En una época de tanto ruido (en las calles, en los medios, en el Congreso, en internet, en las redes sociales), con una avalancha de información e imágenes, reconforta entrar en un museo y admirar, despacio, sin prisas, la obra de un artista cuyo nombre … posiblemente nos deje fríos, como su país de origen (Dinamarca), pero que seducirá a propios y extraños. su nombre, Vilhelm Hammershøi (1864-1916)de mirada y trabajo a fuego lento. Sus pinturas, un refugio para los sentidos, un espacio de reflexión, de lo que no andamos sobrados. Tuvo reconocimiento en vida, pero en los años 30 del siglo pasado cayó en el olvido. Con las vanguardias, su fama se desvaneció y despareció del canon. No parece muy compatible su arte con el expresionismo, el cubismo, el fauvismo, el futurismo… Matisse y Picasso eran las nuevas estrellas.
Hubo que esperar a la década de 1980 para que renaciese. Hoy es un pintor de cultocon admiradores confesos que se rinden fascinados a su trabajo intimista e introspectivo. Sus cuadros cotizan al alza en el mercado: algunos han superado los 10 millones de dólares. En España no hay obras del artista danés en colecciones públicas y, que sepamos, tampoco en privadas. En 2007 se celebró la primera exposición de Hammershøi en nuestro país. Fue en el CCCB de Barcelona y entonces se puso en relación con el cineasta Carl Theodor Dreyer. Nada extraño, pues es un pintor muy cinematográfico: fotogramas, encuadres… Hallamos evocaciones en cineastas escandinavos como Ingmar Bergman e incluso interesa mucho a directores a priori muy alejados de él, como Lars von Trier.
es el pintor del silencio y la soledadde la luz (una luz peculiar), del tiempo detenido, suspendido; de interiores vacíos, desnudos -apenas hay elementos anecdóticos-; de figuras a menudo de espaldas. Naciones Unidas pintor enigmáticocon un estilo muy depurado (menos es más, sin duda), composiciones austeras y una paleta muy reducida, casi monocromática: negros, blancos, grises… Son grisallas que recuerdan la paleta de Morandi. Aunque tiene muchas capas, con matices de amarillos, rosas… Sus modelos, familiares y conocidos (especialmente, su esposa, Idahermana de un pintor y su gran musa, a la que pinta idealizada, vulnerable), tocan el piano, cosen, leen, miran por la ventana… Sus espacios, los de su casa en el número 30 de la Strandgade de Copenhague, que reducen prácticamente a luz y geometría. Sus pinturas remiten a artistas como Vermeer, Whistler o Hopper. También en ellos hay ese tiempo detenido y esas figuras solitarias y melancólicas de las que apenas sabemos nada, pero queremos conocerlo todo.
El Museo Thyssen reúne, hasta el 31 de mayo, 70 de las cerca de 400 obras que el artista danés hizo en sus 51 años de vida.
el Museo Thyssendice su director artístico, Guillermo Solana, pasa de Pollock y Warhol a «un tal Vilhelm Hammershøi, un completo desconocido aquí y ahora, pero no lo fue para sus contemporáneos». Realizada en colaboración con la Kunsthaus de Zúrichle dedica, del 17 de febrero al 31 de mayo, una gran retrospectiva, con 70 de las cerca de 400 obras que hizo en sus 51 años de vida. Falleció de cáncer. Le acompañan 19 obras de artistas muy cercanos a su trabajo. Como Pieter de Hooch, de quien cuelga ‘Interior con una mujer cosiendo y un niño’, de la Colección Thyssen. En verano, la exposición (en España está cubierta mayoritariamente por la garantía del Estado) viajará al museo suizo. La casualidad quiso que la muestra se presentara este viernes, 13 de febrero, justo 110 años después de su muerte, en 1916.
Arriba, Vilhelm Hammershøi. ‘Autorretrato. La casa de campo Spurveskjul el Sorgenfri, al norte de Copenhague’ (1911). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Retrato de Ida Ilsted, futura mujer del artista’ (1890), de Hammershøi. Detalle. A la derecha, ‘El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen’ (1893), de Hammershøi
La comisaria, Clara Marcellán, conservadora de pintura moderna del Thyssen, ha hecho un trabajo impecable. Para ella, Hammershøi «pertenece a una historia silenciosa del artejunto a nombres como Vermeer o Hopper, pero no es un silencio vacío». y cita a juan mayorgaquien habló en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que tituló ‘Silencio’, de «escenarios enmudecidos» en el teatro. Aunque resulte paradójico, el pintor del silencio mantiene una estrecha relación con la música. El título de la muestra ya nos da una pista: ‘El ojo que escucha’. «La audición, la lectura, la música, escuchar… son una metáfora de su forma de mirar». Su esposa tocaba al piano, él hizo sus pinitos con el violonchelo (al parecer, sin demasiado éxito), algunos de sus coleccionistas y mecenas eran músicos, como Leonard Borwick… La música está presente en pinturas como ‘El violonchelista. Retrato de Henry Bramsen’, ‘Velada de música’, ‘Mujer al piano’ o ‘El cuarto de música’. Cita la comisaria a Kandinskipara quien el blanco «suena a un no-sonido, es una pausa musical, un silencio que no está muerto, sino lleno de posibilidades».
«El efecto de las obras de Hammershøi es una fascinante irrealidad. Es un realismo espectral»
Guillermo Solana
Director artístico del Thyssen
Pintor intimista, sutilmente inquietanteaunque a primera vista lo consideran un pintor realista (a algunos les recuerda a la pintura de Antonio López o Isabel Quintanilla), «el efecto es de una fascinante irrealidad. Es un realismo espectral, una pintura casi metafísica que no podemos dejar de mirar. Aparece una Copenhague muerta», advierte Solana. Los retratos de Hammershøi suponen una cuarta parte de su obra conocida. En la primera sala de la muestra, un autorretrato de 1980 y un retrato de Ida Ilsted, antes de casarse con él. Posa con un sombrero con pluma. Ambos son préstamos de la Galería Nacional de Dinamarca, en Copenhague. Hay también retratos dobles.
Arriba, Vilhelm Hammershøi. ‘Puertas abiertas’ (1905). Sobre estas líneas, a la izquierda, ‘Rayos de sol a sol. Motas de polvo bailando en los rayos de sol’ (1900), de Hammershøi. A la derecha, ‘Interior. El cuarto de música. Strandgade 30’ (1907), de Hammershøi
Dicen que en sus cuadros «no se explica nada, no se cuenta nada, es todo opacidad». Los interiores vaciosmagnéticos, eran sus obras más demandadas, las que le dieron fama. Se recrea en la arquitectura: puertas blancas abiertas, entreabiertas, cerradas. Y ventanas. Y la luz reflejada en las paredes y en el suelo. sus exteriores, urbanos y ruralestambién aparecen, extrañamente, deshabitados, llenos de quietud; inquietantes, apocalípticos: edificios históricos de Copenhague, lugares de los alrededores de la ciudad donde pasaban los veranos, que aparecen desiertos, sin rastro alguno de personas. Pese a parecer un hombre solitario, viajó mucho. Retrató el British Museum de Londres, la iglesia de Santo Stefano Rotondo de Roma, un pórtico de Brujas… En la última sala, algunas de sus pinturas finales, como un monumental desnudo femenino de pie, en el que la mujer posa con la cabeza agachada y el rostro está borroso; un relieve griego del Louvre o un autorretrato del artista en el que tan protagonista es Hammershøi como la puerta que hay junto a él.
Cierra la muestra un vídeo con extractos de un documental de la BBC de 2005: ‘Michael Palin y el misterio de Hammershøi’, dirigido por Eleanor Yule. Coincidiendo con la exposición, la editorial Nórdica ha publicado un libro, ‘Un lugar en el mundo’, que reúne, junto a algunas de las obras de Hammershøi, cuatro relatos de escritores daneses que cuentan escenas de la vida en Dinamarca en el siglo XX.
