La entrega de los premios Óscar siempre es una fecha importante para quienes amamos el cine. A pesar de la infame duración de la premiación, siempre es un gusto verla, sobre todo cuando gana la película que nos gusta. A veces las nominadas son malas y otras veces son buenas, pero siempre los Óscar son hitos en nuestra memoria, más importantes incluso que las mismas fechas: “tal cosa pasó en el mismo año en que ganó el Óscar tal película”, dice uno con absoluta certeza.
Hablar de cine con enciclopedias ambulantes termina siendo frustrante, porque uno se da cuenta de que no ha visto todo lo que debería haber visto, o porque verifica que la memoria ya no es tan fina como era antes. Pero hablar de la 98.ª entrega de los premios Óscar, que tendrá lugar esta noche, con una persona inteligente, entretenida y sin pelos en la lengua, como la escritora Carolina Sanín, es un auténtico placer.
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¿Le gusta el conjunto de las nominadas a mejor película este año?
Hay años en los que hay buenas películas, y este es uno de ellos. El año pasado estuve de acuerdo con que escogieron Añora, que me parece un peliculón. Me sorprendió que ganara, precisamente porque no correspondía a unos estándares tradicionales. Este año también hay buenas películas.
Repasemos entonces: ‘Bugonia’…
No la he visto. He visto todas las películas de Yorgos Lanthimos, pero odié tanto la última, Poor Things, que me da mucha pereza acercarme a esta. Seguramente terminaré viéndola, pero las películas viejas de él a mí me fascinaron.
‘Bugonia’, la más reciente película del director griego Yorgos Lanthimos, con Emma Stone. Foto:Fotos universales
¿Por qué odió ‘Pobres Cosas’?
Por la sobreactuación de Emma Stone, por una misoginia que me parecía disimulada, y por un tratamiento estilo Frankenstein que, a mi juicio, no entendía Frankenstein. Y antes de que me pregunte, tampoco he visto la de este año de Guillermo del Toro. A pesar de todas las cosas lindas que él tiene, a mí me parece un poco infantil, y Frankenstein es una novela que he leído muchas veces y que me parece complejísima. Me pasa como con ciertas adaptaciones de novelas que uno ama: ya sé que me van a dar mal humor, y entonces me pregunto para qué las veo.
Pero ya que hablamos de Guillermo del Toro, ¿no le parece que ‘El laberinto del fauno’ es excepcional?
El laberinto del fauno me gustó muchísimo; De hecho, es la única de él que verdaderamente me gusta. La forma del agua me pareció que tenía momentos, pero ya ahí veo una fórmula, una cosa muy preciosa alrededor del monstruo.
A propósito de las películas de Lanthimos, ¿qué opina de Emma Stone?
No es una actriz que me inspira mucho. Me parece siempre un poquito pareja, aunque eso no necesariamente sea un defecto. A mí me fascina una actriz como Amy Adams: quiero ver todo lo que ella haga porque me parece una actriz descomunal, una de esos intérpretes que se borran, cuya cara deja de existir para que siempre aparezca otra cosa. En cambio, Emma Stone tiene una cara muy subrayada, unos rasgos muy definidos una presencia que se impone demasiado. Su rostro se convierte en una especie de letra muy marcada que no deja leer las otras letras.
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Sigamos con ‘Hamnet’…
Me pareció una porquería, y lo digo con toda vehemencia. No me explico cómo a alguien le puede gustar. Tiene todos los clichés y además los usa perezosamente: la mujer bruja y mística, el hombre intelectual, el escritor que compone Romeo y Julieta mientras vive un duelo. Me parece un abaratamiento de un sentimiento tan complejo como la muerte de un hijo. Pretender que un niño me ofrezca su vida por su hermana me parece que no entiende la infancia. Además la película no tiene una verdadera curiosidad por ninguno de los temas que trata y mucho menos por la inspiración artística. Entonces resulta que se le murió un hijo y el protagonista escribe una obra con el mismo nombre del niño, y de ahí deriva una gran trascendencia sentimental. Pero si usted ha leído Hamlet, sabe que justamente es un príncipe que destruye la realidad y que es un gran estudio de la melancolía. No es esta idea dulzona de “va a vivir para siempre porque es un personaje”. A mí me pareció atroz.
Película ‘Hamnet’, de Chloe Zhao, con Paul Mescal y Jessie Buckley. Foto:Fotos universales
A mí tampoco me gustó, pero a mucha gente sí. A la salida del teatro alguien incluso me dijo “lloré varias veces”. ¿Por qué cree que pasa esto con una película así?
Porque la gente ya está acostumbrada a que le manipulen los sentimientos ya cree que tiene que llorar. Y no es una cuestión intelectual; es más bien como si tuvieran un poco dañadas las glándulas lagrimales. Confunden profundidad con victimización, sentimentalismo y corrección política.
Bueno, pasemos entonces a ‘Valor sentimental’…
No es mi favorita, pero me parece una muy buena película porque, justamente, siendo una historia sobre el valor sentimental, es muy cuidadosa en no ser sentimental. Tampoco es tan intelectual como algunos creen, aunque a mí me parece un Bergman un poco aguado. Pero las actuaciones del padre y la hija son tan buenas, que verlos en sí mismo ya es un placer. Además, hay algo que me interesó mucho, y que está presente en varias películas de estos Óscar: una reflexión sobre la paternidad y sobre la necesidad de ser visto por el padre. Y eso implica una reflexión sobre la autoridad y el poder. Me pareció muy logrado el tema de la hija que necesita que el padre la vea, sepa quién es y reconozca su dolor. Si la película funciona es, en gran medida, por la actuación de Stellan Skarsgård como el padre, porque ese personaje podría haber sido una caricatura.
‘Marty Supreme’ combina humor negro y drama en una historia poco convencional. Foto:Instagram @tchalamet
Vayamos a ‘Marty Supreme’… entiendo que le gustó.
Esa y Fórmula 1 son mis favoritas. Son de esas películas que uno ve aplaudiendo y gritando en el teatro, como no me pasaba desde la adolescencia. Me encantó comprobar que el cine todavía puede hacer grandes películas sobre deportes, y no solo por el deporte mismo, sino por lo que significa filmar el movimiento. La velocidad del ping-pong y de los cuerpos, el recorrido del juego: todo eso me pareció una reflexión profunda sobre el propio arte del cine. El personaje de Brad Pitt en Fórmula 1 me parecía simpático y tiene algo del renegado que preserva su singularidad. Pero en Marty Supreme esa dimensión del genio marginal todavía está mejor: el campeón no es importante porque gane, sino porque logra preservar su rareza, su soledad, su ser único. Me parece que esas películas están diciendo justamente eso: hay algo irrenunciable en la singularidad.
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¿Y qué opina de Timotheé Chalamet como actor, y sobre la polémica que armó al decir que la ópera y el ballet están muertos?
Supreme es que por fin le dieron el papel preciso para él. Es un ratón, y es hermoso en ese papel. Es escurridizo, casi un Lazarillo de Tormes, y ahí funciona perfecto. Yo admiro muchísimo la labor del casting en una película, me parece una de las artes más delicadas del cine, y aquí a él lo ubicaron en el lugar preciso. En cuanto a lo que dijo de la ópera, veo las transmisiones del MET en cine y la amo profundamente. Claro que, cuando voy, soy casi la única persona con el pelo todavía oscuro en toda la sala. Entonces sí es posible que, como arte, la ópera esté agonizando en términos de público. Pero una cosa es reconocer eso y otra hablar mal de la ópera. A mí me encanta y creo que sigue siendo vigente como experiencia artística.
¿Cree que Hollywood sería capaz de premiar una película de gran consumo como ‘Marty Supreme’?
Ojalá. Es la mejor película de las nominadas que vi, y me encantaría que la premiaran. Tiene algo en común con Añora: ese vértigo, esa sensación de que el personaje va a patadas contra la misma película. Es una tensión muy audaz.
Me encantó comprobar que el cine todavía puede hacer grandes películas sobre deportes, y no solo por el deporte mismo, sino por lo que significa filmar el movimiento.
Carolina Sanínescritora y docente
Entremos en ‘El agente secreto’. Usted la vio en televisión, pero aún así le gustó.
Me encantó. Yo ya admiraba al director Kleber Mendonça Filho y había visto Aquarius y O Som ao Redor, pero esta me pareció preciosa. Tiene una estructura narrativa rarísima: uno no sabe exactamente qué está viendo y la película se le escapa todo el tiempo. Usted cree que está viendo una cosa sobre la dictadura brasileña, y de repente no, es otra cosa, y luego otra vez se desplaza. Además, vuelve a aparecer el tema que atraviesa muchas de las películas nominadas este año: el padre. Y todo eso está puesto sin que la película parezca demasiado estructurada: tiene una libertad enorme. También me fascinaron los espacios, las casas, las entradas y salidas, la manera como piensa la arquitectura. Y qué maravilla del actor es Wagner Moura: tiene una cara completamente flexible, puede ser Pablo Escobar, puede ser un policía, un forajido o un hombre guapo. Es un rostro cinematográfico extraordinario.
Wagner Moura en una escena de El agente secreto. Foto:La base de datos de películas
¿Y qué le pareció esa imagen tan extraña de la pierna amputada que aparece en la película?
Me encantó. Al comienzo pensé: “¿Por qué me ponen esto?”. Y después entendí que precisamente ahí estaba una de las grandezas de la película: no es un género cerrado, puede tomar elementos de aquí y de allá sin volverse un collage caprichoso. Tiene una libertad enorme. Y los personajes secundarios son maravillosos, por ejemplo la mujer fumadora. De hecho, de esa mujer uno se agarra un poco para poder entender la película.
Hay una nominada que ninguno de los dos ha visto, ‘Train Dreams’, así que, con el perdón de todos, nos vamos a las dos últimas: ‘Una batalla tras otra’ y ‘Pecadores’. Empecemos por la de Paul Thomas Anderson.
Una batalla tras otra me pareció entretenida, pero no tan buena. Su ritmo está bien, pero es un ritmo ya conocido; No experimenta realmente con el movimiento como sí lo hace Marty Supreme. Creo que es una buena película de persecución, con momentos muy graciosos en el guion. DiCaprio siempre me gusta y Benicio del Toro también, pero el personaje de Sean Penn me pareció pésimo: una caricatura, y además una caricatura políticamente correcta. Lo que me molestó es que es una película bastante didáctica, de esas que le dicen a uno cómo pensar, quienes son los malos y qué es lo correcto. Me encantaron momentos como el olvido de la contraseña por parte del revolucionario: eso es genial y DiCaprio lo hace de maravilla. Pero, siendo yo gran fan de Paul Thomas Anderson, creo que esta es su peor película. Me parecen infinitamente mejores There Will Be Blood y Punch-Drunk Love. En este sentimiento que él perdió una sutileza que antes tenía y por momentos se vuelve panfletario.
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Y llegamos a ‘Pecadores’…
Yo pensé que no me iba a gustar, precisamente porque me habían dicho que era una metáfora sobre la apropiación cultural y pensé: “más doctrina, más corrección política”. Pero técnicamente es tan complejo que no puede no gustarle a uno. La música es hechizante desde el comienzo. Y no es porque sea una música sobresaliente sino porque estudia muy bien cómo funciona un hechizo. La parte política también me pareció bien tratada: menos didáctica de lo que yo esperaba. Y además están esas historias de deseo, los amores separados de los dos gemelos con sus respectivas mujeres, la dimensión de carnaval, la fiesta, la unión y la separación. Hay algo ahí sobre la voracidad, la segregación y el deseo que me parece brillante. Es mucho más sutil que Una batalla tras otra, a pesar de tener todos los elementos para no serlo. Es una película abundante, abierta, a pesar de que a veces se vuelve machacona o reiterativa.
Entonces, a todas estas: ¿Cuál es su favorita entre las nominadas?
Marty Supreme es la que más me gusta, aunque Pecadores también me parece buena. Sobre Una batalla tras otra, me incomodaría mucho que Paul Thomas Anderson ganara el Óscar por una película que no es ni de lejos la mejor de él. Para el premio a mejor director, también me quedo con el de Marty Supreme: Josh Safdie.
¿En la noche del 15 de marzo va a estar pegada a la ceremonia?
Sí, por lo visto sí.
Y entonces, ¿nos gusta el cine?
¡Amamos el cine!
MAURICIO REINA
Especial para EL TIEMPO
