Su relación con el Festival de Málaga es muy cercana.
mi padre (Moisés Salama, que ha dirigido durante años el apartado de Documentales del Festival) está muy vinculado, ha trabajado muchos años aquí y quizás hay una cosa de que no parezca que a los de casa nos meten así del tirón. Es muy bonito estrenar la película aquí, con la familia, en este entorno. Además, es una película muy malagueña: Samuel Pinazo (el guionista, también malagueño) la escribió pensando en rodarla en su barrio, El Molinillo.
Al final se filmó en Canarias…
Las productoras, los incentivos fiscales… ya sabe cómo funciona esto. Pero la siguiente la ruedo en Málaga, ¿eh?
La película se estrena en la semana del 8M. Siendo una directora tan comprometida con lo femenino, parece un marco muy especial para una historia como esta.
Sí, pero lo que me gustaba del personaje de Auri es que no va con una bandera feminista ni con un discurso de empoderamiento. Es una mujer que llega a ese momento sola, sin que nadie la empuje a liberarse. Cuando ese dinero decide ver qué puede hacer con él y qué quiere para recibir su vida. Esa liberación surge de forma natural, y eso me gustaba mucho del guion de Samuel: que todo era muy sutil, sin un discurso explícito.
¿Sigue apostando por el cine social?
Al final hay algo de contar historias sociales desde un tono más ligero; no hacer un cine que te esté dando una lección vital todo el rato, sino que el mensaje llegue de forma agradable y que pueda conectar con todo el mundo.
Entonces, ¿el cine puede cambiar la sociedad?
Ojalá cualquier cosa que hagamos ayude a mejorarla. Si no, mal vamos.
Creo que en una forma de contar historias sociales desde un tono más ligero; no hacer un cine que te esté dando una lección vital todo el rato
Una de las cosas que se deben cambiar, según muchos directores, es el presupuesto con el que cuentan para sus películas. Porque dicen que hay avances, sí, pero que eso todavía está en el debe.
Totalmente. Cuando pedimos ayuda, las mujeres vamos casi siempre a las selectivas, que son las pequeñas. Es como si nos hubieran hecho un carril bici: “Éste es tu carril”. Y luego está el carril grande para las películas. de verdad. Pero nosotras también queremos circular por ese otro carril. Tenemos que entender que no es solo que nos hayan dejado pasar: también pertenecemos a esto. Y si nos dan más dinero, lo haremos mejor, como cualquiera.
¿Por qué cree que pasa?
Creo que existe la idea de que las mujeres nos movemos bien con historias pequeñas y personajes íntimos, y que quizás no necesitemos contar grandes tramas. Pero esas historias también se pueden contar a gran escala y quedar igual de bien.
Volvamos a ‘Auri’. Parece hablar de dos cosas, de la incomunicación o de alguien que se vuelve invisible.
En realidad están las dos. En la familia hay una falta de comunicación muy grande, muchas rutinas que se mantienen sin hablarlas. Y también está la sensación de invisibilidad de ella. Curiosamente, cuando desaparece es cuando se vuelve visible: cuando falta es cuando los demás se dan cuenta de todo lo que hacía. Su marido empieza a seguir sus pasos y descubre que ella necesitaba un cambio del que él no se había dado cuenta.
¿Es una historia de perdedores?
El título original del guion era ‘Por una vez’. Se refería a un momento en el que el personaje dice: “Por una vez seremos los ganadores”. Habla de esas familias que se sienten perdedoras aunque, en realidad, lo tienen todo: se quieren, no les falta nada, pero existe esa aspiración de por qué unos viven en un barrio y otros en otro. En Málaga, por ejemplo, esa diferencia entre la Málaga Este y la Málaga Oeste, es muy evidente.
Usted viene de una y Samuel de la otra.
Exacto. Samuel es de la Málaga Oeste y yo de la Este. Para mí fue muy bonito entrar en su mundo, en su barrio —El Molinillo—, conocer a su familia e intentar contar esa historia con todo el respeto, porque mi realidad era muy distinta.
En sus películas parece que no pasa nada… pero siempre termina pasando algo.
Si. A veces la vida es así: parece que no ocurre nada, pero cada día importa. Esos pequeños cambios son muy importantes.
En su anterior película, ‘Alegría’, había una casa llena de luz y color; Aquí, en cambio, el espacio es casi una cueva.
Es verdad. Mi madre, cuando vio ‘Auri’, me dijo: “Si pensáis que esto es una comedia… Es bastante dura”. Pero la idea no era hacer una comedia ni una película dura, sino reflejar una realidad. También queríamos mostrar que en el barrio hay historias bonitas, que no todo es conflicto. No tener dinero no significa no tener gusto o sensibilidad estética.
Volviendo a su próximo proyecto que me comentaba al principio…
Será la adaptación de ‘Vengo de ese miedo’, la novela de Miguel Ángel Oeste (también parte del organigrama del Festival de Málaga). Lo afrontamos con muchísima ilusión, sobre todo porque por fin podré rodar en Málaga.
