron flotantes, en consonancia con las novedades de un “Estómac buit” y “Un día, el sol”, llevadas en volandas por una aérea flauta travesera y pulcras armonías vocales. En el remanso de “Joia”, con el tema titular y “Trenca’m”, seguirían ahondando en las pastorales folk.
El concierto no fue pesado y denso, como el propio Palau dijo temer, sino un trance minimal trufado de momentos álgidos, como el rescate de “Cavall blanc” con un verso, “sóc només ànima en pena”, que sirve para definir su nueva etapa, moviéndose entre efectos de guitarra “frippertrónicos” y el exquisito pop de cámara. Y las letras de las canciones, siempre llenas de imágenes poderosas, como la estrofa de “Mitjanit” que dice “que de flores que neixen mortes en tenim un calaix ple”.
Hubo tiempo para desgranar 21 canciones, entre ellas “Bang bang”, otra historia de amor poco convencional a lo película de cine negro, antes de un ligero y brumoso bis en el que destacaron la relectura de “Serà un abisme”, acariciante maravilla sublimada por los efectos corales, y “El meu lament”, la joya del álbum “Santa Ferida”, evidenciando que las canciones de Palau se pueden transformar para ganar incluso en magnetismo.
