No hace mucho, Rubén Blades descubrió que es nieto de Ricardo Miró, uno de los poetas más importantes de Panamá y que en 1908 fue cónsul en Barcelona, ciudad a la que regresará el 23 de julio dentro del Barts Festival, con la gira europea de su último trabajo, Fotografías.
El legado inmortal
Mi próxima discoteca va a dar muchísimo que hablar, viene durísimo, con esos trombones”
Suena mucho a salsa.
Pues cuando escuches el que estamos grabando ahora… Ese va a dar muchísimo de que hablar, será tremendo. Va a tener muchísima más fuerza todavía.
Pero, ¿para cuándo?
No lo sé, estamos trabajando todavía con Roberto Delgado y su big band. Prepárense porque viene muy duro, con ese sonido de trombones que ya teníamos con Willie Colón y que te hace viajar a los 70 de Eddie Palmieri. Hay una canción sobre la cárcel que me tiene entusiasmado.
Con Fotografías canta a la cotidianidad.
Y a las cosas de las que no hablamos. Fotografías Es una canción atemporal que retrata a gente sonriendo aunque por dentro no haya alegría. En todas las casas que vas encuentras fotografías. Las fotografías mantienen a los muertos vivos ya los vivos viviendo.
¿Hay de Willie en su casa?
Sí, siempre las he tenido.
¿Le dolio?
Sí, por inesperado. Me pegó cerquita porque fuimos pareja y eso acentúa la sensación de la propia mortalidad.
¿Llegaron a arreglarse?
Sí, nos vimos casualmente en el velorio de un amigo, hace dos años. Estuvimos bien, no discutimos y hablamos mucho. Independientemente de nuestras diferencias, cuando nos mirábamos siempre nos tratamos con respeto y afecto.
Pensó en retirarse.
Sí, eso fue hace unos años, pero nos dieron el Grammy al álbum del año y pensé que no era un buen momento. Ahora mismo, representamos con nuestro repertorio varias décadas de salsa y eso hay que mostrarlo. Si puedo y tengo voz, voy a seguir grabando. Pero definitivamente creo que ésta ya será la penúltima gira.
No le creo. Se cuida.
Yo me cuido, sí, pero de repente pasan cosas. Me cuido mucho, no ando por ahí parrandeando, ni haciendo desajustes.
El secreto de la inmortalidad de la salsa.
En una sociedad que elimina los pocos espacios que existen para el contacto, solo nos queda la música de salsa. Ahí no importa que seas negro, blanco, chino, alto, flaco, gordo, lo que sea… Baila, es todo lo que necesitas. De repente permite que un extraño te toque y personas de culturas diferentes estén unidas con un propósito común: no pisar el uno al otro. Así que la salsa va a continuar siendo eso, un vehículo para traer unidad a un mundo cada vez más desunido.
Bad Bunny se ha pasado a su bando.
Creo que ha ido evolucionando, ha salido de donde andaba metido con la vaina de los perreos. Vamos a ver dónde va. Ha ayudado mucho la influencia y la conexión con René (Residente) y Ricky Martin. Necesitamos que se siga aconsejando de gente que sabe, que se aparte de las ideologías y que apunte al alma del pueblo de Puerto Rico.
Estamos en guerra.
Sí, pero son fases. No creo que el mundo vaya a estar controlado por estúpidos, por racistas y por gente que carece de espiritualidad. El mundo no va a ser definido por un estúpido como Trump. Esta gente no son las que definen al mundo, ni al ser humano. Son los ejemplos de lo que no debe ser. Y eso no es lo que va a terminar mandando. Ahora mismo tienen poder y, como siempre ocurre, crean condiciones difíciles. Pero los Estados Unidos han atravesado períodos anteriores complicados.
Hablamos de Cuba.
Todos los días pienso en Cuba, en lo que están pasando. El pueblo cubano ha sido explotado por la dictadura comunista de un lado y por el bloqueo imperialista del otro lado. Cuando tú crees que ya no le puede pasar más nada, ocurren situaciones que hacen que aumenten mi admiración por ese pueblo tan sufrido, por cómo sobrevive, y por el otro lado crezca mi indignación por la forma en que está siendo sometido.
Ha escrito sus memorias.
Bueno, sí, tengo un libro que venta, si Dios quiere, el año que viene con Random House. Empecé a escribir en la pandemia, imaginate. Y va a salir, por fin, después de mucho tiempo. A mi amigo Leonardo Padura le conté que estaba escribiendo y que le mandaría un capítulo para que lo leyera.
¿Y qué le dijo el escritor?
“Coño, mulato, mándame más.” Entonces le envié unos cuantos más y la verdad es que me dio tranquilidad, porque admiro mucho a Padura. Tiene que dejar de fumar pero, como yo digo, está a cuatro novelas del premio Nobel.
¿Y por qué unas memorias?
Todo esto salió de Gabriel García Márquez. Hace muchos años me dijo: “Mira, Rubén, escribe tus vainas, aclara tus vainas antes de irte”’. Y tenía razón. En el libro voy a explicar algunas cosas que para mí son importantes y que quiero que queden claras antes de que yo me muera. Para que otros no digan: “Ah, no, esto fue de otra manera”.
No habrá papel suficiente.
Ni se imagina. Alguien me llegó a sugerir que escribiera otro libro de anécdotas para publicarlo como un anexo más adelante, porque hay tantísimas cosas que no incluidas en ellas. Pero es que es imposible que lo pueda contar todo. Cuando ya iba como por las quinientas páginas pensé: ‘¡Madre mía, Rubén, tienes que parar!’.
