Tres de las más populares canciones de guerra en el frente y la retaguardia republicana durante la contienda de 1936-1939, consideradas hasta ahora anónimas, ya tienen autor definitivo noventa años después: el poeta Rafael Alberti, secretario de la Alianza de Intelectuales Antifascistas durante la … contienda, que transformó con temática bélica unas canciones populares recogidas por Federico García Lorca antes de la guerra. Agunas de estas fueron grabadas en un disco con García Lorca al piano y la Argentinita, la novia del diestro Ignacio Sánchez Mejías.
Un documento de las Milicias de la Cultura, creados por el Ministerio de Instrucción Pública republicano en febrero de 1937, atestigua que canciones conocidas después como ‘El tren blindado’, ‘El Quinto Regimiento’ y ‘Los cuatro generales’ surgieron en un principio de adaptaciones del autor de ‘La arboleda perdida’ sobre piezas populares como ‘Los cuatro muleros’ o ‘Anda jaleo’.
La existencia de este documento de las Milicias de la Cultura lo revelo ayer en la presentación del libro ‘Del Manzanares al Clínico. La lucha por la Ciudad Universitaria’ de Raúl C. Cancio (Ediciones Complutense) en la librería madrileña Tercios Viejos. La temática de estas canciones versa precisamente sobre la batalla de Madrid en noviembre de 1936.
El documento es uno de los programas de las «emisiones culturales dedicadas a los combatientes» que las Milicias de la Cultura realizaron en julio de 1937 a las ocho de la tarde, a través de los micrófonos de Unión Radio, para los soldados del frente de la capital, en aquellos días protagonistas de la cruenta batalla de Brunete, al oeste de Madrid. Este ciclo de conferencias fue inaugurado con una alocución del general José Miaja, héroe de la defensa de Madrid.
El programa de las Milicias de la Cultura que señala la autoría de Alberti en la adaptación bélica de las canciones populares recopiladas por García Lorca se radió el 15 de julio de 1937 e incluyó una conferencia sobre ‘La canción popular’ en el que se abordó el ‘Renacimiento del folklore nacional’, ‘Los movimientos populares y la canción’ y, finalmente, ‘Viejas canciones populares recogidas por García Lorca y actualizadas con letras de Alberti’.
Documento de las Milicias de la Cultura que atribuyeron a Alberti las canciones.
(CDMH)
Esta parte final de la emisión se hizo en colaboración con el Teatro Escuela de Arte (TEA), fundada por el dramaturgo Cipriano de Rivas Cherif, cuñado de Manuel Azaña, presidente de la República. El TEA quedó al comienzo de la guerra bajo la dirección del más estrecho colaborador de Rivas Cherif en el propio grupo teatral, el director de escena Felipe Lluch Garín, quien fue precisamente el que impartió en Unión Radio las conferencias de las Milicias de la Cultura.
Fue Felipe Lluch, antiguo redactor y crítico teatral del diario católico ‘Ya’, quien en su charla radiofónica a los combatientes del 15 de julio de 1937 señaló a Rafael Alberti como el autor de la letra de las canciones de guerra que luego serían conocidas como ‘El tren blindado’, ‘El Quinto Regimiento’ y ‘Los cuatro generales’, explicando en que se trataba de canciones actualizadas con temática de la guerra por el poeta de ‘Marinero en tierra’ sobre composiciones populares recogidas por García Lorca.
Coplas de Rafael Alberti sobre la defensa de Madrid.
(CDMH)
«Vais a escuchar ahora -dijo Felipe Lluch en su alocución radiofónica a los combatientes-, como ejemplo de viejas canciones populares resucitadas por la guerra, tres canciones recogidas y armizadas (sic), por ese gran poeta esquisito (sic) y popular que se llamó Federico García Lorca, muerto en mal hora en Granada, la tierra que tanto amó, y actualizadas con letras alusivas a la guerra civil española, por el poeta del pueblo Rafael Alberti».
A continuación recitaba un fragmento de cada una de estas tres canciones populares, que con variantes se difundieron durante la contienda por el frente y la retaguardia republicanos con los títulos de «El tren blindado» (Yo me subí a un pino verde/por ver si Franco llegaba/ y solo vi el tren blindado/ lo bien que tiroteaba); «El Quinto Regimiento» (Con el quinto, quinto, quinto/ con el quinto regimiento,/tengo que marcharme al frente/ porque quiero entrar en fuego); y «Los cuatro generales» (Por la Casa de Campo/ y el Manzanares/ quieren pasar los moros,/ no pasa nadie).
En la emisión anterior, la del lunes 12 de julio de 1937, Felipe Lluch había recitado el romance de Alberti titulado «¡Defensa de Madrid!» (Madrid, corazón de España,/ late con pulsos de fiebre). Lo que prueba el conocimiento por el director del TEA de las composiciones de guerra del poeta gaditano, a quien conoció desde el año 1934.
No hay que confundir, sin embargo, la colaboración de Alberti en el «Romancero de la Guerra Civil», publicado en la revista «El Mono Azul» y editado después por el Ministerio de Instrucción Pública, con su adaptación del cancionero popular con letras relativas a la Guerra Civil. Una labor de Alberti que ya conocía, pero sin que se hubiera llegado a la adscripción definitiva de su autoría sobre piezas concretas.
La relación entre Alberti y Lluch se estrechó en la Alianza de Intelectuales Antifascistas, a la que éste se afilia colectivamente al TEA al comienzo de la guerra. El grupo teatral colaboró desde entonces con la causa frentepopulista en representaciones ante los combatientes en los frentes y en espectáculos para niños organizados por la Federación Nacional de Pioneros.
Diligencias contra Felipe Lluch
Lo insólito del hallazgo es el origen del documento que demuestra la autoría de Alberti en tres de las más famosas canciones populares del bando republicano en la Guerra Civil. Este documento fue remitido en septiembre de 1937 por las Milicias de la Cultura al Jurado de Urgencia n.º 5 para que se sumara a las diligencias contra Felipe Lluch Garín, detenido por la policía republicana el 28 de agosto anterior al haber descubierto que entre noviembre de 1935 y marzo de 1936 estuvo afiliado al partido derechista Acción Popular.
Declaraciones de Alberti y María Teresa León y retrato de Felipe Lluch..
(ABC y CDMH)
La detención de Felipe Lluch se apenas produjo unas semanas después de que la Junta de Espectáculos, que gestionaba todos los teatros de la capital, le hubiera asignado en premio a su compromiso con la causa la dirección del Teatro de Arte y Propaganda, que iba a desarrollar su actividad en el Teatro de la Zarzuela.
Durante su detención en la cárcel de Porlier y su procesamiento por la Justicia republicana, fue María Teresa León la que se hizo finalmente con la dirección del Teatro de Arte y Propaganda, como ya se había rumoreado semanas antes de su encarcelamiento.
La propia María Teresa León había testificado en las diligencias contra Lluch afirmando que conocía el proyecto de Arte y Propaganda encargado al director del TEA para que «renovase el Teatro con un sentido revolucionario» y que había demostrado «una forma de reaccionar completamente antifascista». Añadió que le tenía «por un simpatizante más bien con los comunistas, a lo que no obsta su catolicismo».
Alberti también testificó asegurando que «desconoce las actividades políticas que haya podido tener Felipe Lluch» y que «exteriormente se expresa como antifascista y ha conferencias en este sentido». Esta última declaración probaría que Alberti conocía las charlas radiofónicas de Lluch y que nunca le desdijo por atribuirle la adaptación a la guerra de las canciones populares recogidas por García Lorca.
Felipe Lluch fue condenado el 4 de octubre de 1937 a una pena de dos años de internamiento en campo de trabajo por desafecto al régimen republicano. Sus compañeros del TEA pidieron que le indultaran por sus servicios a la causa, a lo que el tribunal accedió. El 11 de noviembre siguiente fue puesto en libertad del Reformatorio de Adultos de Alicante.
Para entonces, María Teresa León se había ya estrenado hacía un mes como directora del Teatro de Arte y Propaganda con «Una tragedia optimista», de Vsevolod V. Vixnievski, en homenaje al vigésimo aniversario de la Revolución Rusa.
Felipe Lluch, que se sumó como colaborador al Teatro de Arte y Propaganda que tenía que haber dirigido si no hubiera sido detenido, se convertiría después de la guerra en uno de los principales artífices del teatro del nuevo régimen, como director del Teatro Español, donde abrió la nueva etapa con «La Celestina».
En noviembre de 1939 fue designado uno de los cronistas oficiales del traslado de los restos de José Antonio Primo de Rivera de Alicante a San Lorenzo del Escorial. El 1 de abril de 1941 estrenó en el español bajo la presidencia del general Franco la obra «Las mocedades del Cid», de Guillén de Castro, en conmemoración de la victoria en la Guerra Civil. Felipe Lluch murió en el siguiente mes de junio después de una complicada operación quirúrgica. Tenía 35 años.
