¿Cómo nace ‘Después de Kim’? Sabemos que parte de un libro tuyo.
Yo estaba escribiendo la novela hace muchos años —se publicó en 2019— y tardé bastante en terminarla. Mientras tanto, hablaba mucho con mi productor habitual, Gerardo Herrero. Un día me preguntó qué estaba haciendo y le conté la historia. Me dijo: “Esto sería una película estupenda”. Pero yo quería terminar primero la novela. Han pasado años, hizo otra película entre medios y él seguía diciendo: “Tenemos que hacer ‘Después de Kim”. Al final la adaptación llegó después, no fue algo pensado desde el principio.
El hecho de que la película esté en Málaga es importante, me imagino.
Mucho. Que el festival la haya elegido es una gran suerte. El Festival de Málaga, junto con el Festival Internacional de San Sebastián, se ha convertido en uno de los escaparates más importantes del cine español. Hay mucha competencia para entrar porque en España se producen más de 300 largometrajes al año y muchos ni siquiera llegan a tener distribución. Estar en la selección ya es un impulso enorme.
La historia transcurre en un lugar muy turístico, Benidorm, pero la película se siente íntima.
Sí, es una película contenida. Los presupuestos no dan para mucho y, además, la historia exigía muchas localizaciones: los padres recorren el entorno donde vivía su hija para intentar comprender quién era realmente. Eso implica moverte mucho, tener muchos personajes secundarios… Rodamos en Benidorm, que es una ciudad pequeña pero con muchísima vida, y además en verano y por la noche. Cerrar calles llenas de bares y turistas —muchos británicos— era imposible, así que trabajamos con mucha ayuda de la policía local y de la Film Office.
Hablamos un 8 de marzo. ¿Cómo ve la situación de las mujeres en la industria?
Ha cambiado muchísimo. Desde que yo empecé hasta ahora el salto ha sido enorme. No solo porque haya directoras consagradas internacionalmente, sino porque muchas mujeres se han incorporado a los equipos técnicos. En esta película, por ejemplo, trabajé por primera vez con una directora de fotografía, Lara Vilanova, que fue fundamental para rodar en un entorno tan difícil de controlar visualmente como Benidorm. Y además tenía un equipo muy equilibrado de hombres y mujeres, algo que antes era raro.
En esta película he tenido t un equipo muy equilibrado de hombres y mujeres, algo que antes era raro
Hay cierta inquietud en el sector sobre el futuro de las políticas culturales.
Los gobiernos cambian, eso es normal. Pero creo que muchas de estas políticas ya están muy asentadas y han demostrado que funcionan. Lo importante es que tengan presupuesto, porque no basta con anunciar medidas: hay que dotarlas económicamente para que sean reales.
Su cine suele moverse entre el drama y momentos de humor muy humanos. ¿Es eso lo que caracteriza su mirada?
Me gusta ese tono también como espectadora. Incluso en los momentos más duros de la vida hay pequeños instantes de luz o de humor. El ser humano utiliza el humor para sobrevivir y para entender lo que le pasa.
Los protagonistas de ‘Después de Kim’ son interpretados por Adriana Ozores y Darío Grandinetti. ¿Los tenía en mente desde el principio?
A Adriana sí la tuve clara desde el principio. Con el personaje masculino hubo más dudas porque durante un tiempo la película iba a ser una coproducción y quizás el actor sería de otro país. Pero cuando el proyecto se definió, Darío fue la apuesta. Necesitaba intérpretes capaces de moverse en un mismo plano entre el drama y pequeños momentos de humor.
Tras ver ‘Después de Kim’, muchos espectadores hablan del duelo como tema central.
Sí, pero también de los afectos. De qué nos pasa cuando atravesamos momentos difíciles y de cómo nos reconstruimos. La película plantea que eso no se puede hacer solo: siempre necesitamos que alguien nos tienda la mano. Los dos protagonistas están muy solos y, de alguna manera, se empujan el uno al otro para seguir adelante.
Y también aparece la fuerza de la familia, incluso cuando llega un nuevo miembro.
Claro. En la historia, la llegada de un nieto supone una razón para seguir viviendo, una energía nueva. Es algo que muchas personas me dicen: no sabes lo que significa ser abuelo hasta que lo eres. Esa vida nueva mueve muchas cosas.
En otro orden de cosas, su hija Estrella ha acabado convertida en influencer literaria. ¿Cómo ocurrió?
Ella teatro estudió en Londres y vivió allí siete años. Primero trabajó como actriz y luego hizo la carrera de escritura dramática. Allí comenzó a trabajar para una agencia internacional leyendo manuscritos y haciendo informes, algo que la metió de lleno en el mundo de la literatura y la edición. Un día le dije: “Lees tanto, ¿por qué no lo cuentas en internet, en Instagram?”. Pero no solo qué lees, sino cómo lo cuentas. Como tiene formación de actriz y de escritura teatral, comunica muy bien, y eso ha hecho que conecta mucho con la gente.
