Pablo Auster sintonizó la radio y, resumiendo mucho, creyó que su padre era Dios, así a nadie debería sorprender que Jordi Puntí (Manlleu, 1967), Irene Pujadas (Sant Just Desvern, 1990) y Miqui Otero (1980) se infiltraron en las filas de Catalunya Ràdio para hablar, escribir más bien, de tipos que aseguran ser la reencarnación de Beethoven, terapias de choque en un ascensor de Las Vegas, invocaciones de Eduard Punset, apagones épicos y pueblos que celebran religiosa y puntualmente no haber ganado nunca, jamás, la lotería.
Ocurrió entre agosto de 2024 y junio de 2025, cuando los tres escritores, fabuladores de primeros reconvertidos en cuentacuentos radiofónicos, aceptaron el reto de convertir anécdotas de los oyentes de ‘El suplement’ en relatos veloces y centelleantes. cuentos “cortos y rápidos, nacidos para ser leídos en voz alta” que renacen ahora en la librería gracias a ‘Sembla mentida’ (Quaderns Crema), antología que reúne 36 relatos, 12 por cabeza, de los más de cien que estrenaron en los micrófonos matinales del fin de semana. “Todos tenemos el instinto para fabular y contar historias, pero los escritores lo potenciamos. Coges una historia que te ha contado alguien y las mejoras, la haces más atractiva primero para el oyente y luego para el lector”, explica Puntí, de quien nació la idea de trasplantar en la radio pública catalana lo que Paul Auster había hecho años antes en la National Public Radio americana.
Todos tenemos el instinto para fabular y contar historias, pero los escritores lo potenciamos”
Esto es: aprovechar el chispazo de una peripecia banal o memorable, de una gesta ridícula o histórica, para echarse al monte del relato breve y subirse a un ‘loop’ de oralidad convertida en literatura (y viceversa). “En el origen de todo está la euforia por explicar historias. Hay demasiada tertulia y pocas historias, y el libro es una invitación a explicarlas y hacerlas tuyas”, reivindica Otero. Sobre la mesa, peleándose por salir en la foto, elefantes tailandeses, contadores de pasos enloquecidos, estuches escolares atiborrados de rotuladores y “recuerdos oscuros”, anillos de compromiso de infausto recuerdo y fans de Coldplay que jamás olvidarán el peor-mejor concierto de su vida.
Es, resume Pujadas, el “tránsito de la vida real a la ficción y de la anécdota oral a la página impresa”. “No es artificial ni artificioso, porque es exactamente lo que haces siempre que explica una historia”, remata Otero, para quien ‘Sembla mentida’ supone, además, su estreno en la ficción en catalán.
Pósits azules para una investigación policial
La dinámica, reconocen, ha sido la de tres amigos alojados en una barra contándose la vida -la suya, sí, pero sobre todo la de los otros-, pero el proceso de criba y selección hubiera dado para otro cuento. “Nos reunimos unas tres veces para decidir asambleariamente qué relaciones entraban y cuáles no; llenamos una mesa con pósits azules y de repente aparecía como una investigación policial rara en la que había continuidad, diálogo y también un efecto contagio”, explican, alternándose y atropellándose, Pujadas y Otero. “Si tenemos mucho éxito y hay que hacer un segundo libro, tenemos material”tranquiliza a Puntí.
¿Y tienen algún cuento favorito de los demás?
Pujadas: A mí me encanta de Jordi el ascensor de Las Vegas. Y de Miqui, el de las escayolas.
Otero: Ese yo no lo había puesto, me parecía demasiado yo, demasiado sentimental, pero ellos dos me dijeron que tenía que estar.
Puntí: A mí de Irene me gusta mucho ‘Assemblea extraordinaria’, con esos seres que están en el techo.
Otero: ‘Els reanimats’ de Irene me encanta. Y ‘L’última peça’ de Jordi también.
Puntí: A mí de este me gusta básicamente que sale el primo lejano de Murakami, que hace rompecabezas.
Otero: Es que me gustan todos, en realidad.
Otero, Pujadas y Puntí, en una imagen facilitada por Quaderns Crema / NOEMÍ ELÍAS
Ni siquiera el hecho de trabajar sobre una idea ajena -en este caso, sobre alguno de los audios de Whatsapp que los oyentes del programa enviaban semanalmente- ha resultado ser un problema. Más bien al contrario. “Al final, las limitaciones eran muy interesantes, porque partes de cosas que quizás estarían muy lejos de lo que tú harías y eso, de cierto modo, te daba mucha libertad”, reflexiona Pujadas, la más joven en este ‘power trio’ intergeneracional de configuración nada casual. Y es que el “creador”, bromea Otero, tenía un “plan maestro”. “Me interesa mucho entender cómo ven la narrativa y la ficción los más jóvenes, y ahora veo muchos puntos en común a través del lenguaje, pero también una distancia que tiene que ver con los referentes culturales”, confirma Puntí, cabecilla y maestro Jedi en asuntos cuentísticos.
Mentiras y ficciones
Más allá de su dimensión gozosa y juglaresca, existe detrás de ‘Sembla mentida’ una voluntad nada velada de reivindicar la impetuosa energía de la ficción y recordar que está ahí, entre enanos de escayola y absurdas dinámicas de ‘role play’, donde anida “la única acepción tolerable de la mentira”, como defiende a Otero. “Bueno, alguna pequeña mentira en el día a día también se puede tolerar”, matiza Pujadas entre risas. También ahí se intuye, asomando entre líneas, una relación a punto de nacer.
“Al final todo ha salido como lo soñamos en la bodega”, desliza Otero ante un montoncito de chapas ilustradas con un viejo transistor a pilas, miniatura portátil de la cubierta de ‘Sembla mentida’. Pocas dudas, por ejemplo, sobre a qué puerta llamar para convertir en libro sus días de radio. “La tradición del cuento en catalán pasa por Quaderns Crema, de ahí el prólogo de Sergi Pàmies”, constata Puntí, a quien la elección de casa editorial le hace especial ilusión, también por motivos puramente sentimentales. “Cuando tenía 30 años trabajé un año en Quaderns Crema, y tener un libro de estos con tu nombre… Como dice Miqui, es una chuche”, asegura el autor de ‘Maletes perdidos’.

‘Sembla mentida’
Jordi Puntí, Irene Pujadas y Miqui Otero
Quaderns Crema
192 páginas
16euros
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