Sentimientos encontrados los de anoche en la sala La Riviera de Madrid. Son una súper banda, ofrecieron un repertorio bastante convincente y cuentan con un líder carismático y entregado. Pero fue una noche en parte malograda por una afonía galopante.
La segunda vida (musical) de … Antedesde aquel ‘Bloodsports’ (2013), ha ido a más. Para mostrar su último álbum ‘Antidepressants’ (2025), manifiesto pospunk particular, reflejo de una época oscura, casi distópica, y arranque ideal en su gira mediante ‘Disintegrate’ y la canción que titula el nuevo disco. Ese inicio sigue con los estertores de épica y glam, y trallazo, de ‘Trash’. Con el público ya a sus pies, despachan dos clásicos infalibles de su debut (de allá por 1993), ‘Animal Nitrate’ y ‘The Drowners’. Es ahí cuando empieza a notarse que su voz flaca. Recurre a orientar el micro al público con la clara intención de que coree estribillos y otros pasajes. Serán muchas las ocasiones en que Anderson recurra a esta estrategia.
Hacía casi 30 años que no veía a Suede en sala, justo en el mismo escenario que anoche, presentando entonces su radiante ‘Coming Up’ (1996). En aquella época éramos jóvenes. Ahora a sus 58, Brett Anderson mantiene bastante bien el tipo, y buena parte de su energía.. Se mueve con prestación de un extremo al otro. Despliega y lanza el cable del micro como un perfecto Indiana Jones. Se acerca a las vallas creando proximidad y conexión con sus fans, muestras del magnetismo de líder indiscutible. Pero si la voz, un activo fundamental de la banda, falla, se pierde la esencia, falta algo en el todo.
La urgencia prostática me lleva a saltarme parte de la balada ‘Pale Snow’ y me cruzo con Mario Vaquerizo comentando con alguien frente al espejo de los lavabos: «Son 58 años. Los defienden muy bien». Yo aún diría más un favor de Anderson: su capacidad de entrega. Algo que manifiesta en directo, de manera quizás excesiva forzando la maquinaria, y sobre todo su voz, hasta casi desgañitarse.
El continuo espectáculo con ‘It Starts and Ends with You’ y ‘I Don’t Know How to Reach You’, canciones de efecto. La primera acercándose más a su esencia pop y glam; la segunda más atmosférica. Desgranan ‘Filmstar’, y la banda cautiva. En aquel momento no puedo dejar de pensar en David Bowiefan confeso de Suede, y en Marc Bolan. Mis bendiciones a esos dos astros de la música que les influyeron.
El riff de ‘Can’t Get Enough’ emerge impetuoso casi propulsado por Richard Oakes, con Neil Codling en uno de los pocos momentos a los teclados, y una base rítmica impecable con Matt Osman al bajo y Simon Gilbert a las baquetas. Ambos se lucen también en ‘Shadow Self’, hechizante la línea de bajo. Antes nos deleitan con ‘She Still Leads Me On’, uno de sus singles más impresionantes, y volvemos a notar que la voz de Anderson se quiebra, se rompe, por momentos. Mientras él sigue subiéndose a monitores, jaleando al público.
Sin seguir el orden del setlist, la balada ‘June Rain’ y el medio tiempo ‘Trance State’ (ambas del último álbum), bajan algo el tempo pero no desentonan en el repertorio, aportan su brillo. Antes de un momento para marcar, cuando Anderson junto a Richard Oakes a la acústica interpretan ‘Los salvajes‘, única referencia a un disco enorme como ‘Dog Man Star’ (1994).
Entonces, ya enfilan la recta final con cuatro clásicos apabullantes ‘Everything Will Flow’, ‘So Young’, ‘Metal Mickey’ y ‘Beautiful Ones’. Esta última con el público cantando al unísono su ‘la la la’ central, en pleno momento apogeo.
El hechizo de Madrid
Madrid es una plaza muy querida para las bandas. Brett Anderson alaba sus conciertos en la capital, y la entrega del público madrileño. La gente habla muy bien de Bruselas como ciudad musical mágica para los directores, pero que no, que él se queda con Madrid. El propio Anderson, consciente de no contar con su mejor su voz, se disculpa antes, «no puedo cantar, canta conmigo» y agradece la ayuda del público. Se despiden y regalan un único bis ‘Dance with the Europeans’, buen epílogo para estos tiempos.
Suede tienen mucho tirón, pero no valen lo mismo con la voz quebrada de Brett Anderson, por mucha entrega y empuje que imprimen. Esto en parte es fruto de la presión de los directos, de las extensas giras y festivales (el 10 de julio Suede estará en Pirineos Sur junto a Nacho Vegas). Luego también la música en directo ya no es accesible a todo el mundo gracias a la burbuja del directo: en 1996 ver a Suede costaba 2.500 pesetas (15 euros), en 2026 asciende a 50 euros (no digamos si se agotan las entradas e interviene la reventa). ¿Quién puede ver hoy a Suede?
Hace poco el periodista Nando Cruz hablaba del recurso comercial y la cultura de la nostalgia. Esa épica que apela a que cualquier época pasada fue mejor: la estrategia de consumo del recuerdo, del ‘Aquellos Maravillosos Años’. Es el mercado, oigan. En definitiva, sí, el ante (ante) adorna bien. El telón al fondo del escenario lo atestiguaba. Larga vida a Suede, pero con la voz a tono, y pletórica, por favor.
