En pocos meses se han estrenado no una sino dos interpretaciones del frankenstein de Mary Shelley, la de Guillermo del Toro, que opta a nueve premios Oscar, incluido el de Mejor película, y ahora ¡La Novia!, la revisión feminista de Maggie Gyllenhaal con Jessie Buckley que está siendo vapuleada por la crítica sin mucha compasión. Desde que se publicó en 1818, cada época ha querido ver cosas distintas en la novela de Shelley. Ya en un primer momento se interpretó como una alegoría antiesclavista (la autora era abolicionista) y como una metáfora de las revoluciones de la Ilustración. Tras la Segunda Guerra Mundial se demostró a Oppenheimer el gran Victor Frankenstein y la bomba nuclear su criatura desdichada. En los últimos años se trazan paralelismos con la IA Quizás una de las lecturas más disruptivas ya la vez más evidentes la hizo Muriel Spark en su biografía de Mary Shelley, escrita en 1951, cuando se cumplieron cien años de la muerte de Shelley. Allí, Spark reparaba en un detalle que habían pasado por alto todos los exégetas masculinos: Mary Shelley tenía 18 años cuando empezó a escribir. frankenstein. Hacía dos que había muerto su primer bebé, al que no llegó a poner nombre (como tampoco lo tiene la criatura de Victor Frankenstein en la novela). Tenía un nuevo bebé, al que aún amamantaba y, al terminar la novela, estaba ya embarazada de su tercer hijo. Cuando se estrenó la primera producción teatral de frankenstein, en Londres en 1823, Shelley ya había parido a cuatro hijos, enterrado a tres y perdido otro en un aborto que casi la mata. frankenstein es todo lo que se viera ver en ella y también un reflejo del éxtasis y el terror de dar luz a alguien y perderlo.
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