Ha regrabado dos clásicos de su repertorio, ‘Hoy por ayer’ (de su etapa con Los Piratas) y ‘Turnedo’. ¿Habrá un álbum entero de regrabaciones?
No, no, lo importante para mí ahora son los conciertos y celebrar los 35 años con el público. Me pareció que era bueno reencontrarnos con un par de canciones y grabarlas con la banda actual, pero no pienso mucho en un disco. Habrá un par de temas más, dos sorpresas. Es una cuestión más emocional que discográfica.
Comenzó con Los Piratas, una banda con cierta sensibilidad ‘indie’ que grababa en una multinacional. ¿Categorías que hoy ya no tienen tanto sentido?
Hombre, eso ha cambiado radicalmente. Yo recuerdo haber tenido problemas con Warner porque habíamos metido un efecto raro en la voz y ellos creían que en la radio ya no iban a poner la canción. Nos impusieron cosas que no nos gustaban y al final las que funcionaban eran las que nos gustaban más a nosotros. Lo hacían con toda la buena intención, ¿eh? Nosotros éramos unos chavales de Vigo, no sabíamos nada. Pero era una industria que presionaba mucho más al artista. Luego, en solitario, ya dejó claro que iba a hacer lo que quisiera.
Ahora, esos efectos que dicen, y muchas experimentaciones en la producción, son corrientes en el ‘mainstream’.
Lo audaz se ha convertido en ‘mainstream’, ¿no? Se nos ha abierto la oreja a todos. Una producción como ‘Motomami’, hace veinte años no te la acepta nadie, y menos en una estrella. El público ahora es menos radical al decidir lo que le gusta y lo que no. Pero ahora hay muchos artistas que dicen claramente que quieren ser famosos, que buscan el éxito. Eso es tal vez lo que más me aleja de lo actual. Oigo melodías y cosas que están hechas directamente para gustar. En aquella época preferíamos hacer nuestra música al éxito, que nos daba un poco igual. Ahora hay una cultura del éxito y del dinero.
El músico Iván Ferreiro, en una imagen promocional. / Carlos Villarejo
Se salta del fenómeno viral y del ‘talent show’ directamente al gran escenario.
En los 90, al principio, te contrataban los ayuntamientos, no los festivales, que proponían otras músicas. El ‘indie’ tenía que ver con hacer una música que no te iban a poner en la radio, y con los festivales se fue creando un circuito para una música diferente. Pero ahora, los festivales, con la entrada de los fondos de inversión, han pasado a ser un negocio y supongo que lo que quieren es vender entradas y no pensar en grupos que suenen de una manera determinada.
Se dice que no hay clase media y que solo hay dos niveles: el artista que llena ‘arenas’ o estadios, y la miseria. ¿Pero usted no es un artista de clase media?
Creo que soy clase media y que hay otros ejemplos, bandas que van funcionando, como Triángulo de Amor Bizarro o León Benavente. No somos cabezas de cartel, pero estamos en los festivales y tenemos un público que nos sigue. Hay más clase media de lo que parece. Un grupo puede tener su base de fans sin salir en la tele ni sonar en la radio, porque ya no es necesario que te vea todo el mundo esperando ver quién te elige. Yo he hecho giras que han ido muy bien sin haber sido muy publicitadas, porque hay un público que viene y te permite vivir. Ser millonario nunca fue mi plan, sino hacerme viejo haciendo música. Es lo que celebro con esta gira, que consiguió tener 55 años y seguir en esto.
Hay un auge muy visible de las giras de aniversario. ¿La nostalgia como refugio?
Más que como nostalgia, lo interpreto como un recordatorio. Con la cantidad de ‘inputs’ que recibe la gente, que te deslumbran todo el rato, cada cierto tiempo hay que recordarle lo que has hecho. Yo vengo de una gira de tres años con una discoteca que probablemente sea el que mejor me ha funcionado. Pero a veces la gente no sigue todos los álbumes de un artista, se despista, y una gira como esta sirve para recordarle que hiciste eso hace 35 años y ese otro disco el año pasado. Los aniversarios te dan un titular y es una idea simple que funciona.

El músico Iván Ferreiro, en una imagen promocional. / Carlos Villarejo
Pero usted no es el mismo de hace 35 años. ¿Revivir su versión antigua le crea alguna distorsión?
Esa es la parte más difícil, la de no ser el mismo. La idea de esta gira me la planteó mi manager. Al principio me negué, porque no quería verme con la foto de la primera comunión. Pero dando vueltas con mi hermano Amaro, me di cuenta de que había muchas canciones que ya no tocaba y que eran mis propios miedos los que no me permitían hacer una celebración. De repente, me pareció mejor la idea y me di cuenta de que podía disfrutarla. Era mi cabeza, que siempre está hecha un lío.
¿Es compatible hacer una gira de ‘hits’ con satisfacer a tu público más ‘connaisseur’?
No sé si tengo ‘hits’, la verdad. Yo en cada gira me cargo siempre el disco anterior, porque meto el nuevo entero en el repertorio. Ahora voy a tratar de contentar a mí público, al que nunca me he planteado maltratar, por otra parte. Si tú preguntas a la gente qué canciones pongo en un concierto, te dirán las que les hace más felices, pero mi trabajo es hacer el repertorio que ellos no saben que les gusta. Tengo que estar por delante de ellos. Siempre hago el repertorio que creo que el público todavía no sabe que quiere. Casi siempre funciona. Es que, si no, estarías haciendo el mismo repertorio cada gira.
Ha mencionado los festivales y los fondos. El año pasado actuó en el FIB, del que se bajaron ocho artistas por la conexión de la muestra con el conglomerado KKR. ¿Cómo lo vivió?
Cuando salió el tema, mi contrato ya estaba firmado y la verdad es que a veces no tienes mucha opción. Cuando rompe un contrato, debes afrontar una multa ya veces no tienes el dinero para pagarla. Yo no me lo podía permitir. No tengo esa economía. Hay grandes artistas que sí pueden. Trato de ser coherente con lo mío, pero también con los contratos que él firmó. Me comí algunos comentarios chungos en Internet. Un poco injusto.

El músico Iván Ferreiro, en una imagen promocional. / Carlos Villarejo
¿Prevé actuar en algún festival de esa órbita en 2026?
Creo que no. Pero este es un tema en el que mucha gente da opiniones simples. En esta sociedad y en una macroeconomía en la que están mezcladas mil cosas, me parece un poco superficial pensar que el artista es el máximo responsable de lo que pasa ahí. Cada uno hace lo que puede. La cosa va más allá de los festivales. ¿Con quién contratas tu luz? ¿Cuál es tu banco? Yo no estoy muy de acuerdo con Spotify, pero no tengo mucha opción de irme, porque mi compañía tiene un acuerdo y sería un problema de la hostia. Lo he tanteado alguna vez y no les hace mucha gracia.
¿Influye en sus decisiones sentir que tiene músicos y trabajadores a su cargo?
Hombre, hay un montón de familias. Somos catorce personas de gira. Yo ya tomo un riesgo cuando hago un disco, y asumo que mis decisiones artísticas pueden afectar a los que trabajan conmigo. Pero de ahí a decir “no hago este festival” cuando ellos ya cuentan con ello, eso me cuesta más. Hay una cobardía, sí, un miedo a tomar ciertas decisiones. Pero hay una presión muy grande sobre los artistas, cuando no somos los que mandamos en la industria. Estamos ahí como podemos.
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